2007
Esta es la última columna del año 2006. Hace tres que, sin falta, cada jueves, estamos acá. Comenzamos en el mes de enero de 2004, año en el que se definieron muchas cosas.
Veníamos de la campaña electoral de fines del 2003 por el referéndum derogatorio de cierta ley sobre asociaciones con privados por parte de Ancap, instancia que ganamos.
Entrábamos en las internas partidarias para la elección de candidatos a la Presidencia de la República.
Pasamos por las Elecciones Nacionales (que ganamos en «primera vuelta») e, instalando el nuevo gobierno y el nuevo parlamento, seguimos por las elecciones municipales (en las que conquistamos ocho intendencias).
A esta hora final del año, escribimos desde un parlamento que trabaja a «todo trapo» en leyes de enorme trascendencia para el país.
Se debe reconocer que la oposición ha votado muchas de ellas, ha enriquecido otras, y ha negado sus votos en varios casos. Pero, en suma, se ha trabajado y se está trabajando como pocas veces en la historia del Poder Legislativo.
Todos sabemos que el año 2007 nos espera con más ajetreo.
Ya se ha dicho: el principal desafío para el año que viene es crear fuentes de trabajo genuinas. Más, muchas más, de las que se han creado hasta ahora.
Basta conocer un poco el país para saber que la pobreza es todavía muy grande. Y que va a dar mucho trabajo erradicarla.
Eso es lo que más reclama y más exige la gente. La que está con el gobierno o la que está en contra: trabajo.
Es una suerte pertenecer a un pueblo que ante la enorme pobreza pide trabajar.
No somos economistas ni se necesita serlo para saber, sólo caminando por el país, que hay más «platita» en sus calles.
Que aumentó el consumo familiar, que se venden más boletos de ómnibus y más viajes de taxi, que los almacenes y supermercados aumentaron su facturación, que el consumo de los humildes subió.
Que aumentaron las exportaciones y los negocios adyacentes.
Y no se necesita ser adivino para saber que, producto de ello, hay muchas empresas y empresarios a los que, después de muchos años malos, les está yendo bien y muy bien.
Ante el gran desafío del 2007, complementando lo que desde el gobierno hagamos para ganar esa batalla por el empleo, es bueno recordar que si cada empresa, grande o chica, y hasta cada persona a la que le vaya bien, contrata un sólo puesto de trabajo, como son decenas de miles, pueden dar un impacto enorme sobre esa carencia, con resultados mejores que el de cualquier «programa social». Porque ese dinero, así «gastado», quedará circulando en nuestra economía a cambio de trabajo concreto, integración social y justicia.
Al equipo económico, sin ser economista ni mucho menos, le pediríamos en estas fiestas que trate por todos los medios imaginables de eliminar durante el año que viene todos, absolutamente todos los aportes patronales a la seguridad social. Porque ese es un nefasto «impuesto al trabajo».
A la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), cuyo director nos llamara hace unas horas para festejar los resultados de la industria pesquera en el 2006 y los nuevos cupos de pesca conseguidos por el país en los organismos internacionales, le pediríamos (ya le pedimos) que no se olvide de los pescadores artesanales desparramados por las costas marítimas, fluviales y lacustres del país, abandonados desde hace añares a la mano de Dios.
Pescan menos que los buques de mediana y gran altura, pero ocupan mucha más cantidad de brazos. Se trata de gente que trabaja como pocos, que no depreda y que carece casi por completo de «asistencia social» (debemos reconocer que gracias al actual directorio del BPS, van a comenzar en estos días a incorporarse al sistema nacional).
Llegó por fin la hora de hacer justicia con tan postergadas familias. No debe haber un solo departamento en el que su respectivo gobierno municipal no tenga algo que hacer sobre esta enorme fuente de trabajo. Ni qué hablar en los «balcones» de Uruguay a la mar: Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha.
A los que están en la Antártida (esto merecería un capítulo aparte), preparando y custodiando para nuestros hijos y nietos una enorme riqueza, que vaya junto al saludo, la demanda al gobierno para que no los olvide: en la próxima Rendición de Cuentas debemos acordarnos, y muy bien, de ellos y ellas. Se trata de un bastión estratégico de los uruguayos, muchas veces olvidado, al que no le deben faltar recursos.
