Entelequia
Entelequia, vocablo al que hoy se apela abundosamente, es, en filosofía, cosa real que lleva en sí el principio de su acción y que tiende por sí misma a su propio fin. En cambio, como adjetivo irónico significa «cosa irreal». ¡A la pipeta! Por tamaña complejidad, Bioy Casares, en su «Diccionario del argentino exquisito», contó: «Un veneciano, hombre de posición y cultura, quiso averiguar el sentido de la palabra y, como no podía interrogar a su inventor, Aristóteles, por haber muerto, recurrió al diablo, con resultado desconocido».
Ni con el libro gordo se entiende a cabalidad.
Qué curioso. Pasa igual con la actitud de los blancos de negarse a votar la venia de Mirtha Guianze comofiscal de Corte. Sus primeras objeciones referían a problemas de comunicación; luego agregaron una supuesta coincidencia de la candidata con las ideas de Peri Valdez, aparentemente inaceptables para ellos; finalmente, le han adjudicado una también supuesta empatía con el gobierno.
No parece serio.
Hubo la necesaria información previa a través del vicepresidente Nin Novoa y, además, en las sesiones de la comisión parlamentaria competente. Allí mismo, y siendo que Guianze fue convocada más de una vez, esa supuesta afinidad con Peri Valdez pudo haber sido expuesta y zanjada. Y en cuanto a sus ideas políticas, si se respeta, como se ha dicho, su capacidad e independencia técnicas, ¿a santo de qué se plantea? ¿Qué se pretende, una persona neutra, que haya vivido en una burbuja los últimos treinta años? ¿O acaso, y exactamente al revés, bulle la idea de postular a alguien cercano al Partido Nacional.
Tengo la inquietante sensación de que gran parte de los blancos –no me permito decir todos porque hay quienes piensan distinto aunque acaten por disciplina– sólo hablan entre ellos. Se preguntan y se contestan, sin reparar en la realidad.
Recuerdan a los dos gauchos mellizos dibujados por Wimpi: de iguales que eran no tenían espejo para afeitarse; se paraban frente a frente y chau. *
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