Recuperan planta para faena de conejos en San José
Luis Eladio Otero Pasadores inauguró la planta de faena de nutrias «Carobá» el 16 de diciembre de 1988. En el predio de 5 hectáreas se construyeron también instalaciones para la cría, el procesado de cuero y la fabricación de raciones.
Luego de fundar la planta, Otero propició que la cría de nutrias mutación (variedad que incluye la cruza con castores) fuera un complemento interesante para las actividades de varios productores, que formaron un grupo del Predeg (Programa de Reconversión y Desarrollo de la Granja). Pero la crisis del año 2002 afectó seriamente el proyecto.
Sin embargo, Carobá no murió. Posteriormente sus hijos se hicieron cargo de la planta, que se habilitó también para la faena de conejos. Hace un tiempo cesaron definitivamente sus actividades y la planta se puso a la venta. Un grupo de productores maragatos agrupados en la Asociación de Cunicultores de San José (Acusanjo), con el apoyo de la Intendencia de San José, se planteó apropiarse de las instalaciones. El proyecto no prosperó y finalmente la planta fue comprada por tres integrantes de la Federación Uruguaya de Cunicultores.
Daniel Garrido, José Luis Stratta y Héctor Mendieta realizaron ayer una primera faena de entre 50 y 100 ejemplares, para comenzar a estudiar los costos operativos reales.
LA REPUBLICA visitó el viernes las instalaciones de la planta y conversó con Héctor Mendieta, socio del emprendimiento y presidente de la Federación de Cunicultores.
«Este emprendimiento es una patriada», define Mendieta, quien agregó: «Luego de transitar durante diez o doce años dentro del sector, golpeando puertas continuamente para que nos ofrecieran faenas a costos inaccesibles, solicitamos el apoyo de organismos oficiales. Comprobamos que los tiempos de la producción son totalmente distintos a los tiempos de la administración pública».
Producción, faena y mercados
La cría de conejos es un negocio con mucho futuro. «Nosotros ya tenemos un mercado real», afirma Mendieta. «El mercado interno está totalmente desatendido a pesar de que tiene posibilidades claras de crecimiento, y es a causa de que no hay una planta de faena en el área metropolitana (aunque existen algunas en otros departamentos) con buenas posibilidades de exportar», indica el cunicultor, quien cree que su proyecto, aunque privado, suplirá esta carencia y tendrá un espíritu netamente cooperativo: «Nosotros también fuimos productores, por lo que no perdemos de vista a quienes siguen siendo nuestros compañeros. Tiene que haber una solución para todos. Por eso la nuestra no es una empresa con fines de lucro; simplemente se faenarán los animales de los socios de la Federación, a costo operativo», aseveró. La prueba que se realizó ayer en Carobá servirá, precisamente, para conocer los costos operativos reales del emprendimiento, y de ese modo realizar una oferta concreta al resto de los productores.
Manos a la obra
Hoy en día existe un desarrollo importante en la cría de conejos. Entre los aspectos que marchan viento en popa en esta actividad se encuentran la selección y venta de reproductores, así como la fabricación de instalaciones y estaciones de recreo, aunque aún existen algunos inconvenientes, como las raciones para los animales.
«Es un tema complejo», admite Mendieta, «pero en nuestra planta ya hemos integrado parte del proceso, como el molino, la mezcladora y los silos. Solo nos falta el peleteado, que no es poca cosa dentro de la cadena de producción de las raciones, aunque somos optimistas con lo que tenemos».
Por otra parte, Mendieta considera que la sanidad del país en este rubro es envidiable, a pesar de que recuerda que, recientemente, se registró un episodio de la enfermedad vírica del conejo, que provoca sangrados y fiebre en el animal, para acabar en su muerte. A pesar de ello, Mendieta asegura que en los criaderos se faenan los animales ni bien se detecta la enfermedad. El animal que ha contraído el virus no puede comercializarse una vez faenado, pero sí sirve para consumo interno. «No se trata de una zoonosis. El conejo no transmite ninguna enfermedad al hombre», destaca.
Claves de Carobá
Carobá tendrá capacidad para atender entre doscientos y trescientos animales por turno. También habrá una planta de recría que concentrará tres mil conejos en engorde, «para que no surjan problemas en el flujo de entrada de los animales», explica el impulsor del proyecto. Por otra parte, si se habilita la zona de cría de nutrias existente previamente en Carobá, los galpones de engorde albergarían diez mil animales, «una cifra inusual en el país», según opinión de Mendieta.
La entrada y salida de los conejos será constante. Los animales permanecen en recría entre 40 y 45 días, luego de llegar a la planta con 32 días de vida, en el momento de su destete. Posteriormente se los vacuna y se lo juzga desde el punto de vista sanitario para integrarlos al resto del plantel. El grupo se somete al mismo manejo en cuanto a sanidad y alimentación, y se eligen para la faena cuando llegan al peso indicado, para obtener un producto homogéneo.
«Del conejo aprovechamos todo», afirma Mendieta. «El cuero está comenzando a comercializarse, aunque al no haber continuidad en la producción no se han producido cambios en el comercio exterior. Sin embargo, sabemos que Brasil es un gran consumidor de pieles, especialmente para ofrecer marroquinería y accesorios», indica.
En Carobá hay un sector donde se puede clasificar y ordenar la piel, pero aún no está habilitado para albergar el proceso de curtido, «a causa de las aguas residuales, es decir los restos de sangre o grasa», señala Mendieta, quien se cuida de aclarar que la planta no contaminará. «Hasta el detergente será biodegradable. En Carobá sólo llevaremos el proceso de secado de las pieles. Acá los agrotóxicos no pasan la portera», aclara.
Mendieta es optimista. La cría de conejos tiene grandes posibilidades. Pero hay algunas claves para obtener el éxito: «Yo creo que más que aprender a trabajar hay que aprender a convivir. Porque el conejo nunca falla, el que falla es el hombre», sentencia. «Estoy seguro de que faenar conejos en una planta habilitada y llevarlos al mercado en condiciones igualitarias con respecto a todas las demás carnes va a jerarquizar no solo al producto, sino también a los productores. Es tiempo de jugar en la cancha grande. Sólo si consideramos el mercado interno, no tenemos techo», afirma convencido.
Mendieta confía en que habrá un crecimiento rápido, debido a la apertura de diversas bocas de consumo, entre las que se incluyen las intendencias y el Inda, que prometió comprar el producto ni bien comiencen las faenas. «Era el empujón que necesitábamos para concretar un sueño que hoy se hace realidad», concluye el cunicultor. *
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