Las migraciones: una cuestión social mayor

Nuestro país acaba de ser sede de una nueva cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de Iberoamérica. La cobertura comunicacional, como ocurre más veces de lo deseable, concentró su atención en lo anecdótico. La zona de exclusión, si había o no feriado largo, el censo de los habitantes de la Ciudad Vieja, la no concurrencia del recientemente reelecto Lula, o del presidente Chávez, en acalorada campaña electoral, si habría o no encuentro Tabaré-Kirchner, todo tuvo más destaque que el tema central de la reunión, con las dignas excepciones de siempre. El fenómeno de las migraciones y sus consecuencias  motivo de la cumbre a iniciativa de Uruguay- pasó sin análisis significativos.

Mucho se ha discutido sobre la utilidad de estos encuentros, en donde cada uno hace su discurso, luego las fotos de rigor y el protocolo deja poco espacio para resoluciones que signifiquen avances en la práctica. Hay mucho de razón, pero también son instancias de sensibilización colectiva en temáticas que no afectan a todos por igual, y de contactos interpersonales discretos, que frecuentemente resultan más efectivos que la diplomacia institucional. En ese sentido, constituye un buen ejemplo la iniciativa argentina de solicitarle al Rey de España sus buenos oficios para recrear el diálogo con nuestro país.

Pero esta XVI Cumbre dejó además varios elementos. En primer término, la consolidación de la Secretaría Permanente a cargo de nuestro compatriota Enrique Iglesias, pieza fundamental para la transformación en hechos de los acuerdos alcanzados, que fueron varios e importantes. Se expresaron en la «Declaración de Montevideo», en la «Carta Cultural Iberoamericana», y sobre todo en el «Compromiso de Montevideo sobre Migración y Desarrollo», en donde se asumió el deber de no estigmatizar al migrante. «Migrar no es delito» se dice a texto expreso, y se establece el compromiso de respetar el derecho internacional y los DDHH en la política migratoria. No está demás recordar que el testimonio de Evo Morales bien valió la pena. También en nueve declaraciones especiales sobre diversos temas, entre las que destacó las resoluciones contra la construcción de una nueva muralla china en la frontera EEUU-México y contra el bloqueo a Cuba. Importa destacar la condena de las redes de tráfico y trata de seres humanos, de la violencia de género y de diferentes formas de exclusión, la defensa de los espacios multiétnicos, pluriculturales y plurilinguísticos, y de distintos caminos para promover la diversidad cultural y la alianza de civilizaciones (contra la terrible tesis y realidad del choque de civilizaciones).

No hay cumbre capaz de resolver los problemas del fenómeno migratorio. Pero una reunión de mandatarios jerarquiza el tema y evidencia su importancia, y señala la necesidad de acuerdos en las políticas. Los datos sobre migraciones resultan impactantes. Entre 1990 y 2005 el número de migrantes internacionales creció más de un 23%, alcanzando una población total de 191 millones identificables. El principal aumento en el número de migrantes internacionales se dio en Norteamérica (17 millones) y Europa (15 millones). Como país, los EEUU son el principal destino, y la principal fuente para el mismo es América Latina y el Caribe. Los migrantes latinoamericanos y caribeños, junto con sus descendientes nacidos en EEUU, constituyen el grupo de los latinos, la primera minoría, que no es socialmente homogénea, pero representa un quinto de una población que acaba de pasar la barrera de los 300 millones. Esta altísima proporción explica los fenómenos políticos vividos durante 2006: desde la jornada de protesta del Día sin Inmigrantes del 1º de mayo hasta la aprobación del muro de la discordia.

Si sólo consideramos el flujo migratorio Sur-Norte, nos quedamos cortos en relación con las nuevas características y dimensiones del tema y sus consecuencias políticas y sociales. El fenómeno migratorio ha cambiado: es cada vez más multifacético y transnacional, con creciente importancia de la migración temporal e incluso de itinerarios migratorios circulares; con incremento de la migración de mujeres, que ahora superan la mitad del total; la extensión de la migración calificada, que incluye Sur-Sur y también Norte-Norte; con aumento de los migrantes irregulares, de los relacionados con el turismo, la reunificación familiar, negocios, estudios y estancias de investigación; con involucramiento de casi todos los estados del mundo como lugares de origen, tránsito, destino o retorno, incluso de varias o todas estas características; con modificación de las rutas y estrategias migratorias, e incremento del tráfico y de la trata; y con un peso cada vez mayor de las remesas. Finalmente, son notorios los efectos de la globalización como factor impulsor tanto por la mayor percepción de las disparidades de ingresos y calidad de vida, como por la disminución de los costos de transporte y la movilidad en una economía mundial más integrada.

Algunas de estas características constituyen la base de conflictos intensos y de larga duración. La migración no es un fenómeno apacible que sólo incluye aspectos benéficos: para los países desarrollados, al enlentecer el envejecimiento de su población y proporcionar mano de obra imprescindible, y para los pobres al funcionar como válvula de escape y fuente de remesas. La migración también significa fuga de cerebros, que no se compensa con los programas de vinculación y retorno. Por otra parte, la vulnerabilidad de los migrantes y los problemas de integración son muy agudos, y superan ampliamente a los programas de integración, cuando existen.

Otra faceta importante en la cuestión migratoria se da en materia de seguridad. Los países desarrollados que tradicionalmente acogían inmigrantes, modificaron sus normas, aumentaron sus presupuestos y reforzaron sus recursos humanos en los puntos de ingreso para ejercer un mayor control. Varios de ellos están incorporando nuevos documentos de identificación para sus ciudadanos que incorporan códigos electrónicos, y apelan crecientemente al uso de técnicas biométricas, todo lo cual facilita los controles. Vienen desarrollando sistemas de información anticipada sobre los pasajeros y complejizando la solicitud de visas, orientados a desplazar la frontera hacia el extranjero y a desarrollar la información electrónica, tanto para personas como para bienes. En ese sentido, desarrollan mayores controles migratorios internos, incrementando exigencias y restricciones y diluyendo la distinción tradicional entre peligros internos y externos. Las operaciones contra la migración irregular, el tráfico de drogas y otros flagelos, fueron enmarcadas, fundamentalmente por EEUU, en consideraciones de seguridad en el marco de las estrategia antiterrorista, e incluyen en su versión más dura los muros y supercontroles. Se ha denunciado que la Agencia de Seguridad Nacional intercepta millones de mensajes recibidos o emitidos desde o hacia ese país.

La intensidad de los procesos migratorios actuales resulta de la distinta calidad de vida que las sociedades ofrecen a sus integrantes, consecuencia directa del desarrollo desigual de los países. Para un país pequeño, con muy baja tasa de natalidad, resulta de capital importancia la articulación de una política adecuada. *

(*) Senador

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