Suena el tamboril
El dios Momo se tiznó la cara con un corcho quemado. Al rato, todo Montevideo retumba con el «borocotochachá». Por lo inicios del viejo siglo, el candombe se armaba en pleno 18 de Julio el domingo después del desfile inaugural. Recién por mediados de la década del 40 nacieron las Llamadas en los barrios Sur y Palermo. La memoria compañera se pasea por el Centro, cuando los hermanos negros metían palo y tamboril entre los flamantes rieles de los tranvías de La Transatlántica. Le llamaban el Desfile Oficial Lubolo y sin alcanzar el descomunal despliegue del inaugural tenía un encanto muy especial. Fanáticos del «candombé» o del «tangó candombé», como le decían los más veteranos de esa época, se enfervorizaban con aquellas comparsas de antaño. Nunca desfilaban menos de 10 agrupaciones y según algún sabihondo en su totalidad había más de 500 tambores que atronaban por 18. Cuando la tarde se ensangrentaba y el sol se ponía muy rojo en el viejo murallón de la rambla, ahí mismo, arrancaba el golpeteo febril y acompasado.
Desfilaban muy orgullosos mostrando estandartes, banderas y estrellas con símbolos e imágenes bordadas de la querida patria africana. La marcha era lentísima con marcada distancia entre una comparsa y otra para no confundir sus toques y ritmos. Giran las mamas viejas, temblequean los gramilleros, vuelan los espejitos y pieles de los mágicos escoberos. No existían las vedettes y delante de los tamboriles, las negritas descalzas con ropa más que sencilla ondulaban sus cuerpos como sacerdotisas del ébano-congoleño. Todas las escenas representadas en ese desfile se referían al espíritu negro que rendía culto a la venerada tradición. El tiempo de la esclavitud, el Montevideo colonial, las invocaciones a San Baltazar y a deidades que los habían acompañado en su doloroso peregrinar. Esclavitud y libertad, yugo y rotas cadenas en la ansiada emancipación. Desfile negro y lubolo pues los acompañaban blancos de caras pintadas al carbón muy unidos en ese espíritu libertario que esa noche sobrevolaba en la vieja capital. Recordación en tono de alegría y respeto hacia los ancestros y su dolor. Ritmos africanos tan calientes y libres como las llamas de un fuego incesante. Pasan Los Esclavos de Nyanza, vestidos apenas con unas largas túnicas y sus bailarines con taparrabos zigzagueaban frente a la multitud que los saludaba arrojando al aire los sombreros ranchos de paja. Desde una casona de Azara y Larravide, en los fondos el Piñeyro del Campo, desde el corazón de la Unión habían llegado Los Pobres Negros Orientales dirigidos por Luis Pereyra «Gardelito». Del barrio Buceo llegó Añoranzas Negras de un muy joven Macho Lungo. Después fueron Las Llamadas, con Morenada nacida en el Medio Mundo y la mítica Fantasía Negra del barrio Reus al Sur. Suena el tamboril, sacuden las pieles su color tan oscuro como la noche y brillan las sangres dejando su marca en los curtidos parches. Poesía de Pedro Ferreira, baile de Pirulo Albín, belleza de La Negra Johonson, Marta y Rosa más bonitas que una flor.
Junto a Lágrima Ríos ahí viene La Llamada marcando el compás. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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