Escrito por: A. XIMENEZ
La mujer guarda seguramente no imaginó al salir de su casa para cumplir con su labor diaria, que la jornada tendrÃa caracterÃsticas distintas a las demás, bien atÃpica.
Si ella no lo imaginó, la sorpresa de la mayorÃa de los usuarios habituales del transporte colectivo montevideano, demostró que la gente aún tiene espacio para el asombro.
Lo cierto es que a partir de ayer el boleto capitalino fue rebajado a quince pesos, y la gran mayorÃa de los pasajeros, de los “madrugadores” claro; del mediodÃa para adelante ya se habÃa disipado la novedad, subÃa al ómnibus con “el importe justo”: diecisiete pesos.
La señora guarda no tenÃa más remedio que devolverle dos pesos a cada usuario, quienes no disimulaban el asombro ni la sorpresa.
No era una escena común observar, en este caso se trataba de la lÃnea 103 con destino a Ciudad Vieja, a un guarda de ómnibus “una guarda” en esta ocasión, devolverle dinero a los pasajeros.
El precio del boleto habÃa sufrido una sensible rebaja y los desacostumbrados bolsillos ciudadanos no estaban consustanciados con el reflejo mecánico de recibir. “¿Cómo? ¿Bajó el boleto?”; “¿Le di mal?”, o “¿no cuesta diecisiete?”, eran algunas de las expresiones que se reiteraban en cada parada en la cual ascendÃan nuevos pasajeros.
La mujer guarda, con una sonrisa atornillada definitivamente en el rostro, respondÃa: “Bajó a quince pesos”.
Entonces, la imaginación de algún iluso observador irÃa volando por el espacio urbano recreando utópicas situaciones en las cuales el lechero, el panadero (y asà sin solución de continuidad), le devolverÃan dos pesos cada vez que fuese a pagar la leche, el pan, y ¡cuántas cosas más!
Olvidando que su sueño loco va a contrapelo de los tiempos que corren, como la rebaja del boleto. *
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