Calendiario
1977.- A veces pocas palabras bastan. Otras, no alcanzan porque dejan dudas, crean traumas, dolores de cabeza, insomnios, malos humores. Según refiere Virginia Martínez en su libro «Tiempo de dictadura» , este día tan jugado por los orientales a las inocentadas encuentra al comandante en jefe del Ejército, teniente general Julio César Vadora, encomendando a los uruguayos a algo muy simple, fácil de asimilar y de llevar a cabo. En su categórico decir afirma: «El pueblo debe tratar de olvidar los problemas políticos». ¿A que problemas políticos se referiría? Los políticos ya no existían. Estaban proscritos o estaban muy lejos o estaban muertos. Serían problemas entre militares ambiciosos por hacer política. Además, alguien podría olvidar que estábamos en una dictadura, cuestión imposible de olvidar. Los más críticos pensaron que se trataría de una mala broma por estar en un «día de inocentes». Pero no creemos que fuera tan inocente para pensar que los uruguayos sí lo eran.
Por otra parte, si se dejaban de lado los llamados problemas políticos, uno tendría que pensar en los problemas económicos, sociales y de otra índole, más crueles, porque después de cuatro años de militares dominadores nada habían arreglado en su proyecto de país en desarrollo.
FELIZ DIARIO
19.. Nace Sirio Nadruz, maestro, integrante del Codicen y de la Anep en el período anterior.
IN MEMORIAM
1957. Este día muere Juan José Morosoli, periodista, escritor, un cuentista excepcional con personajes que reflejan en pocas letras su vacío, su soledad, su agobio, su existencia elemental que se pierde en un paisaje o ante una pérdida que aumenta su ausencia de un mundo real. En «Soledad», cuando Domínguez vende su caballo, Morosoli es capaz de decirnos: » La noche se había vaciado de golpe y en ella quedaba solamente él, al lado de las tunas, con un fuego apagado y un asado que no había comido, esperando que amaneciera.
No fumaba, no pensaba, no estaba triste, no hacia nada más que estar en la noche, hasta que se dio cuenta que era una bobada esperar que amaneciera.
No tenía nada que hacer. Ni traer pasto de la laguna.
Ya nunca, nunca, lo que se dice nunca, tendría más nada que hacer.
Nada. Nada.
Entonces se puso a llorar». *
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