MARIA, PESCADORA Y UNICA MUJER PATRONA DE EMBARCACIONES EN EL PUERTO DE PUNTA DEL ESTE

La mujer y el mar

Puerto, bahía de Maldonado

María. 45 años

Patrona de pesca y vendedora

«Soy patrón de pesca y vendemos lo que pescamos acá», cuenta María desde el propio puesto que tiene en el puerto, mientras desmenuza y ordena sus presas. «Hemos vivido toda la vida acá».

Un patrón de pesca es quien dirige una embarcación «cuando vas a pescar», explica María. «Una embarcación de esta zona lleva tres tripulantes: un patrón, un marinero y un grumete. No salimos todos los días porque como vendemos, sería imposible. Salgo al mar los días que puedo». La pesca de María y su equipo es totalmente artesanal, con palangres y mallas grandes para sacar lenguados y corvinas negras. «¿Ves?…», señala en la mesada cada ejemplar. «Somos tres. Uno hace motor, otro trabaja la herramienta y otro va levantando (la presa). En esta época salimos a la tardecita o a las 12 de la noche… Entonces calás, lo dejás reposar dos horas y después levantás, así sean los anzuelos o la red».

Ella y su equipo llegan lejos, aunque su embarcación es pequeña y parece muy humilde anclada junto a los espectaculares yates de los millonarios de Punta. «Si tenés una embarcación más grande, podés ir más lejos. Nosotros llegamos a la zona donde hay pescado, por José Ignacio, o lo pasamos. Tenemos autorización hasta 7 millas desde la costa, pero al correr de la costa podemos ir 10 o 15 millas» mar adentro. Para conseguir autorización de pesca «primero, tenés que saber pescar; hacer un curso de grumete que lleva dos años. Luego el de marinero, que antes llevaba cuatro años y ahora creo que dos; luego te dan la libreta de patrón de pesca y a todo esto tenés que agregar los cursos internacionales de Bomberos, de supervivencia en el mar, de control de averías, de primeros auxilios, de relaciones humanas… Muy pocos están capacitados para esto.

Nosotros vivimos de esto y toda mi familia trabaja de esto. Mi hijo mayor tiene un barco con mi compañero y yo tengo otra barca que es de mis hijos chicos. El mediano trabaja acá, en la mesa».

 

La barca de María se llama «Piruleta»

«Las historias de vida son muy complicadas porque hay muchas cosas muy profundas que muchas veces no se cuentan», dice María, «y más en este tema de la pesca, porque el que más, el que menos, ha perdido a un familiar en el mar… Yo perdí a dos hermanos y a mi suegro. Se ahogaron. En diferentes oportunidades. Son situaciones muy tristes», dice María en voz baja pero firme, cuando le preguntamos por su historia y su relación con el mar.

«Cuando tú empezás a navegar, primero sentís temor. Después comenzás a tenerle respeto al mar. El problema es cuando el mar te apasiona. Entonces ya perdés el control y esto le pasa a mucha gente».

Como trabajo, afirma que «es muy gratificante en todo sentido, porque si bien no remunera en mucho dinero, tú tenés siete u ocho horas en que estás totalmente aislada del mundo en una naturaleza total, más allá de que tengas la radio y lo que sea. Ojalá mucha gente tuviera la oportunidad de vivir esta experiencia porque es muy bonita». Es que «la gente cree que todo es dinero, porque esto está tan englobado y cuando informan, inventan. No informan la verdad (sobre Punta del Este). «Tú no ganás mucho dinero pescando, mentira, ganás para sobrevivir».

Mujeres como María, que venden en las mesas o viven con sus familias de trabajos relacionados a la pesca, hay muchas en la fantástica Punta del Este. Pero María es la única patrona de pesca de aquí.

Ella salía al mar en «Piruleta» embarazada de su hijo menor, que hoy tiene 14 años.

Para estimar cuánta gente vive de la pesca, María saca la cuenta así: «En el puerto hay unas 30 embarcaciones que tienen tres tripulantes cada una, más la gente que trabaja en tierra, que es la que alista los parantes… Porque el pescador tiene entre 17 y 20 horas de trabajo por día, entonces hay tareas que a veces las derivás porque si tú salís hoy y mañana y pasado, llega un momento en que estás agotada.

Entonces derivás las tareas de alistado y encarnado de palangre. Trabajás con otro grupo de personas, que son otras familias Estamos hablando de casi 100 familias que tienen las embarcaciones, más otro tanto que hay en la vereda trabajando… Es un montón de gente.» María sonríe feliz, hace una larga pausa y observa el cielo por unos segundos con sus ojos color mar, antes de bajarlos para respondernos la última pregunta: ¿El mar te saca o te da vida? «… Ojalá todo el mundo pudiera apreciarlo, este lugar es maravilloso. Yo no he viajado por muchos lugares. He ido a Argentina y a Brasil, y conozco casi todo el Uruguay, y sé que este lugar es maravilloso, es la vida».*

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