Fortalezas y debilidades del progresismo
El gobierno está fuerte. Tiene más apoyo que el recibido por su fuerza política en las elecciones de 2004, cosa sin precedentes a dos años de iniciada la nueva gestión. Los políticos más populares son todos de su fuerza política. Las intendencias progresistas avanzan, y el contraste es abrumador, fundamentalmente en las que heredaron tierra arrasada, como Canelones y Rocha.
A fin de año y en esta temporada veraniega la población advirtió de golpe que la capacidad de consumo que poseía era mucho más alta que en los años anteriores, y que había obras, pequeñas o grandes, por todas partes. Por aquello de que la acumulación de cambios cuantitativos un día se convierte en cambio cualitativo. La oposición sabe todo esto y no encuentra manera de pararse. Pero ello no quiere decir que esté todo bien. Que debamos echar las campanas al vuelo. También hay debilidades, omisiones, riesgos, frenos y errores.
Fortalezas
En realidad, en menos de 24 meses los cambios han sido trascendentes. El incremento del salario público y privado, en particular de los más bajos y del salario mínimo nacional; la mejora del empleo en cantidad y calidad y de las jubilaciones más sumergidas, incluida la prima por antigüedad, así como la caída de la pobreza y la indigencia; el funcionamiento de los consejos de salarios, la aprobación de la ley de libertad sindical, los esfuerzos realizados para prevenir o solucionar conflictos y acordar un compromiso nacional entre empresarios, trabajadores y Estado, y para crear un sistema de negociación colectiva en el marco de una política de concertación social; el reperfilamiento de la pesada deuda externa heredada y la salida del FMI, el fuerte incremento del producto, la inversión, el consumo y las exportaciones; la reactivación del norte azucarero; la trazabilidad del ganado y el fondo lechero; las inversiones en obras públicas claves, en particular las inversiones viales, portuarias y en energía; el Plan de Emergencia; el salvataje, la reinversión y el fortalecimiento en las empresas y bancos públicos; el fin del despilfarro en el Estado (recordemos el BHU, las quiebras bancarias, la OSE, Ancap en Argentina, o las cuantiosas pérdidas de la Corporación para el Desarrollo, y los esfuerzos actuales con Pluna) y las denuncias e investigaciones correspondientes; los avances en la búsqueda de verdad y justicia, la adecuación de la legislación nacional al derecho internacional humanitario, y la reparación a los expresos políticos, perseguidos y exiliados; las inversiones y nuevas líneas de trabajo en materia de seguridad pública para enfrentar cuestiones críticas; el debate y la legislación que se prepara en defensa nacional y algunas inversiones estratégicas en capacidad de control y movilidad (radares y helicópteros); la aprobación del día nacional del candombe, la cultura afrouruguaya y la equidad racial; la democratización del acceso al trabajo en la administración pública, con miles de inscriptos en todos los llamados realizados, y el fin del clientelismo; el impulso a la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, con la creación de la Agencia de la Investigación y la Innovación, el programa Ceibal de computadoras para todos los niños en las escuelas públicas, el impulso al Instituto Pasteur, el programa de maestros comunitarios, y el empuje en el desarrollo de las telecomunicacionaes; el respaldo proyectos de inversión y promoción industrial; las inversiones en hospitales públicos y el reordenamiento de instituciones mutuales; los avances en materia de políticas de asentamientos y de los créditos en vivienda; las rebajas del boleto, y el boleto estudiantil; el respaldo a las Pymes en las compras públicas; el impulso de nuevos programas para fortalecer el turismo receptivo e interno; la nueva legislación, ya aprobada en materia tributaria, de trabajo doméstico, terciarizaciones, sociedades anónimas en el agro, o a punto de serlo, en usura, Fondo Nacional de Salud y descentralización de Asse, BHU y Agencia de la Vivienda, unión concubinaria y otras cuestiones sociales; el fin de la discriminación política de las intendencias; el restablecimiento de las relaciones con Cuba y los buenos acuerdos con Venezuela y otros países, así como la firme defensa de la soberanía en el conflicto con Argentina.
Debilidades
En estos dos años y en sucesivas Contratapas he destacado el repertorio de los logros, porque los hay y porque se trata de mi fuerza política y de mi gobierno, y porque el período inicial siempre es el más difícil, fundamentalmente para el que no tiene experiencia de gobierno nacional. En adelante, y por una cuestión de lealtad y responsabilidad, no sólo voy a destacar los logros, que no dudo serán cada vez mayores, sino también los riesgos y debilidades. Primero, porque el horizonte del 2009 comienza a teñir cada vez más la interna, y eso, si no se hace con acuerdos mínimos, puede convertirse en un problema importante. Segundo, porque el impulso transformador puede debilitarse, encontrar frenos corporativos o de otra naturaleza, y los cambios estructurales claves del estado, la salud o la educación quedar a medio camino, muy a la uruguaya, ni chicha ni limonada. Siempre vale la pena la relectura de El impulso y su freno del inolvidable Carlos Real de Azúa en relación con el batllismo inicial. No debemos olvidar que el trasfondo de la cultura de la inamovilidad mucho más que el marco legal, que por sí no ampara el vale todo sirve de punto de apoyo para las inercias y resistencias al cambio: de lo contrario, ¿cómo se explica la batalla campal que se está dando en salud pública para vincular los incrementos salariales al cumplimiento del horario de trabajo? ¿O cómo se explica que distintos y muy serios trabajos muestren reiteradamente que el ausentismo docente en los liceos montevideanos oscila en torno al 30% de las clases previstas curricularmente? Y tercero, porque la afonía de la fuerza política, su débil incidencia, su atonía, es evidente y poco recomendable. Máxime cuando se trata de una fuerza que realizó la proeza del 12 de noviembre en las internas. Y ello no es bueno. Un gobierno progresista necesita como el pan el respaldo de una fuerza política informada y convencida. Necesita más de la acción colectiva, en todos los niveles, partidarios y de gobierno. Estamos convencidos de la necesidad de fortalecer la fuerza política Frente Amplio, como forma de respaldar la acción de gobierno, con participación democrática, apelando al formidable capital humano de la izquierda, fortaleciendo los flujos de información y los espacios de trabajo comunes. No estamos trabajando colectivamente. E importantes errores de gobierno en materia internacional e interna podían haber sido obviados con un elemental intercambio político previo. Por otra parte, episodios como el de Maldonado no se pueden repetir. Se podrá discutir todo lo que se quiera sobre tal o cual decisión de gobierno, pero Oscar de los Santos fue el gobernante electo y una cosa es discrepar y discutir y muy otra votar con la oposición desacatando el mandato de la mayoría. Por mucho menos episodio del Hotel Casino Carrasco en la Junta Departamental de Montevideo cambiamos en un Plenario Nacional las reglas internas. Si esto persiste y se extiende vamos a la absoluta tradicionalización del Frente Amplio. Y creo que debe decirse con claridad en vísperas del 36 Aniversario. *
(*) Senador de la República.
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