Lo descrito en este estudio imaginario no es una ficción, es una experiencia histórica ya vivida por varios países europeos

Uruguay: despegue inmediato

Imaginemos por un momento lo imposible. Manaña de manaña, recién llegado en un avión privado, el actual presidente de la Unión Europea y un conjunto de altos dignatarios continentales, se apersonan en la residencia de Suárez, golpean el despacho del jerarca máximo uruguayo y le informan:

«Estimado Tabaré, por razones que no vienen al caso, hemos decidido ofrecerle al Uruguay la oportunidad de sumarse a la Unión Europea, con todos los privilegios. Si no se molesta y si su decisión es positiva, desde la medianoche de hoy empezaría a circular el euro como moneda oficial uruguaya».

El oriental, sorprendido al extremo, les respondería: «Discúlpenme, pero esto me agarra un poco desprevenido. Déjenme organizar una reunión con mis ministros y les contesto enseguida. ¿Dónde se están quedando, en el Sheraton?».

Lo que sigue es una reseña imaginaria de lo que debería hacer Uruguay en conjunto, si tuviese que decidir repentinamente su integración a una comunidad de países ricos, en este caso, la Unión Europea. En forma inmediata el gobierno debería abrazar o matar las oportunidades que se le presentarían. No habría medias tintas, ni segundas chances.

Europa es hoy un continente dinámico y cambiante, con tremendas pujas entre capitales financieros, trabajadores, inmigrantes, empresarios, políticos, prostitutas y ‘fiolos’, además de la clásica visión turística que se vende en las agencias de viajes de Montevideo, caracterizadas por la torre Eiffel y el Big Ben.

Ajústense los cinturones y prepárense para la partida. El vuelo imaginario va a ser una montaña rusa gigante. Uruguay: despegue inmediato.

Según la experiencia reciente de varios países que ingresaron a la comunidad europea, hay dos factores sobre los cuales la presión es más evidente: tiempo y simultaneidad.

La preparación de un país para ingresar debe ser organizada dentro de un período de tiempo limitado. Esto implica que medidas estatales y privadas deben ser ejecutadas en forma simultánea. Sin estos dos factores, la chance del país está destinada al fracaso.

 

Aparato financiero: Uruguay posee una estructura bancaria y financiera bien desarrollada para su medio, pero no podría competir con los grandes países europeos en su actual condición. La única opción sería aumentar la eficiencia financiera y promocionar un programa de captación y movilización de capitales en forma agresiva y sin titubeos. Las limitantes serían el gasto inflacionario y la responsabilidad fiscal. El lema: captar o morir.

Sector Servicios: El gobierno promovería la rápida formación de empresas pequeñas y medianas para apoyar la incipiente movilización. Energizados por la llegada de las primeras inversiones, se promocionaría un mercado de servicios comerciales internos liderados por pequeños empresarios locales y extranjeros. Entre ellos, computación, construcción, transporte, catering y comunicación. Los pequeños empresarios serían el motor económico nacional, empleando asistentes, conductores, limpiadores, programadores, vendedores, diseñadores, cocineros y administradores.

Industria alimenticia: Con mercados asegurados y ventas continentales agresivas, Uruguay obtendría apoyo estatal para mejorar su producción y colocar excesos alimenticios de todo tipo en el exterior. El aumento de la producción traería una sicología positiva en la población, animando la pequeña inversión privada. Se emplearía más gente en el campo y granjas, con buenos salarios.

Transporte: El despegue moderado de las industrias bancarias, financieras y alimenticias traería aparejada una necesidad de transportar más productos, equipos y gente. El movimiento de empleados rurales y urbanos demandaría un transporte colectivo más numeroso y eficiente, aumentando la demanda de trabajadores en el sector.

Turismo y espectáculos: Con un movimiento económico acentuado, nacería una industria turística de doce meses. Residentes en ciudades extranjeras limítrofes viajarían a Montevideo, Punta del Este y Colonia para ver murgas, teatro, candombe, arte y fútbol. El talento profesional uruguayo alcanzaría fama continental, obteniendo buena paga todo el año.

Socialismo: Cobraría fuerza un enfoque socialista donde el reto sería crear mecanismos de trabajo solidario, ahorro y justicia social, pero con una economía de mercado eficiente y responsable, como ya acontece en Europa. Se crearía un sistema de meritocracia y de movilización social para favorecer a los adultos desposeídos y a los jóvenes sin dinero.

Capitalismo: El capital inteligente precisa de un país seguro y legal para trabajar. El capital salvaje sería obligado a controlarse con mecanismos especiales o multas. Inspecciones tributarias mantendrían bajo control la natural tendencia del capitalismo a desbocarse. El capital golondrina sería tentado a invertir con un sistema inteligente de palo y zanahoria. Monopolios, mafias, evasión de impuestos, corrupción, negligencia y nepotismo serían combatidos con todo el peso de la ley democrática.

La nueva entelequia: Orgullo por un país con justicia social, cuidado del medio ambiente, profesionalismo laboral y erradicación de las villas miserias, reemplazaría los actuales monopolios y la inmovilidad social. El fútbol, teatro, arte, capacidad laboral y eficiencia estatal serían la envidia del mundo.

Lo descrito en este estudio imaginario no es una ficción. Es una experiencia histórica ya vivida por varios países europeos. El reto para Uruguay es hacerlo solos, sin ayuda de nadie.

Las presiones de tiempo y simultaneidad deberían ser las mismas. No pertenecemos a la Unión Europea, pero sí pertenecemos al resto del mundo. *

(*) Corresponsal en Londres

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