Borbaberry y Blanco procesados

¡Es justicia!

Quien esto escribe, unos meses antes había terminado otra experiencia laboral frustrada por una clausura, la de la hermosa concreción que fue el diario Ultima Hora, en que un pequeño abanico de grupos frenteamplistas pusieron el hombro para concretar aquel esfuerzo unitario difícil pero aleccionador, compartido por socialistas, comunistas, sectores vinculados al doctor Francisco Rodríguez Camusso, independientes de izquierda, etc. Que, en una etapa final fue orientado también por Federico Fasano.

Por supuesto que nuestra vocación se mantuvo e intentamos otras cosas. Seguimos en El Oriental, con el compañero Reinaldo Gargano como orientador, semanario que fue objeto de la agresión de la operación «Mordaza», acción de censura manejada por el Ministerio del Interior pero en la que tuvo que ver un personaje siniestro, que hoy habla de la libertad de prensa, el señor Danilo Arbilla, como encargado de difusión pública de la Presidencia de Juan María Bordaberry.

Se armaba el semanario, se lo componía (recuerdo que se imprimía en los talleres de BP Color, de la calle San José tras la ONDA), y en el momento de salir de rotativa, con la edición terminada, se le encontraba el «pelo a la leche» y se impedía su aparición.

Allí también participaba del esfuerzo militante aquel gran compañero y socialista, el doctor José Pedro Cardoso.

La operación «Mordaza» ideada en la Dinar era efectiva, porque una publicación débil, no podía vivir semana a semana esa situación por más fuerza y entereza que pusiéramos quienes la concretábamos con la ilusión de comunicar nuestras vivencias políticas a los lectores.

El Oriental se apagó como una vela en el ventarrón de la ignominia y el oscurantismo. Luego vino otra experiencia arriesgada para el momento histórico, la revista Patria.

Para algunos la carencia de un órgano de prensa, de un instrumento diario, semanal, quincenal o mensual, que oficiara como organizador colectivo, era un peso demasiado insoportable y aparecía como necesario utilizar los resquicios que todavía dejaba al régimen cívico militar para tratar de llevar a la gente un mensaje, por lo menos a través de «claves», porque el 99 por ciento de las cosas no se podían ni siquiera mencionar.

Por supuesto que la experiencia de aquella revista magnífica, viniéndome a la mente con emocionado cariño las presencias de Guillermo González, de Carlitos Lorenzo, de Carlos Machado, de Lincols Maiztegui, y de muchos otros que no quiero nombrar, porque quizás me olvidaría de muchos y también, porque todo aquello tal vez haya determinado distintas vivencias y hoy algunos ratificarán que aquel pasado militante, aquel esfuerzo, fue nada más que una «aventura» infecunda que iba solo al desastre. Quizás hayan aparecido visiones distintas sobre aquel pasado compartido.

Por supuesto, vivíamos ya la dictadura encabezada por Juan María Bordaberry quien, de alguna manera, fue también el responsable de lo ocurrido con mi familia y muchas más, la que debió abandonar el país luego de ese proceso de cerrazón que oscureció totalmente el camino para la expresión de las ideas.

Por supuesto, la agresión contra la Universidad de la República, que determinó el alejamiento de mi esposa de la misma, que no podía continuar  luego de dos detenciones por reunirse con colegas  impartiendo enseñanza dentro de ese ámbito intervenido, en el que desapareció totalmente la libertad de cátedra, la posibilidad de pensar distinto, de disentir, que es el sentido mismo de esa casa de estudios, y nos dejó en la orfandad.

Hay otros hechos enojosos o dolorosos, quizás más graves en lo personal  nimios comparados con los padecimientos que vivieron otros compatriotas ,

que también sirvieron para que debiéramos abandonar nuestro terruño, el lugar de nuestros padres, donde teníamos nuestro hogar, habían nacido nuestros dos hijos, donde quedaban nuestros cariños.

Debimos trasladarnos a otro país buscando la seguridad que aquí habíamos perdido, con hijos pequeños, otro en vías de nacer, en un presente, aquel totalmente incierto y un futuro a construir desde la nada.

No hubo ningún heroísmo en nuestra acción, solo un sentido de preservación, de querer la libertad personal, sabiendo que ella en esta tierra  por obra y gracia de quienes estaban gobernando (Juan María Bordaberry y su canciller, Juan Carlos Blanco entre otros muchos)  había caducado.

Tampoco podíamos, como personas normales que nos sentíamos  no lo admitíamos para nuestros hijos- vivir ese horror cotidiano, el de la represión continua, el de los comunicados de las fuerzas conjuntas en que siempre esperábamos ver aparecer a algún amigo que había caído en esa etapa, una de las tantas que se fueron dando sucesivamente.

La mía es una historia menor, que hoy me viene como en tropel a la mente y tengo ganas de escribirla. Quizás con errores cronológicos en algunas etapas de los periódicos nombrados, pero sentida y fundamental para mi existencia y la de mi familia.

Es que la resolución de la Justicia adoptada a través del juez Roberto Timbal, y a proposición de la fiscal Mirtha Guiaze, decretando el procesamiento por «asesinato muy especialmente agravado» del ex dictador Juan María Bordaberry y de su canciller, Juan Carlos Blanco, me ha removido las entrañas.

Esa coraza construida por muchos elementos, entre ellos la indiferencia que van dando los años y que nos había hecho medir las cosas de una manera más fría, menos dramática, se rompió.

Sin embargo cuando el hecho se desencadena, cuando la Justicia actúa (justicia no significa revanchismo ni venganza), es que nos parece que en el Uruguay los otros problemas se atenúan por un momento, especialmente para quienes sufrimos de distinta manera las consecuencias de aquella tiranía atroz.

Pero no nos olvidemos (y nadie lo debe hacer y menos aún el gobierno), que la problemática del país va más allá. Que la justicia comenzó a hacerse con delincuentes de lesa humanidad, pero faltan otros a los que también hay que castigar con el peso de la Ley. Está allí el «gran» responsable, el general Gregorio Alvarez. ¡Nunca lo olvidemos!

Además hay otros temas, porque mientras haya una familia que deba recurrir para alimentarse a los despojos depositados en un depósito de basura, y encontremos  como vimos anoche mismo  a niños pernoctando en portales y más del 10% de los uruguayos no tengan trabajo, la justicia no será plena.

Sin embargo tenemos fe

«Es justicia» *

(*) Periodista

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