El otro timbre
¡Si sólo se tratase de los piqueteros!
El jueves pasado, Ricardo Roa, editor de Clarín, describió como desopilante la explicación que la Picolotti, secretaria de Medio Ambiente de Argentina, dio de las medidas de los entrerrianos. Según esta chica de estreñida mente, la culpa fue del Banco Mundial por difundir su informe antes de un fin de semana largo. Sin embargo, a línea seguida, Roa postuló que ella, «como si lo hubiese hecho adrede», no halló otro modo de decir que «el gobierno no tiene responsabilidad por los nuevos cortes».
Hubo algo aún más esclarecedor. Una fuente de la Casa Rosada explicó a Clarín que «la historia del Banco Mundial dice que jamás se dio un crédito para una inversión en un país que está en conflicto con otro». O sea, Uruguay debe entender lo que pasa o retrocederá más casillas en el tablero. Kirchner putea entre dientes porque los cortes lo dañan en el Mercosur y en La Haya, pero su objetivo sigue siendo el mismo de los desaforados contribuyentes del pluscuamperfecto Busti. Por algo se limita a un tímido intento persuasivo en vez de sacarlos de los puentes de una patada en el culo.
Lo he sugerido antes y quizás se crea que desvarío. Es otro el timbre a tocar: el de la casa del mandamás, la corporación que edita el diario al que los propios argentinos llaman oficialista. Demasiado tiempo se ha perdido con el fascista que irrumpió y se sentó en el sillón de Rivadavia a lo bestia, sacando, por ahora, inesperada ganancia del revuelto río de una política que hace años está encharcada en el absurdo. Si se acuerda con el mandamás, Kirchner se dejará de joder o durará poco. Por cierto, no hablo de una negociación formal, pública. Un gobierno serio no debe admitirla. Pero nada impide que alguien, extraoficialmente y con la imprescindible reserva, toque ese timbre Tal vez yo esté equivocado, tal vez ya se haya hecho. Quien tenga la justa «que se ponga», como diría Gila, porque nos van a seguir tocando las nalgas. *
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