La columna amarilla

¡Flor de laburo!

Escrito por: Antonio Pippo

Sábado 23 de septiembre de 2006 | 6:36
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Hay cierta clase de personas que viven entre nosotros pero que son diferentes. Es por ellas que se inventó el Código de Faltas, un recurso casi final de la racionalidad social para hacer posible una convivencia civilizada.

Esas personas, mayores y menores, hacen cosas inapropiadas todo el tiempo sin discriminar el sitio. Para ello usan distintos recursos, a veces anónimos, a veces en patota: la estridencia, la falta de respeto por los demás, la prepotencia, la obscenidad y muchos otros.

Son los que eructan, se tiran pedos, mean y cagan en cualquier lado, con la impunidad de un débil mental; los que profieren alaridos cuando hay un minuto de silencio en el estadio; los que babean con lenguaje soez a cada mujer que se les cruza en el camino; los que gritan y se carcajean como esquizofrénicos jugando al truco, tomando un whisky en la barra de un bar, saludando de vereda a vereda o a la salida de un baile; los que hablan con la boca llena y escupen restos de comida a sus congéneres; los borrachos de pedos celestiales que rompen cosas y también las bolas; los que tiran papeles a la calle pasando al lado, irrespetuosos, de coquetas papeleras que suelen patear o rayar; los que le tocan el culo a una chica bien provista en alguna montonera; los que encienden el cigarrillo y dan la primera pitada antes de bajar del ómnibus; los que escriben en las paredes cosas como “Ya no quedan gauchos pero sobran travestis”, o “No uses condón, hacete un nudito”; los que empujan a la viejita renga en la cola para pasar primero; los que comentan con tono estentóreo la película que la sala entera está viendo en silencio; los que silban o cantan en los ascensores y tantos, tantos más.

Bueno, contra esa clase de personas se ha decidido a lidiar ahora la Policía de Rocha, convirtiéndose en pionera en la aplicación del Código de Faltas.

Que el Padre la bendiga, el Hijo la proteja y el Espíritu Santo la guíe. Porque, no sé si lo habrá advertido, va a iniciar una revolución. *

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