Aprender albañilería en un liceo

«Es la primera vez que trabajo», dice la beneficiaria del programa Trabajo por Uruguay del Mides, Carmen Chiribao, mientras hace un alto en su tarea, considerada tradicionalmente masculina.

Ella, junto a catorce compañeras más, están refaccionando el liceo Nº 14, ubicado en la intersección de la avenida 8 de Octubre y Bvar. José Batlle y Ordóñez. «Son excelentes trabajadoras y muy detallistas», asegura la secretaria del turno nocturno del centro de estudios, María del Carmen Migone.

«Estamos aprendiendo todo lo que podemos. En mayo terminamos, y vamos a dejar esto como nuevo», dice orgullosa otra beneficiaria, Susana Bermúdez. «A esta edad se nos cierran las puertas y esto nos permite volver a abrirlas», agrega, rodeada de sus compañeras, quienes confirman estas palabras calurosamente.

El Liceo Nº 14 tiene alrededor de 50 años. Es una casona antigua, con grandes columnas, maderas finas y rejas en hierro forjado. Su importancia edilicia no admite dudas: fue declarado Patrimonio Histórico de la ciudad. El destino de liceo se remonta a la donación que hizo la familia Ramponi a Secundaria, ya hace media centuria. A pesar de su condición, en los últimos tiempos se encontraba muy deteriorado. «Necesita muchos arreglos: son 19 salones, varios corredores, vestíbulos y escaleras», explica la secretaria Migone.

Los trabajadores son en su gran mayoría mujeres, excepto el albañil profesional, quien enseña el oficio a las beneficiarias, como parte del apoyo solidario de Sunca al proyecto. «Son excelentes personas. Están interesadas en aprender, ponen voluntad y ganas. Creo que incluso trabajan más que los hombres», asegura sonriendo el obrero del Sunca Jorge Cardozo.

El trabajo comenzó el 2 de enero pasado y va a llevar varios meses. Las aprendices trabajan en el horario de 8 a 14. «Pulieron las paredes, picaron lo que se había caído, rellenaron, lijaron y recién ahora se encarga de la pintura. Son muy detallistas», afirma Migone.

«Me encanta pintar. Además, esto me va a servir para que mañana me llamen a trabajar», cuenta entusiasmada Carmen. «Trabajamos en equipo; unas rebocamos, otras lijamos y el resto pinta. El compañero del Sunca nos ayuda mucho, y las secretarias del liceo también», agrega Susana.

Por el liceo pasan 1.200 alumnos en los turnos de la mañana y la tarde, y de noche concurren otros 1.500. La estructura ocupa media manzana y, para concluir la obra a la perfección, se prevé arreglar la azotea para poder pintar los techos. *

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