Confusiones
Un día, al ayudar a salir de un bar al doctor Clodomiro Cordero, que bebía como un desaforado, Borges tropezó y cayó en la vereda. Desde ahí, confundido, se interrogó en tono casi metafísico: -¿Cómo es que él está borracho y yo me caigo?
Conjeturo que una perplejidad parecida estarán sufriendo los finlandeses de Botnia, al advertir los espasmos gremiales que mantienen parada la obra de su planta de Fray Bentos.
Aclaremos: primero, todo trabajador tiene derecho al mejor salario posible y a que se respete lo que firma con las patronales; segundo, nadie discute la claridad del convenio que vinculó a obreros uruguayos con Botnia, ni la voluntad de la empresa de negociar otra vez lo oportunamente acordado, ni la actitud positiva, de mediación, expresada por el Ministerio de Trabajo y por la dirección del sindicato de la construcción. Entonces, ¿por qué la situación se ha radicalizado al punto de que los dueños de Botnia estén analizando si siguen con su inversión? ¿Cómo cae al suelo el que ayuda, mientras el mamado sigue de pie?
Parece una locura. Del entrevero, la opinión pública apenas si ha podido advertir que un grupo minoritario de trabajadores uruguayos de Botnia, excesivamente radicalizado, desconoce al Sunca y al propio ministro Bonomi. No es serio. ¿Se sabía que Botnia contrataría obreros extranjeros especializados? Sí. ¿Es posible negociar, una vez más, la cantidad? Sí. ¿Es posible negociar, una vez más, viáticos y vales de alimentación? Sí. Es posible eso y otras cosas, porque lo garantiza el compromiso asumido por la empresa, el Sunca y el Ministerio de Trabajo.
A algunos les está fallando la percepción de la realidad. Si se encaprichan, harán que en Finlandia nos vean como a los cuatro ciegos del cuento del elefante: uno abrazó una pata y dijo que era un árbol; otro se recostó y dijo que era una pared; otro tomó la trompa y dijo que era una cuerda; el último agarró un colmillo y dijo que era una caña de pescar.
Pero seguía siendo un elefante. *
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