Pelota pinchada
Un tramo de un cuento de Fontanarrosa me dio, de ese modo casual en que pasa casi todo, la metáfora ideal de esta oposición tan convocadora de ministros de gobierno al Parlamento.
Unos amigos tratan de inflar una pelota. Miguel escupe en el lugar donde se ve, apenas, una flechita.
Ojo… recomendó Pepe. ¿Ahí está el agujero?
Miguel hizo fuerza, empujando el pico del inflador: No entra el hijo de puta.
¿Estás seguro que está ahí la válvula? repitió Pepe.
Está, está aseguró Miguel y empujó otra vez. Se oyó una explosión ahogada y la pelota pareció aflojársele entre las manos.
La pinché dijo.
En política, esa suele ser la estrepitosa conclusión de insistir con un procedimiento, legítimo, democrático, sin medir los riesgos del encaprichamiento y de una estrategia equivocada.
La oposición ha acumulado una cantidad inusual de convocatorias a integrantes del gabinete. Algunos ministros, Astori, por ejemplo, han concurrido tantas veces que más que impertinente ya suena gracioso. Es patético, en cambio, que la oposición inadvierta que la suma de resultados frustrantes para sus intereses ha desmerecido, si no el mecanismo, al menos el arte, el tino para dirigir el asunto. Pinchó la pelota y no se ha dado cuenta.
Obviamente, sabe que su esfuerzo pertinaz está destinado a fracasar en su objetivo esencial: censurar o hacer que caiga un ministro. Queda en pie, claro, su derecho a difundir, por los medios que cubren las instancias parlamentarias, denuncias, reclamos o simples informaciones destinadas a que la gente disponga de más elementos de juicio sobre determinados hechos. Empero, aun eso se le ha ido disolviendo entre los dedos. Y con todo respeto, me permito sugerir que, sin renunciar al control a que tiene derecho, repiense la forma en que lo prepara y ejerce.
Porque no creo que desee ser la personificación de un aforismo que también se debe a Fontanarrosa.
Dijo el apóstol crucificado: «Lo importante es que te pasen cosas». *
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