Qué lindo sería
Sesión plenaria de la Cámara de Representantes. Noventa y nueve diputados presentes. Barras colmadas, en atento silencio. El presidente de la Mesa inicia la sesión.
-Tiene la palabra el señor diputado informante, representante de la mayoría.
-Gracias, excelentísimo señor presidente. Seré breve. Este proyecto resuelve una necesidad de la ciudadanía. Además, ha sido aprobado por unanimidad en la comisión pertinente.
-¿Me permite, distinguido señor diputado informante?
-Encantado le cedo la palabra al prestigioso señor legislador del Partido Nacional.
-Seré breve. Sólo quiero decir que en casos como éste la unanimidad tiene un sentido constructivo.
-Sigue en uso de la palabra el señor diputado informante.
-Excelentísimo señor presidente, advierto que me pide una interrupción un respetable señor legislador del Partido Colorado. Se la concedo con enorme gusto.
-Gracias, señor miembro informante. También seré breve. Dejo constancia de que me sumo con unción patriótica a lo dicho en sala.
-Sigue en uso de la palabra el señor diputado informante.
-Excelentísimo señor presidente, agradezco el gesto hidalgo, histórico de la oposición y pido que se elimine la lectura del texto del proyecto y se vote en bloque.
-Se vota lo propuesto. Aprobado por unanimidad.
-Excelentísimo señor presidente, pido la palabra para fundamentar el voto.
-Tiene la palabra el señor diputado del Partido Independiente.
-Dejo constancia que he dado mi voto sumido en la más profunda emoción. Estamos edificando el futuro. Gracias y perdón si no fui lo suficientemente breve.
-Está disculpado, señor legislador. Se pasa a votar el proyecto. Aprobado por unanimidad.
Los señores diputados se ponen de pie, reciben el respetuoso aplauso de las barras y luego, dejando los celulares apagados en sus bancas y sin un diario ni revista en los alrededores, se abrazan unos a otros. Se levanta la sesión.
(Obviamente, esto me lo he imaginado. Pero algo es seguro: ¡qué bueno si fuese real algún día!). *
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