La maravilla negra
Todo un personaje del ayer montevideano. Eso fue José Leandro Andrade, llamado por los asombrados franceses «La Maravilla Negra». Sublime artista del fútbol que deleitó a los aficionados por las primeras décadas del siglo XX. Bohemio que nutrió la memoria colectiva de los vecinos que contaron sus historias en los boliches y cafetines. Negrazo de puro abolengo ya que de muy pibe demostró su otra pasión, las lonjas candomberas. Y en los campitos del Parque Urbano descubrió su eterno romance con la guinda de cuero. Se comenzó a destacar con la camiseta de Bella Vista. Plasticidad, muy alto, cuando avanzaba a grandes trancos con la pelota imantada se quebraba como un junco. Los barrios se asombraron con ese negro que tanto jugaba de «jás» como de «centrojás» y la hacía chiquita a puro talento. Era esquivo para los entrenamientos y muchas veces el «mariscal» Nasassi tenía que ir a buscarlo al Centro Recreativo El Moscón, de Uruguayana y Larrobla, donde había grandes parrandas. Con los celestes fue a los llamados Juegos de París donde brilló su estrella de maestro. En la Olimpíada de Colombes la prensa de Europa lo bautizó «la Maravilla Negra». Ese plantel retornó al Uruguay pero Leandro «no quiso» y se quedó un tiempo disfrutando de los placeres de la Ciudad Luz de principios de siglo. La noche del Moulin Rouge lo reconoció como uno de sus adeptos y Josephine Baker, la diosa de Ebano, fue su amiga. Se comentó que varias damas de la sociedad francesa quisieron retenerlo a su lado deslumbradas por su temperamento y vigor.
Días en que su piel canela se puso de moda entre las más bellas francesas.
Luego, con el equipo tricolor retornaría a Europa y a sus bohemias andadas.
Ya famosísimo, todos los vecinos comentaban las anécdotas de Leandro. Cuando partió la delegación celeste a los Juegos de Amsterdam, el moreno no apareció. Pero, igual llegó a tiempo para esos partidos en Holanda donde Uruguay obtuvo otra medalla de oro. Al regresar, su locura por el candombe lo llevó a salir como integrante de los legendarios Nyanzas. También en Los Pobres Negros Cubanos, donde sus compañeros lo llamaban «monsieur», algo que a Leandro le encantaba.
En la Copa del Mundo de 1930, fueron espectaculares sus famosas «tijeras». También con la casaca aurinegra realizó proezas.
Tuvo también su pasaje por el fútbol argentino y finalmente, aún joven pero con el físico deteriorado por sus noches de bohemia, el destino lo hace finalizar su carrera en el añejo Wanderers. Leandro Andrade fue campeón olímpico en el 24 y en el 28, del mundo en el 30 y su nombre figura en el Salón de la Fama de la FIFA.
Así fue La Maravilla Negra que asombró con su atildado fútbol y en las noches de París, vistiendo galera y frac, tuvo las más bellas mujeres.
En las orillas del Sena y en las callecitas de Palermo dicen que aún se pasea su elegante figura. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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