12 de noviembre
La inteligente y peligrosa derecha uruguaya (aliada con la internacional) está atacando y atacará mucho más al Gobierno de la izquierda desde la izquierda y la derecha.
Esa «táctica» está en la tapa de un viejo y conocido Manual. Desde tiempos inmemoriales ha sido siempre así.
Un ejemplo chico pero palmario es el conflicto «sindical» en Botnia.
Decimos entre comillas «sindical» porque pertenece al conocido rubro de los Servicios de Inteligencia en especial internacionales como así también los conflictos «ambientales» entre comillas.
En la Cuba de Batista, incluso en tiempos insurreccionales la Central Obrera era derechista.
En Brasil el PT hubo de impulsar la creación de la CUT en lucha a brazo partido contra las centrales «pelegas» digitadas desde el gobierno y desde conspicuas y muy bien financiadas y financiadoras centrales «internacionales».
La muy vecina experiencia argentina al respecto es harto conocida… Y trágica. Nunca debemos olvidar que la Triple A tuvo decisivos componentes sindicales.
El fascismo italiano, el socialnacionalismo alemán (los nazis) y el falangismo español por citar tres casos supremos, se apoyaron en formidables centrales sindicales.
La Falange española se llamaba en verdad Federación Española Tradicionalista de las Juventudes Obreras Nacional Sindicalistas (FED de las JONS).
Y no hace muchos años, mis ojos uruguayos ambulantes por Madrid, en oportunidad de la «Marcha de Hierro» que proveniente del norte minero y siderúrgico venía sobre esa Capital a pie y en columna imponente, pudieron ver en las paredes madrileñas, pintadas al bleque, groseras y «populares», que rezaban: «La Falange como siempre: con los obreros y contra los burgueses. ¡Viva la Marcha de Hierro!».
Era folklórico porque ya de aquella Falange, hace tan pocos años, sólo quedaban en España ancianos detritus, ciertos vestigios y algunos skin heads jóvenes snob.
Pero el bleque de la brocha temblorosa en las paredes, permitía recordar, imaginar y «ver», la potencia del fascismo cuando estaba vivo en Europa. ¡Debe haber sido, como fue, muy difícil para aquéllos nuestros compañeros de entonces, pelear contra «eso». Tanto que fueron derrotados (dejemos de lado otras traiciones por ahora).
En esa misma oportunidad ibérica y ante mi aseveración aventurera de que ya no había en Madrid boliches de izquierda, un refugiado peruano muy joven me llevó, en el barrio de Lavapies, a un pequeñito boliche con aserrín en el piso de madera, ristras de ajo y jamones en las paredes, barriles de vino acostados, espitas goteantes, moscas pequeñas acechando las espitas, mesas quemadas por los puchos y una serie de viejos jugando al mus y discutiendo de política en voz alta.
La mitad bolches, la otra mitad anarcos. Nos acodamos en la barra, forasteros, con las orejas en alto.
Cerca, muy cerca, los franquistas habían dejado, como monumento, las ruinas de una iglesia incendiada y destruida por los rojos en la Guerra Civil… Tal vez aquéllos mismos sobrevivientes parroquianos.
Discutían acerca de una ocupación cercana en la que se habían aliado los anarcos punk (de hirsutos pelos a lo indio) con la UJC.
-¡Que van a ser anarquistas esos! pregonaba un anarco. ¡Basta con verles los pelos!
-¡Y encima aliarse con los bolches! agregaba otro viejo. ¿Dónde se ha visto? preguntaba.
-Entonces para ti sigue siendo peor un bolche que un fascista vociferaba un viejo comunista.
-¡Efectivamente! concluyó el anciano militante de la CNT-FAI.
El joven peruano, asilado político, levantaba las cejas para demostrarme que en Madrid, contra mi opinión aventurada, seguía habiendo tabernas de izquierda intactas.
-¡Haga patria: mate un bolche! vociferaba el anarco- canillita de La Teja, cuando entraba en la peluquería «El Rulo Lacio», de Carlos Rivera Yic, allá por 1962, en la esquina de la Plaza Lafone y Carlos María Ramírez.
