La fiesta democrática del rojo, azul y blanco

El domingo fue una fiesta democrática y frenteamplista. Con una participación y un entusiasmo propios de la mejor historia del rojo, azul y blanco. A diferencia de todas las realizadas anteriormente, estas elecciones internas del Frente Amplio fueron las primeras desde que asumió el gobierno nacional. Esta condición, las de ser elecciones internas de la fuerza política en el gobierno, las hizo distintas a las anteriores, particularmente porque llegaron en un momento especial del período: cumplidos veinte meses, ya cerca del fin del segundo año de gestión, cuando la nueva administración acelera el paso con mayor conocimiento del terreno y varias de las reformas ingresan en su concreción. La reforma tributaria tiene media sanción en Diputados, los cambios en la salud avanzan, al igual que el debate educativo y el vinculado con la defensa nacional. En el campo económico y social los números son muy alentadores.

Pero el momento político también resulta especial porque estamos en plena ofensiva del bloque conservador contra el gobierno. No es casual que este momento, un tercio de los sesenta meses de la gestión, cierre de una primera etapa y comienzo de la siguiente, sea el elegido por la oposición para articular su ofensiva contra todas las iniciativas que están impulsándose. Dieron por terminado el período de la actitud «amigable», que en realidad nunca fue tal, y como la necesaria gradualidad del proceso de cambios hace que a esta altura las mejoras no sean de evidencia categórica   salvo para los sectores más sumergidos   consideran que llegó el tiempo del hostigamiento implacable y de la confrontación sistemática. El bloque conservador pretende el aislamiento del gobierno, busca erosionar su base social en sectores empresariales y medios, presentando el nuevo esquema tributario como injusto y regresivo; y cuestiona la legitimidad de sus actos, acumulando denuncias sobre supuestas inconstitucionalidades, con lo que entra deliberadamente en un campo peligroso. La reciente interpelación al ministro de Cultura fue una acumulación de acusaciones injustas sobre desbordes de poder, ruptura del estado de derecho, incumplimientos voluntarios de la ley y otros dislates. Se busca horadar la credibilidad no ya política sino institucional. Cada tanto asistimos a una operación mediática que termina en el pedido de renuncia de algún ministro por causas inverosímiles.

Pues bien, en este encrespado mar político el Frente Amplio realizó el domingo pasado sus internas. Vale preguntarse por qué lo hizo, por qué asumió ese riesgo y compromiso. Porque somos diferentes. La respuesta es que un gobierno de cambio, progresista y de izquierda, necesita del referente político para el desarrollo de su gestión. Muchas veces hemos visto que «el gobierno se comió al partido». Por ello, aquí, respetando la independencia de cada una de las áreas, la fuerza política debe estar a la altura de sus responsabilidades, que no terminan la noche del escrutinio. Mientras el gobierno tiene la responsabilidad de llevar adelante la gestión dentro del programa partidario de acuerdo a las posibilidades que presenta la coyuntura, la fuerza política posee un importante e insustituible papel en la definición de las grandes líneas de acción, de las prioridades, de las inevitables postergaciones, de la difusión de sus logros, de la organización de los sectores sociales de apoyo, de dinamizacion de la participación social en las politicas públicas, y también de la actualización del marco programático que da sustento a la acción gubernamental, ya que la realidad dista mucho de ser estática y, por el contrario, es cada vez más cambiante y dinámica. En este último sentido, se está concretando la creación de la Fundación Líber Seregni, que esperamos poner en funcionamiento antes de fin de año, con la idea de que se transforme en un centro de análisis y actualización programática e ideológica para la izquierda en su conjunto, permitiendo que llene un espacio en la elaboración de las ideas progresistas y ayude significativamente en la materia.

A través de estas internas se ejerció la democracia directa y se actualizó la legitimidad de las autoridades partidarias, se estimuló la participación militante y ciudadana. No debemos leer sus resultados como un plebiscito sobre la gestión global ni sobre la de este o aquel ministro. Cualquiera que sea la distribución interna de los votos, no se producirán cambios sustanciales en el rumbo del gobierno debido a la independencia con que éste actúa. Podrá ponerse más énfasis en tal o cual cosa, pero la orientación general no está en cuestión. Más bien debemos pensar que el Frente se ha consolidado como actor político y que prepara la estructura para otras tareas y debates futuros, como la adecuada difusión y defensa de lo realizado, que no es ni poco ni poco importante.

Porque en 20 meses los cambios son trascendentes. El incremento del salario público y privado, en particular de los más bajos y del salario mínimo nacional; la mejora del empleo en cantidad y calidad y de las jubilaciones más sumergidas, así como la caída de la pobreza y la indigencia; el funcionamiento de los consejos de salarios y la aprobación de la ley de libertad sindical; el reperfilamiento de la pesada deuda externa heredada y la salida del FMI, el fuerte incremento del producto, la inversión, el consumo y las exportaciones; la reactivación del norte azucarero; la trazabilidad del ganado; el Plan de Emergencia; el salvataje, la reinversión y el fortalecimiento en las empresas y bancos públicos; el fin del despilfarro en el Estado (recordemos el BHU, las quiebras bancarias, la OSE, Ancap en Argentina, o las cuantiosas pérdidas de la Corporación para el Desarrollo) y las denuncias correspondientes; los avances en la búsqueda de verdad y justicia, la adecuación de la legislación nacional al derecho internacional humanitario, y la reparación a los expresos políticos, perseguidos y exiliados; la democratización del acceso al trabajo en la administración pública, con miles de inscriptos en todos los llamados realizados, y el fin del clientelismo; el impulso a la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación; las inversiones en hospitales públicos y el reordenamiento de instituciones mutuales; los avances en materia de políticas de asentamientos y de los créditos en vivienda; las rebajas del boleto; el respaldo a las Pymes en las compras públicas; la nueva legislación, ya aprobada o a punto de serlo, en usura, salud, unión concubinaria, trabajo doméstico o tributos; el fin de la discriminación política de las intendencias; el restablecimiento de las relaciones con Cuba y los buenos acuerdos con Venezuela y otros países, así como la firme defensa de la soberanía en el conflicto con Argentina. Estos son algunos de los logros iniciales. Somos conscientes de que es preciso ir a más, y para continuar con la tarea nada mejor que este respaldo democrático y militante de un Frente Amplio en movimiento. *

(*) Profesor. Senador

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