TAMBORILEARTE DIO UN BUEN ESPECTACULO

Volvieron con fuerza los Diablos y los gauchos patones sorprendieron a todos

Tamborilearte

Se trata de una comparsa debutante en el concurso. Pagó tributo a su inexperiencia, ya que tuvo que resolver un problema de último momento que la retrasó unos minutos, debido a que el conjunto había presentado 64 integrantes, cuando sólo pueden subir a escena 60. El tema fue resuelto a tiempo.

Pese a lo acontecido, Tamborilearte, con su espectáculo «Los hijos de la Tierra», se paró firme en el escenario.

Giménez es un verdadero maestro. La cuerda de tambores suena notablemente, con un toque sumamente particular. Hay buenas puestas y un joven e interesante cuerpo de baile. El coro tiene arreglos de Gabriela Gómez y canta en buena forma; se lucen María Victoria Riñón ­quien además dirige el coro­, Gustavo Muniz y un muy efectivo Roberto Darvin. Las actuaciones de Gabriela y Jorge Brum, al igual que la del escobero, Luis Ferreira, son buenas. La orquesta se destaca, a pesar de que el sonido se complicó en ocasiones, percibiéndose zumbidos de algunos instrumentos. Durante el espectáculo se disfrutó de un exquisito aroma a incienso, parte de la puesta en escena. Esperamos que el jurado lo haya percibido.

Tamborilearte brindó una actuación en la cual lo afro siempre estuvo presente. Gustó y los dejó contentos, pero necesitará ajustes.

 

Diablos Verdes

Llegaron con muchas variantes en su integración, en su música, en su canto y hasta en su forma de moverse, pero siempre fieles a su estilo.

«Donde hubo fuego quedan cenizas», cantan los Diablos, que volvieron con todo.

El espectáculo comienza con una recorrida por la Kermesse de los Diablos, con José Dorta interpretando al abuelo que lleva a su nieto (Maxi Pérez). El paseo resulta aburrido al joven, que extraña lo que le gusta, por ejemplo Internet.

Se suceden once minicuplés, no todos parejos. Están el juego de la interpretación, las creencias, los telegramas, el fútbol gay, el tiro al blanco y la cárcel. El mismo Dorta será después el defensor del vecino. Aparecen el infaltable Gilberto Vázquez, interpretado por el «Muñeco», quien crea un magistral «plancha»; el Pepe Guerra y su billete perdido, Zona Urbana y el yerno de Marina. El ritmo impuesto por su nuevo arreglador y director escénico, Jorge «Cocina » Márquez, tiene un sello inconfundible, con músicas muy movedizas. El coro canta de maravilla, con mucho bombo y plena. Ruben Cancela realiza un muy buen trabajo. Impactó el maquillaje creado por Dorta. Los textos tienen más humor que en otros años y mantienen en alto la crítica que siempre los caracterizó. La puesta en escena de Tito Prieto los hace aparecer más sueltos.

Se retiran con una despedida muy contagiosa, ataviados con una capa blanca con cintas de colores que enriquece el vestuario. El público los ovacionó de pie y los Diablos cumplieron.

 

Sociedad Anónima

Los humoristas de San José vienen en busca de la felicidad e intentarán encontrarla por diferentes filas: la del Plan de Emergencia, la del exilio y una desconocida para todos: en la fila de la verdad y la justicia se enjuicia a Bordaberry.

Finalmente los gauchos patones sorprenden a todos, pues se había anunciado que los habían jubilado. La humorada consiste, justamente, en que se quieren jubilar. Es la parte más jocosa del espectáculo. Nos reímos muchísimo sin escuchar una sola palabra subida de tono. Podemos afirmar que hay gauchos para rato ya que la gente los reclama, y ellos mismos, sobre el final, afirman que se quieren quedar.

El conjunto presenta un lujoso vestuario y un muy buen trabajo coral. Además redondea una muy aplaudida actuación.

Para terminar les comentamos que el nuevo personaje del teatro ­nos referimos al telón­ mejoró su actuación en esta tercera etapa. *

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