Fondo y forma
Quienes practican cierto masoquismo al leer esta columna saben que hay algo en Hugo Chávez que no me gusta. No lo he podido definir, pero existe.
Quizás aclare mis ideas analizar el entredicho en que se ha metido ahora.
Hablo del conflicto con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, por lo que el presidente venezolano ha considerado una intromisión indebida en asuntos de su país. Insulza pidió a Chávez revisar la decisión de cancelar la concesión de una onda pública a Radio Caracas Televisión, calificándola de «sin precedentes en las últimas décadas de democracia».
En el fondo, Chávez tiene razón. Incluso para mí, que soy bastante ingenuo en política internacional y diplomacia, el pedido y el comentario de Insulza fueron sorprendentes. La decisión de Chávez, hasta donde hemos sabido, se ajusta a derecho; por otra parte, no puede discutirse que se trata de una cuestión interna de un estado soberano. Además, no recuerdo a Insulza, un recién llegado a la Secretaría General de la OEA, ni a ninguno de sus antecesores, preocuparse de múltiples intervenciones, ilegales por donde se las mirase, que durante varios períodos históricos recientes se perpetraron contra medios de comunicación privados.
Tal vez me falla la memoria. Pero no lo recuerdo.
En cuanto a la forma, Chávez se equivoca. Un mandatario –que, como valor agregado, está asistido por la razón– no debe recurrir a la descalificación burda ni al insulto. Ocurre que este hombre, que sonríe siempre para las fotos, es un bocazas. Expresarse como si se fuera a extirpar la cabeza ajena, alardear de una suerte de autoridad que no se debate e incurrir con frecuencia en la grosería le hace flaco favor a sus decisiones, muchas de las cuales son progresistas, compartibles y bienvenidas.
¿Será eso lo que me disgusta de él? Probablemente. Y también que le haya dicho «mi amigo» a Alan García ayer nomás- luego de haberlo acribillado de epítetos explosivos e incendiarios. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad