Escrito por: ANTONIO PIPPO
Según Tolstoi, la historia se hace a sà misma, obedeciendo a sus propias leyes, que siguen siendo oscuras para el hombre: las circunstancias obligan “a cada uno (…) a colaborar, aun cuando persiga objetivos personales, en un único y grandioso resultado del que nadie (…) tenÃa la menor idea”.
Acerca de esa concepción de la historia, Kundera ha dicho que el hombre avanza como en la niebla: “En la oscuridad no se ve nada, se es ciego, se depende de otros; en la niebla se es libre”. Aunque no se vea todo, ni con absoluta claridad.
Si es asÃ, y hoy estoy convencido, parece indispensable que los hombres ungidos de liderazgo sean capaces de entender que caminan en la niebla y dependen de las circunstancias. Sólo asà se harán aptos para la construcción del futuro, o de parte de él, aceptando que son apenas partÃculas de aquella compleja trama de la historia de la que hablaba Tolstoi.
Un presidente es un lÃder. Especialmente si ha llegado con el apoyo de una mayorÃa absoluta. ¿Y qué pasa si ese lÃder está en la punta de una pirámide que, hasta el cimiento mismo, es una suerte de heterogeneidad proteica? Puede haber riesgos. Que la niebla en la que avanza se le haga tan espesa que lo desoriente; y que la desorientación lo empuje al autoritarismo y la soberbia.
Imprevistamente, una breve frase del presidente Vázquez, respondiendo al “New York Times” que lo entrevistó interesado en su profesión médica, ha caÃdo en esta cuestión, al menos para mÃ, como un limpiaparabrisas: “Por mi entrenamiento ideológico y médico estoy habituado a decir que la vida es adaptación y simbiosis”.
Nada de banal tiene esta confesión. No hay dos acepciones de simbiosis: “asociación de individuos de diferentes especies que sacan provecho de la vida en común”.
Y a nadie escapa el valor de la adaptación en la dinámica vida polÃtica contemporánea; sobre todo si admitimos que, desde la cúspide a la base, aquà no hay sino simbiontes.
Asà que el hombre la tiene clara, muy clara. *
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