Mejor una brisa
María Julia anda muy a su aire. Y ese andar a su aire de María Julia tiene al menos una característica peculiar: cuando la domina la ansiedad por resolver cosas, o cuando la trastorna el malhumor porque esas cosas u otras se estancan, se vuelve un torbellino humano con el que es muy difícil conciliar.
Wimpi decía que al tipo le cuesta tener una visión completa de la realidad porque no es capaz de integrar su mirada personal a las distintas miradas de aquellos otros con los que, en determinadas circunstancias, debe vincularse.
Esto parece y reitero, parece estar pasándole a María Julia con algunos senadores de la bancada de gobierno acerca del proyecto de descentralización de ASSE, cuya sanción ella pretende en brevísimo plazo y los legisladores quieren retocar a raíz de algunos informes de juristas de nota. Ciertamente, ese proyecto es esencial a la reforma del sistema de salud en la que se viene trabajando desde el inicio de esta administración: separa en ASSE que es la red asistencial de centros públicos la función de prestador de servicios de la función de control, a fin de que, con la necesaria autonomía y exigiéndosele resultados, pueda desarrollar tanto los hospitales del Estado como la llamada asistencia de primer nivel.
Ocurre, sin embargo, que esos retoques en los que ya están trabajando los senadores oficialistas buscan resolver unas observaciones constitucionales muy fundadas. Y todo indica que, pese a la impaciencia de la ministra, Mon- tesquieu como he recordado antes para aplicarlo a otras cuestiones aún vive y lucha. Y eso es bueno.
María Julia tiene un sólido prestigio de mujer inteligente, pragmática y profesional. Y se la conoce también como una persona avasallante. Bueno, a veces, para que las virtudes no desmerezcan ni surjan tensiones cuando se necesita serenidad y reflexión, conviene dejar que el torbellino se transforme, por un tiempito, en una suave brisa.
Es médica y, supongo, sabrá cómo hacerlo. *
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