HISTORIA CONOCIDA DE UNA JOYA

Colonia del Sacramento cumple 327 años

Colonia del Sacramento cumple 327 años, aunque esta vez lo hará sin las conmemoraciones oficiales que, año a año, se desarrollaban en la ciudad durante la última semana de enero. Hasta el fin de semana se preveían actividades que incluían espectáculos musicales y la elección de una reina de la ciudad, pero discrepancias entre la organización encargada del evento y una productora privada aguaron la fiesta.

A lo largo de sus más de tres siglos de existencia la vida de Colonia está marcada por enfrentamientos de toda índole y expectativas incumplidas. En consonancia con este estilo, la capital departamental, declarada en 1995 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, no tiene en sus archivos una fecha precisa de fundación.

Cuentan algunos historiadores que «el gobernador de Río de Janeiro, Maestre de Campo Manuel Lobo, designado por el Regente de portugal, Príncipe Pedro, para fundar una población sobre la costa septentrional del Río de la Plata», llegó el 20 de enero de 1689 a la isla de San Gabriel, en aguas del río de la Plata. Señalan que «después de examinar cuidadosamente el terreno, el 26 de enero Lobo echó los cimientos de la futura ciudad, la Nova Colonia del Sacramento.»

Otros no manejan con tanta certeza esa fecha y prefieren afirmar que «en esa última semana del mes» se vieron en el río intensos movimientos de barcos y tropas, y que el momento de la creación del poblado habría estado determinado por algunas salvas de cañón a modo de festejo.

Manuel Lobo zarpó del puerto de Santos (Brasil) el 8 de diciembre de 1679, con cinco naves que llevaban unos 300 hombres. No todos eran precisamente militares experimentados, sino que entre la heterogénea tripulación figuraban muchos presos reclutados en cárceles paulistas. No abundaban por aquel entonces quienes voluntariamente se mostraran dispuestos a la aventura de hacerse a la mar para instalar un puesto de control lusitano justo frente a la española Buenos Aires.

La Nova Colonia do Sacramento inicial tuvo breve existencia, ya que unos meses después de su confuso nacimiento y precario mantenimiento fue arrasada por una tropa compuesta por 300 soldados y 3 mil indios guaraníes que el gobernador hispano José De Garro envió desde sus dominios bonaerenses.

 

La manzana de la discordia

Desde entonces, Colonia del Sacramento se convirtió en la manzana de la discordia o «la Gibraltar del Plata», codiciada y disputada por España y Portugal, que la tuvieron bajo su control en forma alternada, de acuerdo a los azarosos vaivenes de la diplomacia de los salones europeos.

La ciudadela vivió extensos períodos deshabitada, derruidas sus casas y muros protectores. Cuando en las primeras décadas del 1800 la visita el sacerdote Dámaso Antonio Larrañaga, deja anotada en sus memorias de viajero una reflexión que aún hoy resuena como alerta, cuando indica que en las calles del poblado crecían los yuyales y que «este pueblo, lejos de progresar, retrocede».

A lo largo de su historia Colonia ha alternado períodos de auge y de declinación en materia económica. Alguna vez se pronosticó un futuro promisorio en base a una zona franca industrial que nunca llegó a ser el nervio motor del desarrollo local. También desfilaron anuncios de fábricas que iban a abrir sus puertas «en breve» y que nunca pasaron de algún discurso de circunstancia, por lo general bien aprovechado en instancias preelectorales.

Su caso emblemático más reciente fue el cierre de la otrora poderosa textil Sudamtex y la reapertura de la cuarta parte de esa empresa convertida en Dancotex. Del apogeo de aquella fábrica creada en los años de 1940 se pasó al desastre de su suspensión de tareas, luego a la esperanza de su reactivación y ahora, nuevamente, a los anuncios de cierre que ha emitido su dueño, el empresario Daniel Soloducho. Otra de las grandes esperanzas perdidas fue la famosísima construcción del puente Colonia-Buenos Aires. Hasta hace apenas dos o tres años seguían arribando a esta ciudad familias carenciadas del Uruguay profundo buscando un empleo gracias al colosal proyecto abandonado.

Por fortuna, en Colonia también se destaca, mayoritariamente, la labor silenciosa de quienes apuestan a que el progreso se edifique sobre la dignidad.

La «abuela Colonia», como le cantan sus poetas, suma un año más a su collar trisecular. Hay esperanzas que continúan en construcción, como en aquel impreciso enero de 1680.

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