¡Hermanos!
En «El acorazado Potemkin», de Eisenstein, la tripulación, en plena revolución de 1905 llega a puerto en el Mar Negro; desde la orilla y desde el barco brota un grito único: «¡Hermanos!».
Vino a mi memoria mientras pensaba en el conflicto por Botnia y la extraña inercia que ha ganado al Mercosur y, sobre todo, a Brasil.
Quizás haya que echar otra mirada, abarcadora. Y acaso menos ingenua.
Argentina y Brasil también desean la inversión extranjera. El área más apetecible es hoy la forestación y la industrialización de la madera. Argentina y Brasil pueden forestar más que Uruguay por su tamaño y porque empezaron antes. Cuando se supo que Botnia y Ence se instalarían en Uruguay aparecieron curiosidades: en Argentina, con el subterráneo impulso de la corporación que apoya a Kirchner, dueña de la mayoría del negocio forestal y papelero en su país y de una de las grandes cadenas de medios de comunicación en América Latina, creó el engendro del piquete ambientalista y pateó el tablero; y Brasil, que ya ha cerrado negocios y quiere cerrar otros en el mismo sector, prefirió la ambigüedad, cuando no la omisión cínica, ya que tampoco le sirve que estos inversionistas sigan interesados en Uruguay.
Históricamente, Argentina ha soñado con que el hermano chico dependa del mayor y no proteste. Culturalmente, Brasil sigue siendo un país imperialista, aunque suene blasfemo para quienes imaginan que Lula desparramará el socialismo en la región, como Chávez quiere desparramarlo en América Latina.
Así las cosas y tomándome la licencia de recordar que la sublevación del Potemkin abortó y sus tripulantes se entregaron a los rumanos en Constanza todo sugiere que Uruguay puede terminar con menos de lo que esperaba y merece. Las miguitas para el enano pobre que rompe las bolas.
No olvido la facilitación en curso. Y sé que el piquete ambientalista puede ser desactivado por la corporación, no por Kirchner.
Pero eso sólo alienta mis peores conjeturas. *
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