Calendiario

1976.– El secretario de la Presidencia, quizás mejor decir el secretario de la dictadura, Luis Vargas Garmendia, está muy enojado con Wilson. En una carta que publica en la prensa manifiesta su bronca y entre otras cosas dice:«En el exterior seres despreciables han levantado una infame calumnia contra mi persona, en la que me atribuyen ser el autor intelectual de atrocidades cometidas en el país vecino, desde el cargo que ejercí como subsecretario del Interior. El inventor de esa bajeza es Wilson Ferreira Aldunate, hombre sin honor, envilecido por sus impulsos paranoicos, a quien la distancia me impide enfrentarlo en el único terreno que el agravio debe repararse (…) Mientras esté al frente de la alta investidura con que me ha honrado el señor presidente de la República, doctor Aparicio Méndez, y las Fuerzas Armadas, jamás vacilaré ni retrocederé ante esas lacras humanas vendidas a la conspiración antinacional, continuando con toda firmeza al servicio de los verdaderos intereses de la nación».

Vil, paranoico, sin honor, lacra humana, vendido a conspiraciones antinacionales, parecen hoy exagerados calificativos para Wilson.

1980. Wilson este día está en Londres. Tiene como idea vil, paranoica, sin honor, pedirle a los uruguayos voten por NO en el plebiscito que pretende reformar la Constitución para hacerla un instrumento permanentemente útil a los militares. No será el único opositor y así los dictadores terminarán en noviembre perdiendo sin dignidad sus pretensiones de perpetuidad.

 

PIENSO, LO DIGO

«Los militares uruguayos, a siete años largos de su usurpación del poder, están obligados a tripular la apariencia de un cambio para distraídos o para pícaros, un cambio que no sea real pero que dé pie a que los otros lo consideren así, en la zona de los relativos y de las ambigüedades. Para eso, exclusivamente para eso, han montado el «cronograma». Quieren quedarse, quieren institucionalizar a perpetuidad su presencia y su dirección. En todo caso, tienen –si abandonan el poder– un miedo directo y muy concreto por ellos mismos y por sus prójimos inmediatos, luego de tantos años de brutalidades, de torturas, de desmanes, de muertes. No pueden irse y nada indica que quieran hacerlo, ni ahora ni en un porvenir cercano». Dr. Carlos Martínez Moreno, en «Cuadernos de Marcha», México, 1980, también oponiéndose a la reforma prevista en el Plebiscito de noviembre.

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