Discriminaciones
Qué tema, la discriminación.
Creo que a la mayoría nos honra la voluntad de no discriminar. Ocurre que, a veces, las circunstancias son algo traviesas. O tramposas.
Hay un viejo epigrama castellano contra el doctor don Juan Pérez de Montalbán: «El doctor tú le pones;/ el Montalbán no le tienes;/ con que quitándole el don,/ viene a quedar Juan Pérez». Aplicado en el Uruguay de hoy sería una especie de discriminación poco común, al dar trato de inferioridad a alguien socialmente encumbrado. Es que nos hemos acostumbrado a que quienes discriminan suelen ser ricos, inteligentes, militares y, acaso, clérigos. Entre otros, claro.
Ahora bien, ¿es discriminatorio que algunos contribuyentes, que nos quejamos de la suciedad que nos rodea, culpemos a hurgadores que desparraman bolsas alrededor de los contenedores y pidamos que se tomen medidas contra ellos? Si alguien cree que la respuesta es sencilla, le propongo que considere otra pregunta: ¿esos hurgadores no discriminan a los demás al despreciar su derecho a la higiene? Una cosa es la legítima subsistencia y muy otra defecarse literalmente en las reglas que muchísimos vecinos nos empeñamos en respetar.
Supongo que la solución está en una doble tarea del Estado: educar y hacer cumplir a todos las normas establecidas para que la comunidad sea mejor. De otro modo, ese Estado sería el primer discriminador.
Me place saber que la Intendencia y el Mides han iniciado un programa para que el simple hurgador se convierta en un prolijo clasificador. Los resultados aún son escasos, pero soy optimista. En un proceso, la paciencia es buena consejera.
En cuanto a que después se cumplan las normas, bueno, por ahora me posee un difuso escepticismo. Los antecedentes del control municipal traen a mi memoria el «Todo el mundo es máscaras» de Larra: «Observa aquel moribundo; ¿oyes cómo se arrepiente de sus pecados? Si vuelve a la vida, tornará a las andadas».
Ojalá me equivoque, como tantas veces antes. *
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