Calendiario
1984. El calor de enero suele provocar quemazones para el recuerdo. Este tiempo es ya el principio del año final, con elecciones nacionales previstas para noviembre. Los dictadores no tienen quien les escriba ni quien los quiera. Los partidos políticos habilitados aprovechan esos signos de debilidad y están acelerando el ritmo de su regreso. Este día, los blancos, colorados y cívicos quieren salvar el momento con una reconciliación a la que se llegará a través de las elecciones. Tan seguros se sienten que además afirman: «Advertimos al país que todo otro intento, toda dilación que se imaginen, ambientará medios violentos que es responsabilidad colectiva evitar». Como para remarcar eso, unos días después se cumple un paro cívico total, a rajatabla.
1921. Nace José Pedro Díaz, escritor, docente, un referente obligado de nuestra literatura. Una técnica precisa, siempre vigente, para leer y releer con calma y ganas de aprender. Uno de sus éxitos es «Los fuegos de San Telmo», una novela que desde 1964 sigue tan fresca, tan campante, tan rica, propia de un verdadero maestro de la narrativa. En «Diccionario de la Literatura uruguaya» Mario Benedetti transcribe la opinión de Mario Vargas Llosa de esos fuegos: «Todo el libro está construido según un sistema de vasos comunicantes, es decir, fundiendo en unidades narrativas episodios que ocurren en tiempos y espacios diferentes, y que de este modo se enriquecen mutuamente con sus respectivas vivencias». .Otro ejemplo es «Tratados y ejercicios».
19. Nace Humberto Capote, contador. Incursiona en la política, fue presidente del Banco Central del Uruguay y estuvo vinculado al fútbol como secretario de Asuntos Económicos y Administrativos de la AUF.
1950. Nace Silvio Núñez, convencional del Partido Nacional por Desafío Nacional.
1964. Nace Fabián Hernández Fuentes, compositor, roquero, bajista, integrante del desaparecido grupo Los Estómagos, uno de los exitosos de los años de 1990.
«Mis encuentros son difíciles. Muy a menudo deseo ver a A. Cuando eso ocurre vamos a un café y conversamos. Al separarnos solemos decirnos que realmente tendríamos que vernos. Luego, ya solo, yo mismo me confirmo: tengo que ver a A». José Pedro Díaz, «Encuentros» en «Tratados y Ejercicios».*
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