Tiene la Palabra

De Marcos Gabay al Pepe Guerra y a su abogada, también a la sonriente jueza

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El público desconoce, no está informado, que en estos momentos e iniciadas las gestiones hace unos años, se está enjuiciando al cantante José Luis Guerra Perdomo por despedir del elenco de músicos que lo acompañaban desde hacía varios años, aquí y en sus giras por el exterior, sin pagarles la indemnización correspondiente.

El despido se produjo abruptamente cuando el señor Guerra se molestó por la insistencia de estos músicos en continuar reclamando aumento del salario que el patrón de la orquesta eludía sistemáticamente. Sabía lo que hacía. Se aprovechaba de un vacío legal contractual entre el patrón y sus empleados que la inspección del Ministerio de Trabajo no controla hasta el momento, a pesar de la proliferación de estos conjuntos bajo la dirección de similares patrones que explotan en su provecho como una corporación de lealtades esta situación. Sin respaldo contractual que, en general, los patrones como Guerra no firman Marcos Gabay Vigil (contrabajo y canto) y Oscar Burgueño (baterista) que desee el año 1994 trabajaban regularmente en todas las presentaciones del país y en el extranjero, en 1999 luego de un nuevo reclamo de salarios fueron despedidos por el llamado «Pepe». Ya había tenido problemas similares o de trato prepotente con otros músicos como el baterista «Chichito» Cabral, el tecladista Sebastián Larrosa y otros. Tras mucho tiempo de desocupación, angustia y miseria en medio de aquella injusticia, fallecieron Marcos Gabay Vigil y Oscar Burgueño.

Después de largos años de silencio procesal sin explicación, el martes 5 de este mes se realizó la última audiencia antes de la Feria Judicial Mayor para ajustar detalles formales. Estábamos presentes los deudos de Marcos Gabay y de Oscar Burgueño y el abogado patrocinante y por el otro el señor Guerra y su abogada. En un momento de la interlocutoria la jueza actuante, debatiéndose entre papeles a los que no acertaba, introdujo el tema de la seducción que provocan los artistas en las mujeres, incluso entre sus funcionarias cuando aparece un artista popular como Guerra.

Ocurrió -dijo- también con otro. La jueza admitió que de eso no sabía nada, que solamente era oyente y seguidamente se entabló una fluida corriente de comentarios sarcásticos donde llamaba la atención la estruendosa risa de la abogada del cantor, la fingida humildad de éste y la sonriente colaboración de la jueza en este juego violentamente reñido con el debido proceso, estableciéndose un virtual lazo de simpatía, cuando no de complicidad, entre la jueza y la parte demandada. Nuestra parte permaneció en silencio indignado ante tal demostración de frivolidad y ofensa a la sana razón de este tribunal. Una fuerza irreprimible, de pronto, me hizo levantar la voz sin autorización y salir en defensa de mi hijo y de mis mejores virtudes en contraste con el jolgorio picaresco e irrespetuoso de la parte demandada con aportes de la jueza y agravio a las dos muertes que dieron curso al motivo de la litis. Una vieja leyenda del Renacimiento, cuenta, alterada por la tradición oral y males de la fantasía, el triste final de un cantante muy popular en los barrios bajos de Florencia, encontrado muerto en un burdel rodeado de sus admiradoras. Abrumado por secretas negruras de su alma que no alcanzaban a dulcificar los halagos de sus fieles se colgó de sus cuerdas vocales. La jueza debiera estar informada de los casos que trata y despojarse de sospecha de parcialidad por sus actitudes como lo indican las normas de derecho.

Lo saluda.

MARCOS GABAY (PADRE) C.I. 445.249-7

 

Hasta siempre, compañero

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Nada debe doler más que una muerte. Aunque, las madres y familiares de desaparecidos, dicen que la búsqueda, la incertidumbre, los años de dudas y esperanzas, las mentiras, son como múltiples muertes.

Hoy me levanto con la noticia de la muerte de Hugo Cores. «El Hugo». Pensando, siento que «El Hugo» siempre va acompañado de la palabra compañero. Como aquel otro Hugo entrañable y querido: Hugo Batalla.