Ruben Sassano, de la UJC, para quien iba dirigida la frase, contestaba desde su enorme humanidad física y moral, sin levantar los ojos de «El Popular», mansamente:
-Andá a la puta que te parió.
El diálogo era rutina matinal en esa esquina. Todos los días a la misma hora.
Teníamos en Uruguay, por ese entonces, una pesada Central Amarilla, muy bien financiada (como hoy las ONG… en realidad era una ONG) contra la que UTAA y otros sindicatos rojos debieron dar largas y muy duras batallas (a veces cruentas).
La unidad obrera fue finalmente de izquierda pero nada garantizaba ni garantiza que el proceso no revierta. Absolutamente nada. Salvo la conciencia. Y la militancia inteligente.
Hace poco vimos en acción lo de Venezuela…
Como decían los muchachos: «Por ahí va la bocha». Mejor dicho: por ahí viene.
Y viene, tengámoslo claro, con rojas banderas desplegadas al viento.
El otro «frente» es el político que ya le costó muy caro al pueblo en 1989, 1994 y 1996. En estos tres casos se trataba de impedir el triunfo de la izquierda.
Ahora, producida la victoria, la cosa cambia en el sentido que venimos señalando.
Para corroborar con ejemplos palmarios el aserto, Lula (o sea la izquierda más grande de América) acaba de perder las elecciones en primera vuelta debido a la mordida de votos, auspiciada por la derecha, que le perpetró la «izquierda» manipulada.
No hay nada más apetecible y mejor para los imperialismos y para los reaccionarios que la izquierda dogmática sumada a la bobeta.
El camino del infierno no está empedrado por buenas intenciones: está pavimentado para el mal, con alfombra roja, por los bobos. Lo de «buenas intenciones» es un muy elegante y caritativo eufemismo digno de mayor causa. Lo mejor que pudo haberse hecho en Brasil a favor de la derecha y el imperialismo (y decir «Brasil» es hablar del destino de América Latina) es lo que hizo la supuesta izquierda más de izquierda que Lula. Hasta Lenin, hace ya casi cien años, tuvo que escribir un libro («El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo») para referirse al tema.
Debe ser por eso, que esos, le pegaron un tiro de izquierda a favor, indiscutiblemente, de la peor derecha internacional y rusa.
Un tiro infeccioso que trajo a Stalin y, con él a la revolución traicionada.
En Brasil, el gobierno de Lula produjo en pocos años la mayor transferencia de riqueza desde los ricos a los pobres que se haya concretado en el planeta; según reconocen hasta sus enemigos.
Pues bien: ahora faltan cinco semanas y pocos días para las elecciones internas del Frente Amplio que es la mayor y mejor expresión política de la izquierda en Uruguay que por fin conquistó el gobierno.
Un gobierno que lleva diecinueve meses de vida y que «ayer» anunció que la desocupación en Montevideo bajó a un dígito sin que absolutamente nadie lo festejara.
Esas elecciones internas del 12 de noviembre son las únicas que el pueblo puede hacer. No hay otro partido que haga eso.
La derecha (que no le ofrece a «su» pueblo tamaña facultad democrática) afila sus colmillos y sus uñas para tratar de que a esa jornada concurra menos gente que la que concurrió la vez anterior. Pretende transformar esta elección interna en un plebiscito de apoyo, o no, al gobierno.
Para concretar ese propósito acusatorio usará a mucha gente autodenominada «de izquierda» que siempre está a su servicio y al del imperialismo (valga la redundancia).
Es por ello que debemos convocar, abrir los caminos, facilitar y producir, una muy buena concurrencia a nuestras elecciones internas del 12 de noviembre.
No tendremos mejor modo de expresarnos contra la derecha y el imperio que ese. Ir y votar es lo más importante. No importa a
quién.
Ir y votar a quién más le guste a cada uno.
Y si no se tiene preferencia, meter dos listas diferentes en el sobre votando por lo tanto a nadie pero afirmando así su apoyo al Frente y al gobierno.
En nuestro caso, obviamente, llamamos a votar al MPP pero, repetimos, eso es lo que menos importa. *
(*) Senador de la República
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