Pidieron de inmediato reforzar la legislación contra el incitamiento racial, étnico y religioso

Gran Bretaña: El Big Brother racista

La actriz de «Bollywood» Shilpa Shetty, de 31 años, fue el detonante de un problema cuyas raíces van más allá de un programa de televisión visto por millones de británicos.

La polémica comenzó el pasado 16 de enero durante una emisión del popular ciclo de reality show «Celebrity Big Brother» (Gran Hermano VIP) que transmitió el Channel 4 de Londres durante todo el mes.

En esa entrega del programa, una de las 11 concursantes del ciclo, la británica Jade Goody, ganadora de otra edición de Gran Hermano, acusó a otra participante, la actriz Shetty, de ser una «perra» y una «negra sucia», y le pidió regresar «a su chabola mugrienta, llena de olor».

Shilpa es considerada en India como una de las máximas estrellas del cine local y del popular circuito «Bollywood», la versión india de Hollywood, con millones de seguidores en el subcontinente asiático.

Las acusaciones de Goody y de varios de sus compañeros contra la actriz de tez morena, desataron una controversia diplomática sin precedentes entre Londres y Mumbai, esta última, ciudad donde una veintena de admiradores de Shetty incendiaron efigies de los blasfemos racistas.

Hasta el propio Primer Ministro británico, Tony Blair, debió salir al ruedo y calmar los ánimos de India, país con el que Gran Bretaña mantiene importantes vínculos comerciales y económicos, valuados en al menos 30.000 millones de dólares anuales.

El gobierno laborista tuvo que pedir perdón públicamente, ya que el ministro de Hacienda británico y posible sucesor de Blair en el gobierno, el escocés Gordon Brown, se encontraba en India de viajes de negocios, cuando se desató el escándalo. «La gente comete errores y todos somos humanos y falibles», dijo Shetty, refiriéndose al comportamiento de Goody.

«Ella era un poco agresiva y de carácter intempestivo, pero creo que no es una racista», agregó, tratando de defender a su atacante.

Shetty no fue la única que sufrió a manos de los racistas. En el programa también participaba el hermano del cantante de pop Michael Jackson, Jermaine, quien también recibió comentarios xenófobos.

El ente regulador mediático de Gran Bretaña, Ofcom, confirmó a Apro haber recibido más de 40 mil llamados de quejas de televidentes, sobre los comentarios racistas hechos durante el programa televisivo.

«Fue todo un récord de quejas», destacó un portavoz de ese organismo.

A nivel mediático, la historia tuvo un final feliz, ya que Shetty terminó siendo la ganadora de Gran Hermano VIP, votada por millones de televidentes británicos (el 63 por ciento de los espectadores) para quedarse con el máximo premio, mientras que el hermano de Jackson, ocupó el segundo puesto.

Pero el incidente, supuestamente aislado, dejó en evidencia una realidad más oscura en Gran Bretaña: la del racismo, la xenofobia y la discriminación de un sector de la sociedad local, representado políticamente por el partido nacionalista BNP, que encuentra su máximo exponente y referente, a la clase media blanca, protestante y del campo inglés.

Desde el Laborismo, diputados pidieron de inmediato reforzar la legislación contra el incitamiento racial, étnico o religioso contra otras personas.

Lo cierto es que el racismo se palpa no sólo en la televisión británica sino también en las escuelas, en la Policía, en los departamentos estatales y hasta en las universidades, al interrogar a británicos de origen extranjero, quienes denuncian haber sufrido racismo o discriminación en el país.

Carlos Méndez Quiroga, colombiano naturalizado británico en 2002 y que reside a las afueras de Londres trabajando como consultor de informática, contó haber sufrido racismo y exclusión cuando estudiaba en el colegio secundario de Hamsptead Comprehensive de la capital británica.

«Solía recibir insultos y frases hirientes porque era negro y, además, porque era de origen hispano. El racismo sigue siendo un problema en este país, aunque muchos no lo quieran ver o miren para otro lado», dijo Quiroga en conversación telefónica.

«A pesar de la multiculturalidad, la mezcla de razas sigue generando dificultades. Lo importante es enseñar con el ejemplo», agregó el licenciado en informática, de 29 años.

Otro británico, de origen jamaiquino, contó haber sufrido racismo en su fuente de trabajo durante años.

«Trabajaba para una consultora financiera en Essex (sur de Inglaterra), donde algunos de mis compañeros me hacían comentarios racistas. En su momento no dije nada porque temía perder mi empleo, pero más tarde denuncié ante los jefes el hecho, algo que me valió muchas hostilidades», destacó Jermaine Graham, de 35 años, residente en la población de Colchester.

Un documento publicado el 10 de diciembre de 2006 y realizado por Peter Wanless, director de reformas de escuelas en Inglaterra y Gales, concluyó que en Gran Bretaña existe claramente «un racismo institucionalizado». *

(*) Periodista británico

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