«El Hugo». Decir «El Hugo» es un acto de pertenencia. Es decir, «lo estoy incorporando a mi círculo personal de seres cercanos y queridos. Lo estoy homenajeando eternamente… porque este grande, tuvo un momento de su tiempo, de su vida, para atenderme, escucharme, acompañarme… sentirme». «Caminó conmigo. Por un momento, detuvo su vida, su trabajo, su pensamiento propio, para integrarse a mi planteo, mi pensamiento, mi sueño. Mi sueño, que tampoco es mío ni personal, sino que toma carne en un colectivo, en el beneficio del pueblo, y en especial de los más necesitados. En ese campo, Hugo Cores, siempre supo estar. Fue sensible, activo y militante de la vida.

Luego del triunfo del Frente tomé contacto con él. Me invitó a su casa. A su hogar. Charlamos. Le hablé de la izquierda en el poder. Del cambio. De la educación y de las bibliotecas. De la necesidad de realizar un gran esfuerzo, para educar e informar a todo el pueblo. Entendía yo, que las bibliotecas, como los medios de recursos para acceder a la tecnología, la comunicación y la educación, mientras que los pobres, o muy pobres, dedican mucho tiempo a sobrevivir… a buscar comida en los techos de basura. A conseguir trapos para cubrir a sus hijos… mientras que otros desechan ropa o calzados porque «están fuera de moda». Realidades que hieren. Hugo me escuchaba. Sabía escuchar. Y también sabía hablar. Se entusiasmó. Mi planteo pasó a ser su planteo. No precisaba que nadie le contase aquello que él tanto conocía. Al fin de cuentas, «El Hugo» era un verdadero hijo del pueblo. De él venía, e inmerso entre los más necesitados, y entre los obreros y estudiantes, era donde mejor se sentía. Me contó de bibliotecas y bibliotecarios en Francia. De experiencias populares, y de resultados. Me dijo que sí, que él estaba seguro que otro Uruguay era posible. El Hugo no era un simple soñador. Era un luchador. Dispuesto a dar todo su talento, en pro de ese cambio impostergable.

Se paró. Me convidó a tomar un café. Me pidió que lo acompañara a la cocina, y juntos, en una cafetera muy antigua, preparamos el café. Me sentí conmovido. Como conmovido estoy ahora, recordando esos momentos. Me hacía ver con ese gesto, que yo no era una visita. Que en este lenguaje y preocupación de vida, me sentía «de su casa».

Le hice ver que había que acompañar a Tabaré y a su gente en el gobierno. Que la izquierda tenía que estar unida ¡y muy unida! Que nunca tendría que pasarse por una experiencia de izquierda dividida y no fraterna.

Que había que recordar siempre la experiencia del gobierno de Salvador Allende en Chile. Le hice ver que había que poner a nuestros mejores hombres en los mejores lugares. Y que, este país magnífico tenía hombres y mujeres muy calificados, obreros de la vida. Que deberían estar en los mejores puestos del gobierno popular. Me escuchó. Me dijo que sí. Pero que el compromiso estaba en formar nuevos cuadros. Para que con el tiempo, más gente acompañase y apuntalase el proceso de cambio. Me hacía ver -y creo que allí estuvo su esfuerzo de vida- que al gobierno lo respalda el pueblo. Que es éste quien tiene que marcar los ritmos y los rumbos, y acompañar con su voz y su presencia, los pasos que va dando el gobierno al ejecutar las grandes decisiones.

Se tenía que ir. Nos despedimos. Debía escribir una nota para LA REPUBLICA. Desde allí, difundió últimamente sus ideas, sus puntos de vista y «su línea».

Al Hugo lo sorprendió hoy la muerte. Lo encontró de pie. Grande. Luchador. Compañero. Los lectores de LA REPUBLICA, los militantes de izquierda, El Frente, su PVP, los obreros y estudiantes, perdemos físicamente a un guerrero de la vida, e
s bandera de compromiso por las grandes causas populares. Te despedimos con un «hasta siempre compañero».

MARIO ABELLA-  [email protected]

 

Celebro el editorial de Eduardo Sanguinetti

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Como asidua lectora de este prestigioso diario, quería felicitar calurosamente al filósofo Eduardo Sanguinetti por el editorial del 2 de diciembre de 2006 «A propósito de la libertad», en el que expresa en forma clara y precisa lo que muchos quisiéramos decir.

«Verdad sin libertad» como dice este filósofo, molesto para la Argentina que nos toca vivir y padecer, y que debe sufrir un exilio en los medios de mi país impuesto por el poder de los necios que censuran su libertad de expresión. Atentamente,

VIVIANA KUPERMAN – D.N.I. 10.9294.339

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