El Palacio del Rey en Teherán
El Palacio de Melat hoy museo en Teherán fue construido por Reza Sha para su hijo Mohamad Reza. La obra comenzó en 1931 y terminó en 1936. Recién dos años después fue habitado por quien luego fuera rey de Irán (tras la abdicación de su padre al trono) y su esposa Farah Diba.
La pareja real pasaba en este palacio solamente los tres meses del verano. El resto del año vivía en el Palacio Niavaral. La construcción que visitamos como parte de nuestra agenda en este país es un impresionante edificio de estilo occidental moderno, rodeado por varias hectáreas de jardines forestados con especies originarias de la región y exóticas y salpicados por increíbles piletas y fuentes de aguas surgentes. Todo ello con el fondo espectacular de las montañas con nieves eternas en sus cumbres.
Este palacio, como otros cercanos que hoy los iraníes visitan con curiosidad algunos y con un profundo interés histórico otros, tiene tras de sí la larga historia de la última dinastía que gobernó Irán, que trataremos en lo posible de relatar en pocas palabras. Porque este palacio es también testimonio de esta historia que, de alguna manera, nos concierne a todos.
La dinastía Pahlavi se instaló en 1925 en Irán y mantuvo el control del gobierno hasta la victoria de la revolución islámica. El 16 de enero de 1979, el Sha Mohamed Reza Pahlavi quien pasaba sus veranos en este palacio salió de Irán y varios meses después falleció en Egipto, abandonado por sus viejos amigos y aliados políticos. Fue el último monarca de su dinastía y de la historia de Irán.
Pero es interesante revisar un poco la historia contemporánea de este país para tratar de comprender a un pueblo y una sociedad distinta a la nuestra, pero no tanto como algunos nos quieren hacer creer.
La vieja guerra
Cuando la tecnología bélica no iba más allá de los sables, las pistolas, algunos rudimentarios fusiles y cañones de acción manual, los guerreros iraníes eran temidos por su ferocidad y valentía. Eran aquellos tiempos donde la guerra la definían los soldados en el campo de batalla, muy distintos a los actuales en los que, un alfeñique con un buen cerebro, puede desde una computadora a miles de kilómetros de distancia del objetivo, decidir el destino de una nación o de una batalla.
Sin embargo cuando los estados europeos desarrollaron recursos tecnológicos y los ingenieros proyectaron armas de gran alcance y eficacia, las reglas de juego en la guerra cambiaron y los aguerridos y feroces guerreros iraníes comprendieron que solamente con sus recursos y valentía de siempre, era imposible enfrentar a los ejércitos occidentales que los amenazaban.
Tanto fue así, que cuando Mohammad Khan de la dinastía Qajar derrotó al poderoso ejército ruso de los Zares en brevísimos enfrentamientos, los iraníes llegaron a sentirse casi invencibles convencidos de que la victoria en la guerra sería siempre un objetivo fácil de lograr.
Diez años después apenas, los rusos con la ayuda del imperio británico, modernizaron su ejército, adoptaron las nuevas tecnologías y estrategias y atacaron nuevamente al ejército iraní, derrotándolo sucesivamente en distintos frentes, tomando luego como botín de guerra parte de su territorio al norte, provincias como Georgia y la actual República de Azerbaiján.
Irán era un pueblo que así como se destacaba por su coraje guerrero, carecía de todo tipo de experiencia política internacional y diplomacia, por lo que apenas los dos grandes imperios se percataron de esta debilidad, lo convirtieron en objetivo colonial imponiéndole condiciones despiadadas. Fue así que en lo interno el gobierno central iraní perdió el control total de la situación y la nación vio la oportunidad de cambiar la autocracia existente por un sistema constitucional, cosa que se materializó en el año 1906.
Pero por la debilidad interna y los intereses de los distintos sectores iraníes que pretendían asegurarse las mayores porciones del poder, la situación por momentos se volvió casi anárquica, al extremo que apenas un año después, en 1907, las dos grandes potencias (Rusia y Gran Bretaña) suscribieron un acuerdo por el cual establecían dos grandes «zonas de influencia» en Irán: la zona norte que estaría bajo «la influencia» rusa (léase control ruso) y la zona sur que terminó gobernada directamente por la corona británica. En los papeles formales sin embargo, Irán mantenía plenamente su independencia y regía aquella Constitución aprobada en 1906.
Cuando en Rusia se produjo la caída de los zares, agobiados por sus propios problemas internos, los rusos se desentendieron de su sector de influencia en el norte iraní. Sin embargo al producirse la revolución bolchevique y con el ascenso de Stalin al poder, nuevamente se estableció el férreo control ruso, (ahora soviético) en primera instancia por la rivalidad de Stalin con los británicos y luego como aliados de ellos.
El ascenso de Reza Khan
Un soldado iraní, Reza Khan, poseedor de un particular talento para ejercer el liderazgo y la organización militar, logró ganarse la confianza y consideración de los oficiales del imperio ruso mientras el ejército iraní estaba supervisado por éstos y ascendió rápidamente de soldado raso a oficial.
Cuando finalmente cae el régimen zarista y triunfa la revolución bolchevique en Rusia, simultáneamente con el abandono de los oficiales rusos de la supervisión del ejército iraní, comenzó a crecer y apreciarse más el valor de Reza Khan como soldado y estratega.
En aquellos años, los agentes del imperio británico se encontraban solos, sin la intromisión rusa disputando el terreno por lo que decidieron apoyar un gobierno central iraní fuerte que coadyuvara en la protección de sus intereses en la industria petrolera.
Sin embargo, Amad Sha, el último de los reyes Qajar no aceptaba la cooperación de su país con el imperio de Su Majestad Británica, pero el Parlamento (el Majlis) que tiempo atrás había sido beneficiado con favores de los señores de la libra esterlina, apareció como un escollo difícil de superar. El apoyo se lo dieron a Reza Khan que gozaba -él sí- de toda la simpatía de los ingleses.
Fue así que en 1921 se tramó un golpe de Estado con la ayuda de un periodista, Seid Zia Odin Tabatabai. Como resultado de ello, éste fue nombrado primer ministro y Reza Khan ministro de Guerra. En poco más de una década Reza Khan ascendió de soldado raso a ministro de Guerra, una carrera difícil de igualar. Poco a poco Reza Khan fue apoderándose del control del gobierno, y el Parlamento decidió finalmente en 1925 deponer a Amad Sha, terminando con las discrepancias que el órgano deliberativo tenía con el Rey. Una Asamblea Constituyente eligió a Reza Khan como el Sha y de esa forma en el año 1925, la Dinastía Pahlavi asentó sus fueros en Irán.
En la segunda guerra mundial, Reza Sha Pahlavi no ocultó a nadie sus simpatías por el Furher y la Alemania nacionalsocialista al extremo de rehusarse a conceder el permiso para que los ejércitos aliados pasaran por territorio iraní para asistir a la Unión Soviética con materiales de guerra que le permitieran mejorar sus defensas contra los invasores alemanes.
Ante la negativa del Sha Pahlavi los aliados decidieron ocupar el territorio iraní y en él permanecieron hasta el final de la guerra. Apenas ocupado el territorio, la corona británica, hábil negociadora en todos aquellos conflictos que pudieran afectar sus intereses económicos, «sugirió» al Reza Khan Sha que abdicara en favor de su hijo Mohamed Re
za.
De todas formas, los británicos, profundamente disgustados con el ex monarca por su traición manifiesta ya que ellos habían sido los que lo habían proyectado políticamente, no aceptaron que se exiliara en Canadá donde él pretendía hacerlo luego de abdicar y en primera instancia lo enviaron a la Isla Mauricio y luego a Sudáfrica donde finalmente falleció en 1944.
El joven Sha
En 1941, con apenas 22 años de edad inició su reinado Mohamed Reza Sha sobre la nación iraní. El había sido el destinatario original del palacio a que nos referimos en esta nota. Las circunstancias por las cuales accedió al trono lo condicionaron desde el principio a desarrollar una política interna afín a los intereses de sus respaldos occidentales, por lo que poco a poco fue transformando a la sociedad iraní imponiendo costumbres y tendencias occidentalizadas. Su reinado en Irán duró 38 años.
El 16 de enero de 1979 abandonó Irán y luego de recibir el desprecio y el abandono de sus viejos aliados y de ser rechazado por varios gobernantes que le denegaron el ingreso a sus países, murió en Egipto, donde finalmente lo acogieron, varios meses después.
Pocos días después, el 1º de febrero llegaba a Teherán de regreso de su exilio el Imán Jomeini. Y la historia de Irán cambió radicalmente. La revolución islámica dio por tierra con una de las monarquías más antiguas de la humanidad. Este palacio que hoy visitamos, es un testimonio de una época, que de acuerdo a lo que hemos narrado, y nos han narrado, ha definido el destino de este país. *
(*) Enviado de LA REPUBLICA a Irán
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