Dos pesos
La mujer guarda seguramente no imaginó al salir de su casa para cumplir con su labor diaria, que la jornada tendría características distintas a las demás, bien atípica.
Si ella no lo imaginó, la sorpresa de la mayoría de los usuarios habituales del transporte colectivo montevideano, demostró que la gente aún tiene espacio para el asombro.
Lo cierto es que a partir de ayer el boleto capitalino fue rebajado a quince pesos, y la gran mayoría de los pasajeros, de los «madrugadores» claro; del mediodía para adelante ya se había disipado la novedad, subía al ómnibus con «el importe justo»: diecisiete pesos.
La señora guarda no tenía más remedio que devolverle dos pesos a cada usuario, quienes no disimulaban el asombro ni la sorpresa.
No era una escena común observar, en este caso se trataba de la línea 103 con destino a Ciudad Vieja, a un guarda de ómnibus «una guarda» en esta ocasión, devolverle dinero a los pasajeros.
El precio del boleto había sufrido una sensible rebaja y los desacostumbrados bolsillos ciudadanos no estaban consustanciados con el reflejo mecánico de recibir. «¿Cómo? ¿Bajó el boleto?»; «¿Le di mal?», o «¿no cuesta diecisiete?», eran algunas de las expresiones que se reiteraban en cada parada en la cual ascendían nuevos pasajeros.
La mujer guarda, con una sonrisa atornillada definitivamente en el rostro, respondía: «Bajó a quince pesos».
Entonces, la imaginación de algún iluso observador iría volando por el espacio urbano recreando utópicas situaciones en las cuales el lechero, el panadero (y así sin solución de continuidad), le devolverían dos pesos cada vez que fuese a pagar la leche, el pan, y ¡cuántas cosas más!
Olvidando que su sueño loco va a contrapelo de los tiempos que corren, como la rebaja del boleto. *
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