Proyecto uruguayo es finalista de concurso de experiencias en innovación de Cepal
La licenciada en Trabajo Social Adriana Abraham está afiliada desde hace más de 10 años a las redes de emprendedores sociales internacionales «Fellow Ashoka» y «Avina», las que fueron fundamentales para el surgimiento de Ceprodih en 1998 y tal como se lo conoce en la actualidad.
Pero como paso previo, Abraham luego de egresar de la Universidad de la República en 1991, comenzó a ejercer su profesión en diferentes lugares, hasta que en 1995 recaló en el refugio nocturno «Pablo VI», ubicado en el Cordón.
Allí se juntó con otros asistentes sociales, los que más tarde se transformarían en las madres y padres de la institución.
Paralelamente, y durante 10 años, cumplió funciones en el Comcar. Actualmente se encuentra trabajando en la Cárcel de Cabildo (ex de Mujeres).
«Ceprodih surgió como producto de tender redes de contención para aquellas personas que no tenían adónde ir durante el día, ya que había sólo refugios nocturnos. Era terrible para todos quedarse en la calle, pero la peor parte se la llevaban las mujeres con hijos, ya que no tenían dónde dejarlos, por lo que les era imposible conseguir trabajo. Por eso es que surgimos.
Si es por nosotros, no queda ni una mujer con hijos en la calle, a no ser que sea una opción suya. Trabajamos con aquellas que quieren realmente salir adelante, que quieren ser partícipes de una verdadera recuperación social, ya que en su mayoría han sido enormemente maltratadas, ellas y sus hijos. Han sido protagonistas de las más inhumanas violencias familiares».
Apagando incendios y tapando pozos
Por esa época es que comienza esa red a tratar de incidir en las políticas sociales que tenían los organismos relacionados con el tema, como ser el Iname (hoy INAU), sin obtener respuesta, hasta que en 1998 sí son escuchados y el Instituto les cede una casa y comienzan a funcionar -en principio- como un centro diurno, aunque la idea era justamente complementar la tarea que estos lugares realizaban.
«Queríamos ir a más, no hacer lo que hacían los demás. Como dice nuestro nombre buscábamos proteger la dignidad humana. Cubrir todas las necesidades de las mujeres con hijos para que tuvieran una vida lo más parecida a las demás personas», indicó orgullosa la, más que asistente o trabajadora, batalladora social.
Entonces es que se busca darle algo más que asistencia a esas mujeres y a sus hijos a través de equipos de apoyo para ambas partes. Salud, educación, casa, comida, diversión, eran puntos que poco a poco «se fueron cubriendo cada vez mejor, con falencias, pero superándonos día a día. Fuimos como apagando incendios y tapando pozos», acotó.
«No queremos ser cómplices de esta cruel realidad»
Se empezaron con los cursos de auxiliar de limpieza para las madres, pero se las ubicaba luego en empresas que «más que dignificarles la vida, las castigaban doblemente, ya que les pagaban muy mal y no tenían derecho a nada, y nosotros no podíamos ser cómplices de esta cruel realidad».
En ese contexto, es que surge una de las varias personas que colaboran con Ceprodih, la ingeniera química Eleonora Scoseria, quien propone que la formación sea más específica y que se les dé a las jóvenes mujeres un curso de auxiliar de laboratorio, ya que «no había gente formada específicamente para eso».
Inmediatamente la institución presentó a la Dirección Nacional de Empleo del Ministerio de Trabajo y a la Facultad de Química el proyecto, avalando ambos organismos el contenido de los cursos.
Rápidamente comenzó la formación de las jóvenes madres en esa área, y llegaron las pasantías en varias organizaciones y empresas (Cap, LATU, Laboratorios Gauthier, MSP, CCZ, entre otros).
Aclaró Abraham igualmente «no queremos transformarnos en una empresa de limpieza, ni de nada. Por eso estamos fomentando que las mujeres se unan y formen cooperativas, que sigan solas adelante. Además ahora estamos ‘dándole para adelante’ a los microemprendimientos».
No sólo mujeres con hijos
En otro orden, la directora describió otras tareas que abarca Ceprodih, como ser su participación en el Plan Invierno, lo que sucedió a partir de 2002.
Allí, además de atender a las mujeres en situación de calle con hijos, se comenzó a hacer lo mismo con la tercera edad.
Ya en 2003 organizaron el Primer Foro de los Sin Techo, el que tuvo un relativo suceso, ya que hasta hoy no han logrado que el Ministerio de Vivienda se comprometa con esa problemática y le dé solución a ese tema.
Acerca de este particular, Abraham dijo: «Estamos cansados de que el pez muera en la orilla», adjudicando ese dicho a la situación que se presenta cuando las mujeres egresan del Centro y terminan viviendo en pensiones de la Ciudad Vieja, «rodeadas de malandras».
Es por eso que se está fomentando desde la institución la conformación de cooperativas de ayuda mutua, ante lo que surgió Covidi (Cooperativa de Vivienda por la Dignidad Humana), y ya se está conformando una segunda de estas salidas, debido a que hay ya 40 egresadas del Centro y no todas pueden participar de la misma.
«La idea nunca fue quedarse sólo asistiendo en salud, educación, hogar, inserción laboral, sino atender a las mujeres integralmente. Queremos (el Centro y el proyecto) funcionar como un trampolín, que no sólo frena la caída sino que impulsa el regreso de la gente a la sociedad».
Hoy por hoy Ceprodih tiene a más de 60 personas trabajando y cuenta con tres proyectos en tres lugares diferentes.
Además de Promover que funciona en la sede central de Cerrito casi Bartolomé Mitre, existe el Centro Diurno Desafío, que atiende a todo tipo de personas durante el día, y el Centro Diurno-Nocturno «Rincón de Luz», donde adultos mayores en situación de calle reciben «caricias» de la vida.
Entre los tres, «atendemos» a más de 300 personas y en 2005, en total, fueron 839 las personas «que pasaron por nuestras manos», de las que 399 eran menores de edad, indicó Abraham.
Un «charrúa» entre mil
«Promover» fue el único proyecto de Uruguay que calificó, tanto a la etapa semifinal como final del concurso (ver nota aparte), destacándose que la selección no es a razón de uno por país, sino que de los más de mil proyectos presentados en toda Latinoamérica se eligieron las iniciativas a través de un comité de selección, el que sigue ciertos criterios, como ser los mayores niveles de innovación, replicabilidad, sostenibilidad y posibilidades de ampliar su escala de cobertura.
Vale la pena recordar que durante la tercera fase de selección -que se realizó entre julio y agosto del presente año-, expertos internacionales y funcionarios de la Cepal visitaron en sus propios lugares los 26 proyectos provenientes de nueve países que fueran preseleccionados. Hace algo más de un mes el «Comité de Notables», reunido en Washington D.C., definió los 16 proyectos finalistas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad