La Primavera del 50
Con sus 90 carnavales recién cumplidos, el viejo escribidor sigue metiendo pechera. Son un montón de años y días colgando nuevos almanaques. Y a propósito de días, acá tenemos un día en aquel mágico 1950. Aun todos muy loquitos por Maracaná. Despacio, Montevideo recobraba su normalidad. Todas las rutinas eclipsadas por el título mundial de los celestes volvían a la vida ciudadana. ¡Cómo habrá sido el delirio que hasta nos olvidamos que estábamos en año electoral! Pero a partir de la primavera del 50, los políticos agarraron impulso. La Vieja Capital se llenó de carteles. Aparecían en las paredes los apellidos conocidos como Lorenzo Batlle, Martínez Trueba y Germán Barbato. La fórmula Herrera y Etchegoyen hacía gran propaganda con parlantes por todo el Centro. Surgieron nombres que después con los años serían destacados como los jovencitos Washington Cataldi y Carrere Sapriza. La izquierda luchaba por una banca en el Senado para el gran Frugoni. En el Teatro 18 de Julio la gente hacía cola para disfrutar de la Compañía de Actores Argentinos encabezada por el genial Paquito Busto. Representaba una obra titulada «La Virgencita de Madera» que en Buenos Aires era un éxito enorme en la calle Corrientes. En las librerías aparecieron las tan comentadas «Memorias de Chevalier», donde el gran actor francés contaba sus andanzas bohemias en la Ciudad Luz. Follies Bergeres, El Lido, Moulin Rouge y personajes femeninos como Edith Piaf y Mistinguette, aparecían entre las vivencias del gran Chevalier. El bailarín Angel Pericet congregaba a toda la colectividad española y a los montevideanos amantes de lo hispánico con un espectáculo de danza llamado «Romerías». El Teatro Solís realizaba un gran homenaje a Carlos Calderón de la Barca que recientemente había desaparecido pero siempre había demostrado su cariño hacia el Uruguay. Todos los vecinos de la capital andaban detrás de las codiciadas entradas para la pelea entre los púgiles Felipe Suárez y Pilar Bastidas. Se realizaba en el Estadio Centenario frente a la Olímpica pero aún así las localidades escaseaban por el gran arrastre de esos boxeadores. Todo el barrio del Cerro apoyaba al púgil Bastidas que era un conocido vecino de esa villa. La Federación Ciclista buscaba captar fanáticos del pedal en zonas como Carrasco, Malvín y Pocitos organizando competencias cortitas que traían mucho público a la rambla. En la radio se escuchaba un aviso de la Malta Montevideana que todos tarareaban. En los catálogos del London París comenzaron a aparecer las «telas sintéticas» como el Tootal que eran una gran novedad. Por el Prado sus vecinos como era tradicional realizaban los Desfiles de las Flores para recibir la Primavera. Maracaná había quedado atrás pero había muchas cosas por vivir para esa gente que palpitaba en esos días del mágico 1950. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
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