En busca de sexo seguro, parejas swingers uruguayas derivan hacia el "voyeurismo"
La misma mujer cuenta más adelante: «Llevo aquí una hora y lo único que he intercambiado son cigarrillos. Se supone que deberíamos intentar ligar con otros swingers menos tímidos que nosotros, pero por ahora no atinamos más que a mirar». Esa precisamente, parece ser ahora la tónica predominante entre un considerable grupo de parejas swingers uruguayas que han decidido cambiar de «estrategia». Sin dejar de apostar «a la trasgresión», según dicen Susana y Fede, ni a «la audacia de dar el paso de compartir momentos de sexualidad y erotismo con otros», estas parejas que en algunos casos llevan años practicando este tipo de relaciones, disfrutan ahora como «mirones». «Y también un poco exhibicionistas; mirar y que nos miren… más que nada es eso. Dos o más parejas en un mismo ámbito, haciendo de todo, pero sin intercambio…», cuenta Fede. Susana agrega que «descubrimos que es una forma nueva de tener sexo seguro con relaciones abiertas y en situaciones muy erotizantes».
El matrimonio, cuyos nombres reales prefieren mantener en reserva («Susana y Fede ni siquiera son nuestros nombres de ‘guerra'; te imaginarás que en ese círculo nos conocen de esa manera»), asegura sentirse muy a gusto con esta modalidad que cada vez gana más adeptos.
De frente y sin engaño
Susana y Fede están casados hace 8 años y se consideran en términos generales, una pareja común, «sólo que hemos decidido y nos hemos animado a vivir nuestra sexualidad a pleno», cuentan. El swinger llegó a sus vidas hace tres años y dicen haber vivido experiencias muy hermosas. «Hoy optamos por otra cosa», dice Susana, pero sin perder «los principios elementales del swinger; somos los mismos, nada más que nos sentimos más seguros». Por su parte, Fede dice que desde siempre, la finalidad swinger «más elevada consiste en que, al vincularte genitalmente con otras parejas bajo la atenta mirada de tu consorte, estás evitando que te atrape el sexo extramarital y el engaño». Susana está convencida de que la gran mayoría «de matrimonios comunes practica la infidelidad secreta. El swinger, además de ser un espacio de libertad es una expresión de honestidad; es muy reconfortante esa aventura conjunta, esa libertad sexual que surge del consenso… es como alguien dijo ‘un adulterio vigilado’.»
«Tengo una casa en el campo…»
Preciso es decirlo, de una relación amistosa entre dos parejas swingers surgió la idea de una salida concertada, invitando a más parejas para pasar un fin de semana en una casa de campo en las afueras de la ciudad de Durazno. «A primera vista la distancia puede ser una limitante, pero también comprobamos que facilitaba la reserva, la discreción, y más que nada la seguridad», dice Fede. Susana agrega que «estamos lejos de miradas indiscretas, de cazadores de fotos, de aventureros y de oportunistas». Cada 15 días, entre quince y veinticinco parejas se dan cita en este lugar, en donde todo vale menos tocarse; lo único que está prohibido es el intercambio. «Es decir, que es un homenaje al voyeurismo», asegura Susana. Los participantes de estos encuentros de mirones dicen mantener los mismos «códigos y decálogos del intercambio swinger en cuanto al respeto, los límites y el relacionamiento», pero aquí «es más fácil -asegura Susana-, ya que todas las parejas asumimos que sólo venimos a mirar y ser mirados, si eventualmente hay quienes desean pasar a otro plano, deben retirarse de la casa». La casona, ubicada a pocos kilómetros del centro de Durazno, pertenece a uno de los matrimonios «pionero» en esta iniciativa. Durante la realización de los encuentros, dentro del lugar es posible consumir bebidas y alimentos; la casa cuenta además con una serie de servicios que nada le envidian a un pub de alto nivel o «a cualquier casa swinger de las mejores de Brasil», dice Fede. Cada pareja debe abonar previamente un tique para obtener la clave que le permitirá conocer los detalles de la fiesta y acceder a la casa.
La mirada pornográfica
En «La mirada pornográfica» Román Gubern dice que «los dos motivos estadísticamente más recurrentes en la pintura occidental han sido el paisaje y el cuerpo humano, es decir, el paisaje natural y el paisaje antropológico. Mientras que la civilización industrial se ha encargado de demoler la iconografía paisajística, en la era massmediática ha seguido vivo y en pie el culto icónico a la anatomía humana». Ese culto parece renovarse y cobrar nuevos adeptos entre estas parejas uruguayas que sin abandonar el swinger se internan en una experiencia distinta. «En la cultura de masas mercantilizada -explica Gubern-, el culto a la anatomía humana ha contado con el plus añadido de exhibicionismo para unos y de voyeurismo para otros… (…) Sin embargo, lejos con toda seguridad de estas sesudas consideraciones profesionales, estos swingers uruguayos continuarán apostando al voyeurismo, extendiendo una práctica que a estar por las expresiones de Susana y Fede, cada vez gana más adeptos. «Somos un poco reacios -dice Fede, a abrirnos a todo el que quiera participar; la casa de encuentros tampoco puede recibir muchas más parejas, pero pensamos que quienes deseen practicar esta forma de sexo diferente deben buscar juntarse en grupos entre matrimonios afines y organizar sus propias salidas». Susana asegura que «no se van a arrepentir». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad