Con el recuerdo aún fresco de los errores de la inteligencia británica, la advertencia fue recibida entre dudas y certezas

Scotland Yard: "El peligro es real, presente y mortífero"

El 10 de agosto pasado el mundo se conmocionó por el arresto masivo de un grupo terrorista islámico londinense, que planeaba un ataque coordinado «de proporciones inimaginables» sobre la capital inglesa y sus aeropuertos, según la policía inglesa.

Casi dos semanas habían pasado desde el día del arresto y lo único que la policía pedía a la justicia, era más tiempo para seguir interrogando e investigando a los presuntos culpables. Mucha gente en Inglaterra empezaba a ponerse nerviosa por la falta de claros cargos imputables a los arrestados. Hasta hoy, el país y el mundo habían puesto toda su confianza sobre Scotland Yard y los servicios de seguridad. Cada día que pasaba, esa apuesta doblaba su pago.

El lunes de mañana en Londres, circuló la noticia de que los abogados de uno de los arrestados iniciaría un juicio de hábeas corpus en contra de la policía. Ante la posibilidad de que el frente común empezase a resquebrajarse, finalmente las autoridades policíacas británicas decidieron presentar cargos formales, basados en las evidencias descubiertas hasta la fecha.

En una dramática conferencia de prensa llevada a cabo en Scotland Yard, la policía inglesa decidió poner las cartas sobre la mesa. Presentaron al mundo los primeros detalles de complot internacional que amenazaba derribar 10 aviones cargados de pasajeros sobre Londres. El plan consistía en explotar bombas líquidas fabricadas por los terroristas dentro del avión mismo, haciendo uso combinado de elementos químicos que individualmente no despertarían la sospecha de los cinturones de seguridad de los aeropuertos ingleses.

«Hemos presentado cargos formales de conspiración para matar contra ocho sospechosos terroristas. Hemos presentado cargos de posesión de elementos útiles para un acto terrorista, contra otros tres sospechosos. El resto, 11 individuos, permanecen bajo arresto sin juicio, según las normas legales vigentes, hasta que decidamos si hay cargos imputables contra ellos», dijo en la conferencia de prensa sin preguntas el jefe absoluto de la investigación anti-terrorista de Scotland Yard, el inspector de policía Peter Clarke. Todos los imputados tienen nombres islámicos.

«Tenemos material en video y de audio efectuado en forma oculta, sobre las actividades del grupo en cuestión. Hemos encontrado material químico de posible uso en explosivos. Hemos encontrado varios «videos de mártires» hechos por los arrestados. Hemos encontrado una valija con todos los materiales necesarios para armar un artefacto explosivo», continuó Clarke.

En la segunda parte de la conferencia de prensa, el inspector enumeró detalles de la investigación: «Tenemos en nuestro poder 400 computadoras, 200 celulares, 8.000 medios de retención de datos, incluyendo CD, DVD y memorias portátiles. Hemos obtenido más de 6.000 gigas de información contenida en discos duros. Hemos allanado 69 residencias, incluyendo casas, apartamentos, negocios, terrenos baldíos y parques. Tenemos huellas dactilares, DNA y todo tipo de información forense que tenemos que cotejar y agrupar».

Crípticamente, Peter Clarke concluyó la presentación de la noticia con el siguiente comentario: «No vamos a discutir las causas o el porqué del reto terrorista. Lo que queremos es recalcar que el peligro es real, presente, mortífero y de larga duración».

Según parece, la policía inglesa, finalmente, descubrió la pista que desbarataba uno de los complots más devastadores de la historia terrorista internacional moderna. Según el anuncio inicial hace dos semanas, «que haría empalidecer a Setiembre 11″.

Pero las críticas al accionar de las fuerzas de seguridad inglesas empezaban a sentirse. En primer lugar, periodistas apostados en Pakistán informaban que el presunto cabecilla de Al Qaeda, el famoso hombre-orquesta del complot, un tal Rauf, no sería más que una exageración de la policía paquistana. Mientras que en Londres, los grupos protectores de libertades individuales y hasta importantes representantes de la jurisprudencia local, empezaban a sospechar de que el presunto complot no sería tan grande como inicialmente se había informado.

Muy frescos en la memoria están recientes errores de la inteligencia británica, como las armas de destrucción masiva en Irak, la ejecución sumaria del brasilero Menezes y el allanamiento violento de una residencia familiar londinense. Estos habían sido solamente los mas claros yerros recientes de las autoridades inglesas. Mucha gente empezaba a sospechar de que el complot aéreo no fuese sino otra falla de interpretación oficial.

Por esta razón, se organizó la presentación dramática de los cargos y evidencias encontradas. El fin era político, además de puramente policial. Es indudable que Gran Bretaña hoy está en pie de guerra mundial.

Por su experiencia histórica, el Reino Unido es un ferviente creyente, a priori, de la honestidad policíaca. Es uno de los grandes pilares sobre los que se apoya la sociedad, el gobierno y el «establishment» gubernamental y monárquico. Por ahora, no queda más remedio que seguir creyéndole a la policía, a la espera de un juicio que encuentre culpables a todos los arrestados. Mientras tanto, la investigación continúa. *

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