A las obreras y obreros metalúrgicos del Uruguay que libran las más decisivas batallas de la producción en los puestos de vanguardia, vaya nuestro saludo, y nuestra demanda, a los organismos de enseñanza para que cuanto antes resuelvan las carencias de formación calificada que hoy, por desgracia, tenemos.
A la gente de la mar, y en especial a la recién formada Concertación Nacional por un Uruguay Naval, no sólo el saludo sino el compromiso de integrar esa columna mancomunada de intereses que viene preñada de fuentes de trabajo, riqueza disponible y proyección internacional.
Al Sindicato de la Aguja y a los empresarios de esa rama industrial, la que más puestos de trabajo en menos tiempo puede crear, tan asociada además a la industria textil, vaya el desafío pero también la mano tendida: este gobierno debe hacer lo imposible por facilitar su potencia ante mercados mundiales ávidos y disponibles.
Hemos elegido, al azar, algunos rubros colectivos humanos. Hay muchísimos más. Basten estos ejemplos por todos los demás.
Uruguay es un país sencillo y breve.
Enormemente rico.
No tiene justificación alguna en él la pobreza. Basta para solucionarla el sentido común.
No creo que estemos haciendo una gestión revolucionaria. Ni tan siquiera reformista. Apenas refundadora. A veces reconstructora y otras reparatoria. Reparaciones que llegaron muy tarde: con los fierros del dolor ya incrustados en los huesos. Pero llegaron…
Vayan como ejemplo de lo dicho las gestiones municipales de Canelones y de Rocha.
Déficits anuales descomunales (decenas de millones de dólares por año en Canelones). Atrasos y deudas babilónicas con los trabajadores, proveedores, bancos y empresas estatales.
En menos de dos años, en mucho menos, pasaron del déficit al superávit, regularizaron las deudas, pagaron al día (en especial a los trabajadores). ¿Es eso revolucionario? ¿Es eso reformista? ¡No! Es apenas buena administración. Algo elemental. Pero que faltaba.
Con las cuentas nacionales viene, más o menos, pasando lo mismo.
Por elegir un ejemplo: Zaidensztat.
Y entonces la plata aparece. La que el público pone para que se hagan las cosas.
Aún falta mucho. Pero estamos en camino. Con errores, falencias, tropezones, aprendiendo caso por caso, ministerio por ministerio y administración por administración. Después de ganar esa primordial batalla, estaremos en condiciones de pasar a otras.
Vaya pues nuestro saludo a las compañeras y compañeros que desempeñan nuestros compromisos en el Poder Ejecutivo nacional y en los ejecutivos y legislativos municipales. En todos ellos, aún en aquellos departamentos en donde no somos gobierno.
Sólo en Canelones hay veintinueve juntas locales y más de seiscientos ediles locales (de todos los «pelos» políticos, supremamente honorarios, que ponen de su bolsillo para trabajar), íntimamente vinculados a la gente, esperando que haya más recursos para poder ejercer, como es debido, el poder descentralizado y local.
Hace pocos días inauguramos una cooperativa de presos que hace pan en La Tablada. Cuenta la leyenda que cuando los Peirano (reclusos allí) quisieron afiliarse a ella, la asamblea de cooperativistas no les dio el ingreso por temor a que la vaciaran (como a tantos bancos…).
Ni los presos por gravísimos delitos contra la propiedad «bancaron» a estos banqueros. Esto da para un poema. ¡Es un poema!
El viernes pasado, ya tarde, víspera de las fiestas navideñas, tuvimo
s la suerte de saber que esa panadería no daba abasto.
Que por suerte la demanda era muy superior a la oferta.
Los presos son seres adultos: el gran beneficio será el de sus familias y en especial el de sus hijitos e hijitas. Esa trémula cosa que cuando viene la pobreza, o el infortunio, sufre las consecuencias en forma mucho más dura que el privado de la libertad.
En buena hora entonces: ¡feliz año nuevo! *
(*) Senador
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