No cuesta nada
Un gobierno tiene la obligación de que sus cuentas sean claras. Pero también está obligado a que la información que ofrezca de ellas cualquiera de las que se trate no resulte un sofisma para el ciudadano común.
El informe que el oficialismo presentó en el último plenario de la Cámara de Diputados sobre el aprobado proyecto de prima por edad para jubilados, asunto que generó un áspero debate y una protesta sonora de los pasivos en las barras, dice lo siguiente: «Se estima el costo total de esta medida que beneficiará a unos 55.000 jubilados en la suma de 17.000.000 de dólares».
¿Qué induce a pensar esta afirmación? El Estado, que somos nosotros, desembolsará, para satisfacer una urgente necesidad de una parte del cuerpo social, 17.000.000 de dólares por año. Muy sencillo; si la prima por edad es de unos 630 pesos mensuales por jubilado y los beneficiarios son 55.000, una elemental operación aritmética lo comprueba: 55.000 se multiplica por 630 y este resultado primario se divide por 25 y luego se multiplica por 12.
Qué curioso, ahí mismo anida el sofisma. No es cierto que el Estado vaya a erogar esa cifra desde el 1º de enero de 2007. Primero, porque la prima por edad se pagará a lo largo de cinco años para los jubilados mayores de setenta años, y de tres años para los mayores de ochenta años; y segundo, porque, en el camino, y por razones tan obvias que las respalda la biología, la cantidad de beneficiarios disminuirá. ¿Una sutileza? Tal vez.
Nadie discute la sana intención del gobierno de restituir algo arbitrariamente derogado por la dictadura, luego de que otras cuatro administraciones democráticas fueran incapaces de hacerlo. Pero si aspira a la transparencia y a la credibilidad, cierta forma de comunicar las cosas puede transformarse en un riesgoso bumerán.
Después de todo, no cuesta nada informar como es necesario. Al caso, bastaría con explicar las cuentas tan claramente como si estuviésemos en tercer grado. *
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