Sultán
Enterado por la prensa que a veces no cuenta las cosas como han sucedido con exactitud porque, bueno, nadie es perfecto de la última pataleta de Astori por culpa del parlamento, he recordado un breve diálogo de «La colmena», de Camilo Cela.
Yo tengo un amigo, hombre adinerado y de gran influencia, que tiene un gato persa que atiende por Sultán, que es un prodigio.
¿Si?
¡Ya lo creo! Le dice: «Sultán, ven» y el gato viene moviendo su rabo hermoso, que parece un plumero. Le dice: «Sultán, vete» y allá se va el gato como un caballero muy digno.
Según la prensa, Astori habría reiterado su molestia por «los tiempos del parlamento», crítica muy poco sutil a la supuesta demora de senadores y diputados de la mayoría en aprobar unas leyes que para el titular de Economía son urgentes.
Pero es que los parlamentarios oficialistas no son gatos obedientes. Aunque busquen los mismos objetivos que el ministro, y aunque no descrean de la disciplina de un partido de gobierno, piensan; luego, existen. Es bueno, y creo que lo he mencionado ya, que no vayan y vengan instintivamente, inducidos por el llamado del amo. Menos mal que tienen vida propia y pretenden cumplir con su misión de representantes del pueblo para la que han sido elegidos, a diferencia de los integrantes del gabinete, porque allí reside gran parte de la base de una democracia auténtica.
Astori, que ha sido un brillante parlamentario, debería recordar que en esa democracia auténtica, siempre, estará «el otro». O sea el otro poder, que es independiente, que complementa, que equilibra.
Y siendo hoy un ministro responsable, nada menos que quien maneja la economía de la nación, debería entender de una buena vez que ir acompasadamente con ese otro, en mutuo respeto de las respectivas misiones, es indispensable para que se llegue al destino buscado, sin tropezones ni caídas
-¡Sultán, ven!
Y Sultán ronronea, se estira y se queda donde está. Y le guiña un ojo al que lo llama, a ver si se aviva. *
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