La irreverente locura del payaso
«Yo me dedico al humor», dice muy serio Richard Duplech. Llegar a su casa es como descubrir una suerte de guarida, no sólo de Duplech -«payaso Rocha»-, sino de «Escombro», su esposa, con quien también acostumbra a compartir el escenario. «Arranqué como malabarista, y ahora me dedico al humor», cuenta Duplech; «básicamente payaso es lo que hago. También hago magia pero siempre desde el payaso; igual con los malabares, lo hago pero desde el personaje del payaso».
Uno de los personajes de Duplech, es Lindoro Pedula. «El payaso -dice-, es un personaje irreverente, loco, muy divertido, que tiene altibajos porque nunca podés ser el capo; siempre tenés que dejarle un espacio al público, que sea el capo. Busco mucho el humor sano con la familia, me dedico mucho a la familia». Una de las habitaciones de la casa está dedicada al vestuario y accesorios que tanto Richard como su esposa utilizan. Duplech explica que «el personaje se va armando; en la vida no hay un punto en que vos decís, ‘ta, se me armó, soy el payaso ahora’. Vas evolucionando en todo momento y creciendo con el personaje».
Clown y payaso
-¿Hay un momento en que tú te encontrás con el personaje?
-Yo no recuerdo el primer trabajo que tuve como payaso; en el ’96 empecé a hacer malabares y en el 2000 ya estaba fijo trabajando de esto solamente.
Duplech opina que «clown y payaso son lo mismo, lo que pasa es que en un momento para menospreciar a la gente se le comenzó a decir despectivamente ‘payaso’, entonces la palabra perdió su poderío como ‘artista’, porque se comenzó a utilizar como insulto».
Cuando se refiere a su formación profesional, el artista expresa que «hay grandes escuelas de payasos en todo el mundo; acá hay grandes payasos y gente que transmite muy bien lo que es ser payaso. Yo me formé en parte con Quique (Permuy), pero empecé a trabajar solo sin ninguna formación académica. No tuve escuela, hasta el año pasado, en que hice un taller exclusivamente de payaso y me encontré con que muchas de las cosas que usaban eran las que yo ya tenía armadas… ciertas frases, cierta forma de caminar, un estilo al hablar, todo eso que te marca como payaso. Todos somos un payaso, todos tienen su payaso. Lo ideal es potenciar eso que tiene cada uno».
Dice Duplech que «el payaso de circo tiene un maquillaje grotesco por una razón de distancia; yo trabajo más cerca del público por lo que mi maquillaje es más delicado, los labios apenas, una sombra». La referencia al desempeño de su actividad en un medio como el nuestro, es ineludible: «Vivir sólo de payaso en Uruguay, me parece que no. Hay que mezclar un poco de cada cosa; en mi caso me dedico a la magia, a los malabares, todo dentro del circo pero creo que no podés encasillarte en payaso. ‘Pildorita’ por ejemplo, trabaja en la calle y mucho, el es payaso, trabaja de payaso y tiene un payaso bien logrado me parece a mí, sano, cuando quiere ser fuerte y grotesco lo puede hacer porque cuando trabaja en la calle es más fuerte capaz, que cuando se sube a un ómnibus. Los payasos también pueden trabajar en equipo, por ejemplo ‘Los Tres Chiflados’.
Son el clásico ejemplo del payaso: el de cara blanca que siempre la tiene clara, Moe, el dueño de la batuta que siempre sabe cómo se hace todo; después Larry y Curli que son los que lo ‘enloquecen’, uno más tarado que el otro». Duplech también tiene sus referentes; «yo no he visto a los grandes payasos que aparecen en los libros -dice-; ‘Pepino’, el gran payaso que tuvimos nosotros y se consagró en Argentina nunca lo vi, pero tengo la historia del ‘gran payaso acróbata'; Olmedo comenzó como payaso circense. He escuchado a payasos de toda la vida, con 70 años haciendo la función en Buenos Aires-, y me decía que él cuando encontró un número que lo emocionaba y lo hacía sentir bien, lo mantuvo durante toda su vida, el mismo show, el mismo payaso. Decía ‘hace tu espectáculo mil veces que algún día entre todas esas veces te va a salir bien; eso me quedó’…»
Duplech cree que hay espacio para el payaso, «yo comencé en el Parque Batlle -cuenta-, haciendo funciones en la calle. Al principio fue difícil, no tanto por lo económico sino porque estaba el manicero, el de los ponis y todos queremos morder de esa gente que va para ahí, entonces cuando llega algo nuevo aparecen los recelos y me tuve que solidarizar con ellos, por ejemplo, promocionándolos: ‘guarde una monedita para el cuida coche’, ‘no se olvide de llevar el maní’, ‘un aplauso para el de los ponis’, y acortar mi show…»
Es habitual que Richard Duplech tenga «cumpleaños» los viernes, sábados y domingos, además de enseñar circo a los niños en las aulas de «Polizón Teatro». *
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