Todos para uno…
Por segunda vez en poco tiempo me ocupo de este tema. A veces, para que se entienda una opinión, hay que hacer lo obvio que antes se olvida. Ir al diccionario.
Corporativismo (en la acepción que me interesa): «En un grupo o sector profesional, tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo». En eso están incurriendo médicos y enfermeros. La constructiva sugerencia de aquellos de promover la colegiación ha sido empañada por acusaciones a los medios de prensa de «linchamiento mediático» (¿el mensajero tiene la culpa?).
A todos asiste el derecho de una defensa. Y si se multiplican las demandas y denuncias por mala praxis, y aparecen casos realmente conmovedores, es natural que cunda la preocupación entre los profesionales. La cosa cambia de color cuando se analiza los argumentos que, en general, se usan de prueba de inocencia o atenuante. Omnipresentes, ahí están las «condiciones de trabajo», inadecuadas, insuficientes, indignas.
Y es cierto.
Pero esas condiciones sobre las cuales la sociedad debe tomar conciencia para contribuir a mejorarlas- no justifican dar la espalda a la responsabilidad ni cerrar los ojos. Y tampoco hacen aceptable la desproporción de la solidaridad.
Es curioso que, cuando una mala praxis se hace pública, los profesionales no hablen de los derechos del perjudicado. Un paciente es hoy un ser desprotegido, virtualmente indefenso, no sólo por las características del sistema; angustiado por su padecimiento, casi siempre recibe menos información de la que necesita, va de aquí para allá sin entender y observa, mientras puede, de qué modo a su alrededor hay decenas de actos, chicos y grandes, de los cuales depende su vida y sobre los que carece de control. Muchas veces sale bien; algunas veces -hoy parecen excesivas-, sale mal. Da para pensar.
La respuesta no es el corporativismo. No sólo por lo dicho; tampoco lo es porque los únicos que no pueden escudarse en él son, precisamente, los pacientes. *
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