Tiene la palabra
Reflexión sobre los dichos del presidente Vázquez acerca del abuso de la información
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* «No basta con explicar para comprender (…) – enfatiza en una de sus obras el filósofo Edgar Morin – Explicar es utilizar todos los medios objetivos de conocimiento, insuficientes para comprender el ser subjetivo. La comprensión humana nos llega cuando sentimos y concebimos a los humanos en tanto sujetos. Ella nos vuelve abiertos a sus sufrimientos y sus alegrías; nos permite reconocer en los demás los mecanismos egocéntricos de autojustificación que están en nosotros, así como las retroacciones positivas (en el sentido cibernético del término) que hacen que las discusiones más mínimas degeneren en conflictos inexpiables. A partir de la comprensión es posible luchar contra el odio y la exclusión».
A esto creo que Tabaré Vázquez hacía referencia el pasado 27 de junio ante los medios de prensa, refiriéndose a cómo ellos mismos hacen muchas veces uso y abuso de la información.
Lo principal cuestionado aquí fue: hay que hacer explícita la postura política-subjetiva o de cualquier índole, como el marco desde donde construyo y elaboro la gran parte de los discursos, y fundamentalmente, el «recipiente» o molde en el cual presento la información.
Pues sí, desde Bacon a nuestros días, es bien sabido que el conocimiento, tanto en sus conceptos teóricos como en sus fines prácticos, dista mucho de encontrarse recubierto por una aureola acrítica, neutral y desinteresada que intenta como fin exclusivo ejercer una descripción objetiva y aséptica de la realidad. «El conocimiento es poder», mencionaba el filósofo moderno. ¡Acaso los medios de comunicación tienen la jactancia de pretender escaparse a ello!
Entonces, reitero, el punto medular del discurso argumentativo de Vázquez a favor de esta consigna (desocultar mecanismos-estrategias-funcionamientos internos, implícitos en la transmisión de información) no fue reducir o limitar la libertad de expresión, ni siquiera fue la de ponderar la necesidad de una mayor diversidad de opiniones y tendencias.
Simplemente se limitó a indicar cómo los medios citados en cuestión (las generalizaciones son odiosas e injustas) contribuían como agentes sociales que son, a «moldear» las opiniones, ideas y cosmovisiones, en general, de la gente. Y esto viene de suyo con la subjetividad humana, con sus tendencias políticas e ideológicas, con sus finalidades y proyectos en la vida, que muy legítimas son y deberían seguir siéndolo, aún cuando se opongan a las del gobierno de la nación. Este no es el problema, el que estos medios ejercidos por y a través de seres humanos de carne y hueso «contaminen» en un sentido tanto negativo como positivo nuestras ya formadas y deformadas mentes (desde un enfoque «cultural»).
El problema es y seguirá siéndolo (si los seres humanos, y en este caso, los actores involucrados en los medios de comunicación, no se proponen revertir en parte esta situación) el no reconocer o hacer explícito que toda información es emitida y recepcionada desde una percepción de mundo que pretende erigirse como traducción reconstructora, lo que implica indefectiblemente que ningún conocimiento puede lograrse sin interpretación.
Por lo tanto, a lo que el Presidente alude, y que ningún medio de prensa cuestionado ha podido responder con precisión y argumentación adecuada (a mi entender) es: ¿en qué medida el periodismo puede «avanzar» en el desocultamiento de sus propios intereses y dejar de autojustificarlos a través de la prensa como chivo emisario?; ¿cómo fomentar la transparencia de las «bases» de la información (en la medida de lo posible) en detrimento de una mayor tolerancia, amplitud ideológica y crítica de la información y en desmedro de la deformación ideológica y la exclusión?
No olvidemos que la mayor parte de los mentados «ocultamientos» se hacen con el fin de preservar la tranquilidad de espíritu, y por supuesto, las reglas de juego. Pero en este caso, el propio Presidente argumentó a favor de dicha tranquilidad, creámosle o no, pero es su palabra, su compromiso… Entonces, ¿por qué los medios no emprenden el que les corresponde?
Como decía Montaigne: «Vale más una cabeza bien puesta que una repleta».
El sentido es claro: «una cabeza repleta» es aquella en la que el saber se ha acumulado, apilado, y no dispone de un principio organizativo y selectivo.
«Una cabeza bien puesta» apunta a saber plantear y analizar los problemas, y vincular los sabores de forma lúcida y coherente, y principalmente… no retiene de las informaciones y críticas sólo las que confirma y la hacen inteligible, sino aquellas que la obligan a proseguir en la dialéctica eterna de la vida y asumir el compromiso que ello implica.
P.D. Perdón si adolezco de vicio profesional e intento buscar aquí «el justo medio». Me excuso diciendo que algún equilibrio a este mundo, de vez en cuando, es deseable intentar darle.
PROF. LAURA COUSILLAS – C.I. 3.962.960-9
A los correctores uruguayos y al Ministerio de Educación y Cultura
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Llamado a los correctores uruguayos interesados en firmar una petición, ante el Ministerio de Educación y Cultura, por la expedición de un título de idoneidad como corrector de textos (ortotipografía y estilo). A los correctores que quieran unirse en esta solicitud, les ruego hacerme llegar sus datos a mi dirección electrónica: [email protected]
Señor ministro y señores directores generales del Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay, Jorge Brovetto, Luis Garibaldi y Luis Mardones:
Solicitamos la imprescindible ayuda del Ministerio que ustedes dirigen para revertir la situación actual de los correctores uruguayos. A diferencia de lo que ocurre en otros países, incluso de la región (Argentina, por ejemplo), en el Uruguay los correctores de textos –de ortotipografía y de estilo– nos hemos formado de manera autodidacta, por lo que carecemos de un título que nos habilite a cumplir con el trabajo. Nuestra formación básica puede ser la de profesores de idioma español o de literatura, egresados de la Facultad de Humanidades o de disciplinas diferentes. Esta carencia de título es un serio escollo a la hora de conseguir el reconocimiento de nuestra tarea en el país y, muy especialmente, para trabajar con clientes del exterior. Asimismo, oculta las diferencias entre proveedores bien formados y proveedores improvisados. El país cuenta con buenos correctores que hacen su trabajo con esfuerzo, actualizándose permanentemente, comprando bibliografía que no se distribuye en el país y consultando las listas electrónicas internacionales de especialistas en el lenguaje.
Nos atrevemos a presentarles una sugerencia: estos correctores capacitados podrían expedir un título de idoneidad como corrector de textos, de ortotipografía y de estilo, luego de examinar los conocimientos y las fuentes de consulta de los interesados. Si el Ministerio así lo dispusiera, también conocemos especialistas e instituciones argentinos y españoles a quienes recurrir, plenamente capacitados para otorgar esta acreditación.
Agradecemos la atención a este mensaje y las indicaciones que recibamos de ustedes.
MARIA DEL PILAR CHARGOÃIA PEREZ – C.I. Nº 2.734.472-8 – MONTEVIDEO, URUGUAY. – [email protected]
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