Capaces de fortalecer a quien los consume, los alimentos "probióticos" ganan mercado
A mediados de la década de 1990, las naciones industrializadas incorporaban a su mercado lo que denominaron popularmente «superalimentos», y los técnicos denominaban «productos probióticos».
Originalmente incluidos dentro de una gama de alimentos medicamentosos, eran recomendados para pacientes con deficiencias inmunológicas severas. Pero los científicos que estudian la dieta humana, descubrieron rápidamente que los beneficios eran apreciables también en personas sanas. Quienes los consumían tenían una mayor producción y síntesis de vitaminas, padecían menos infecciones, e incluso tras algunos años había evidencias de una menor tasa de cáncer entre los consumidores.
En la lista de alimentos probióticos, los primeros que tuvieron aditivos fueron los yogures y algunas leches especiales. Es que genéricamente los probióticos parten de algo similar a lo que ocurre en el yogurt: tienen alta concentración de bacterias. Ahora bien, en lugar de ser una o dos variedades, destinadas al procesamiento de la lactosa, como el caso del yogurt, los probióticos emplean una gama bastante más amplia y concentrada de bacterias, todas específicas, que han demostrado en laboratorio capacidad de disminuir el riesgo de algunas patologías y en otras fomentar elementos catalogados como positivos para la salud humana.
Los productos ingeridos, llegan al tracto intestinal sin ser afectadas por los ácidos estomacales, y una vez en el intestino grueso, se instalan y reproducen con efectos beneficiosos diversos. Desde la disminución de las diarreas, principalmente las infantiles, pasando por la reducción de los niveles de colesterol en sangre, entre los adultos, y estimulando los sistemas inmunológicos con efectos antitumorales, en edades avanzadas, los superalimentos buscan ahora triunfar en un área todavía compleja para desarrollarlos: su precio.
Es que los bioalimentos aparecen saturados por bacterias cuya producción requieren condiciones bastante más complejas que las empleadas hasta ahora en alimentación. Surgidas de laboratorios del primer mundo, su stock está comercializado de antemano a los fabricantes alimentarios, que manejan los precios; todo indica no obstante que en breve será posible hacer caer estos valores, actualmente altos en los lácteos básicos y más caros cuanto más complejo sea el alimento (quesos, etc.) Precisamente en Argentina, acaba de anunciar su Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, la primera generación de bacterias probióticas nacionales, con la que ya se experimenta a nivel de quesería, para producir el «primer queso probiótico latinoamericano», según anunciaron.
Uruguay, en tanto
En nuestro país mientras se aguarda la llegada de estos adelantos, el gobierno implementa para antes de culminar este año, la inclusión de agregados a lácteos y farináceos, a fin de disminuir importantes patologías de nuestra población infantil.
Tras que estudios del MSP reveláran que hasta el 56% de niños en barrios periféricos capitalinos, presentaban anemia por carencia de hierro, se dispuso la fortificación de la leche tanto líquida como en polvo.
El segundo artículo aditivado con fines sanitarios este año es la harina. Las malformaciones del tubo neural en la infancia, alcanzan altos índices entre la población infantil, es una de las más caras en su tratamiento, pero a su vez de las más baratas en su prevención.
Agregando ácido fólico a las harinas, los casos de espina bífida entre otras patologías de igual gravedad, han disminuido hasta un 70% en las poblaciones así tratadas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad