La magia del timón

«Los ojos que estás mirando son ojos porque te ven»

Cito de memoria y mal lo que el poeta, citado por Tabaré el sábado pasado, dijo mucho mejor.

Con ello, el Presidente de la República, dando comienzo al análisis de nuestras virtudes y carencias cuando finalizando el año nos acercamos a los dos de gobierno, se refirió al pueblo que nos mira, a los millones de ojos que nos ven.

La desocupación es el principal problema. Por lejos.

El trabajo es la aspiración y, al mismo tiempo, la mayor palanca para resolver los graves problemas que nos afligen.

«Estamos recimentando una casa con gente adentro», dijo. «Y ese cimiento, que luce poco a la vista porque es cimiento, es la política económica», agregó.

Para avanzar en el sentido principal y en lo inmediato, debemos sistematizar la ejecución del Uruguay Productivo, área en la que hemos obtenido logros espasmódicos pero en la que no hemos logrado armar el núcleo central que impulse la propuesta.

El año que ya comienza trae sendos y grandes desafíos:

Construir el Compromiso Nacional por el Empleo, los Ingresos y la Responsabilidad, que abarque la actividad pública y la privada.

Elegir, diseñar y ejecutar políticas activas de empleo.

Transitar desde el Plan de Emergencia hacia el Plan de Equidad que incluirá a TODA la población, a TODO el Poder Ejecutivo y a TODO el gobierno.

La reunión del sábado en la casa presidencial abarcó muchos otros temas, pero hoy queríamos referirnos al que a nuestro juicio es central y decisivo: el trabajo.

Y traemos una buena noticia.

La Untmra (Unión Nacional de Trabajadores Metalúrgicos y Ramas Afines), junto con la Cámara de Industrias Navales (gremial empresarial de astilleros y talleres navales), ha decidido emprender la quijotada de construir una «CONCERTACION NACIONAL POR UN URUGUAY NAVAL».

No es nuevo, para ningún senador que haya trabajado, presenciar una reunión de obreros y patrones mancomunados tras un objetivo.

Supongo que eso antes era raro, pero desde 1999 en adelante y en aciagas horas anteriores y posteriores al desastre de 2002, vimos ese peregrinar por el Senado y por las calles.

Lamentablemente doliente: se clausuraban ramas industriales enteras (como la del calzado por ejemplo), se cerraban fábricas una tras otra, y junto con las deudas impagables pulularon los concordatos.

Fue entonces, ante esa paliza con garrotes aplastantes, que los principales sectores de la actividad nacional realizaron gestiones y acciones conjuntas hasta llegar, incluso, a movilizaciones multitudinarias y abarcativas como la que nos condujo una tarde de llovizna al pie del Obelisco: se derrumbaba por demolición el país productivo, tanto en el campo como en la ciudad.

Lo de ahora es diferente: mira para adelante. Apuesta al futuro.

Obreros y empresarios de una importantísima rama industrial emprenden el camino del mar con los remos al hombro, en un país que, para su desgracia y la de todos, le dio en mala hora la espalda.

Saben que tienen el triunfo al alcance de la mano; conocen que la oportunidad está servida pero temen, deben temer, la advertencia de Einstein: «Es más fácil disolver un átomo que un prejuicio». O un hábito, tanto da.

Y el peor de los hábitos es el de las ideas.

Sin embargo, en un documento fundacional que nos han hecho llegar, un ingeniero de extraña buena pluma para las matemáticas, nos dice:

«Todos conocemos cuál es la función del timón: gobernar o conducir el buque hacia donde se quiere llegar. El giro de una pala de timón (con pocos metros cuadrados de extensión) provoca que un buque de doscientos metros de eslora modifique su rumbo.

Es decir, un pequeño cambio produce un gran efecto. Más aun en los casos de los timones Becker o timones con flap, en los cuales un alerón de reducidas dimensiones, al cambiar levemente de posición, acelera el giro del timón y produce un cambio notable en el rumbo de un barco gigante, venciendo su inercia. El flap funciona como un timón en miniatura del propio timón principal, generando un formidable efecto multiplicador a partir de un esfuerzo mínimo. Esta metáfora nos ayuda a comprender el gran aporte que puede hacerle a nuestro país (el buque) la industria naval (el timón) si logramos formar un «grupo flap» que inicie los cambios necesarios. Debemos recordar, también, que los timones necesitan de sus dos bandas (babor y estribor) para crear el efecto hidrodinámico deseado».

Hasta aquí la cita.

Se trata de dar media vuelta a un país que está de espaldas al mar.

Este emprendimiento al que vamos a tratar de apoyar lo mejor posible, entre otras cosas para que contagie, viene, además, como anillo al dedo de las preocupaciones y carencias nacionales: se trata de un sector industrial INTENSIVO en la demanda de mano de obra (más que la industria de la construcción).

Tiene un fortísimo poder de dinamización indirecta que, a su vez, demanda mano de obra.

Requiere trabajadores calificados y califica trabajadores.

Lo mismo sucede en sus áreas técnicas: necesita el aporte de mucho personal técnico y profesional.

Ocupa más mano de obra en las «reparaciones» que en la «construcción naval», pero en ambos casos necesita mucha.

Y las circunstancias y oportunidades, por lo general calvas, existen:

La demanda creciente tanto de construcción como de reparaciones no está cubierta por la oferta disponible en todo el Río de la Plata. Hay pues, un ancho mercado creciente.

Esa sobredemanda se debe al crecimiento del tráfico naval en la zona (en especial en la Hidrovía) y a que los astilleros del mundo están ocupados por uno o dos años.

Actualmente, luego de un «salto» espectacular, navegan mil doscientas barcazas fluviales por la Hidrovía (la mayoría «de segunda mano»). Pero la necesidad es de mil doscientas barcazas más. Uruguay está construyendo cuatro a razón de dos por año de acuerdo con la capacidad instalada. Paraguay, que ha desarrollado esta industria, viene construyendo una barcaza POR MES.

A la vez, en la medida del aumento de dicha flota, crecerá la demanda por reparaciones.

Uruguay ofrece condiciones muy favorables para la construcción de buques de ese porte (barcazas, pesqueros, remolcadores, patrulleros oceánicos…) y tiene al respecto un brillante pasado. Necesita políticas estratégicas que revitalicen la actividad. Y que no están fuera del alcance de las posibilidades existentes.

Somos la entrada de la Hidrovía y, mirando para el otro lado, del Océano (Chile construye hoy barcazas transoceánicas)…

Gozamos del régimen de Puerto Libre.

Tenemos aeropuerto cercano a los principales talleres navales (la vía aérea es importante para traer rápidamente los repuestos necesarios para todo tipo de avería).

El sector cuenta con algunas ventajas impositivas.

Existe armonía entre el sector y las autoridades portuarias.

Se dispone de buenos instrumentos financieros utilizables, como por ejemplo la Hipoteca Naval.

Existen posibilidades de reparar barcos de mayor porte e incluso construir diques para los más grandes.

Se están realizando ya fuertes inversiones que apuntan al futuro.

Otro día nos extenderemos en detalles, en panorama regional, en escollos, en carencias y en debilidades.

Pero queda claro que obreros y empresarios del sector (incluida la Armada) se han puesto de acuerdo para impulsar una CONCERTACION NACIONAL POR UN URUGUAY NAVAL a la que pronto se integrará la MARINA MERCANTE y, es de desear y exigir, EL ESTADO.

Porque esta vez la iniciativa no vino de él y, encima, se adelantó a las decisiones gubernamentales que proclaman, convocan y confirman lo que en eso
s talleres del mar ya está en marcha. *

(*) Senador

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