Debido a los altos precios del petróleo vuelve a los primeros lugares

El carbón vuelve

«Al mismo tiempo se nos informa que, para la gran central imprescindible a los efectos de empezar a salir del paso, se está pensando en traer carbón o fuel oil… Pero ese es otro gran tema: el carbón se nos viene encima porque el mundo entero está «volviendo» al carbón, y también se nos quiere venir encima la energía nuclear. Lo vemos el próximo jueves.»

Así terminábamos nuestra columna anterior en base a información proporcionada en la Cámara de Senadores por el Ministro Lepra. Ese era, aparentemente, el plan de UTE: construir una gran central a carbón o fuel oil.

Pero en la misma mañana del jueves pasado tomábamos conocimiento de que un consorcio empresarial siderúrgico brasileño-alemán le proponía al Gobierno una planta generadora de 350MW en base a carbón traído de Sudáfrica o a fuel oil tal como lo informáramos en La República el último viernes.

De cualquier modo y sea como sea, hace ya mucho que debido a los altos precios del petróleo el carbón vuelve a los primeros lugares en materia de combustible para la generación eléctrica.

Según los últimos datos su precio, puesto acá, es nada menos que la mitad de lo que el gas boliviano está pasando a valer en estos días.

Esa es la pesada razón de esta renovada «moda» carbonera que hizo furor en el siglo XIX protagonizando la gran revolución industrial y del transporte.

Brasil amplía sus altos hornos de generación «a carbón» en Candiota (tan cerquita de nuestra frontera) en sociedad con capitales chinos.

Conviene decir, de paso, que existe carbón de las más variadas «especies»: con mayor o menor poder calórico, con distintas denominaciones y con distintas «capacidades» de contaminación no sólo de efecto invernadero, sino también por «lluvias ácidas» (azufre).

En este último sentido el carbón de los yacimientos brasileños de Candiota es de los peores mientras que el de Sudáfrica es de los mejores del mundo por su rendimiento y su escasez de azufre.

En suma, la famosa gran central de ciclo combinado que UTE debió haber construído hace varios lustros para que Uruguay no sufriera las penurias de hoy, podrá ser construída por una empresa siderúrgica privada que en nuestra humilde opinión no sólo mira el negocio acá sino la posibilidad cierta de exportar energía eléctrica a la deficitaria y «tragona» Argentina y al sumidero voraz de Brasil.

El sueño de Jorge Batlle («vendrán los inversores privados a resolvernos los problemas eléctricos») se cumplió muy tarde; no por lo que él creía sino por la simple deserción de UTE. En realidad por obra y gracia de UTE que impidiendo de hecho la inversión privada y variada en energías alternativas y no haciéndola tampoco ella (lo del perro del hortelano…) dejó las puertas de par en par a la inversión privada con el sistema eléctrico uruguayo en «cuidados intensivos».

Muchos son los empresarios privados que ante la ausencia de la UTE no sólo creen que nuestro déficit puede ser fácilmente resuelto sino que Uruguay tiene un marcado destino de exportador neto de energía eléctrica a sus dos grandes vecinos.

El fracaso de UTE ha sido total. Y ha costado muy caro.

A las pérdidas generales que son fáciles de imaginar, debemos agregar las muy concretas que venimos pagando en términos constantes y sonantes: hace unas horas, en oportunidad de informar acerca de la Rendición de Cuentas, Astori rezaba en tono agobiado que los costos crecientes de UTE se tragaron en forma directa cien millones de dólares trabajosamente recaudados (y abonados por el fisco a UTE para taparle el agujero) mas treinta millones de suba en las tarifas que también paga Juan Pueblo cada mes. En realidad, ciento treinta millones que paga Juan Pueblo. Si los cien millones referidos hubieran sido trasladados a las tarifas, éstas habrían aumentado un 25%.

Más de medio Plan de Emergencia; toda la inversión pública propuesta en esta Rendición de Cuentas fueron tragados por la UTE.

Se dirá que con energías alternativas esos costos andarían también altos. Es verdad (aunque muy discutible) pero con dos graves diferencias: la primera, que ese dinero en vez de irse del país en pago de fletes extranjeros de petróleo (o mañana de carbón) se hubiera quedado acá en forma de salarios e insumos nacionales, fuentes de trabajo y aportes a la Seguridad Social y a la DGI. Los hubiera cobrado la gente y la economía nacional.

La segunda diferencia es que hubiéramos ganado independencia, seguridad en el suministro y tecnología para el futuro.

Existe, lo he visto, un extravagante modo de calcular el «precio» del MW (un millón de vatios): la amortización y mantenimiento de la máquina comprada, el crédito a pagar, el combustible y la mano de obra.

Obviamente, en ese tipo de cálculo lo mejor es optar por el combustible mas barato.

El «precio país», o sea, el precio real para la economía y el conjunto de agentes que operan en ella casi nunca se calcula. No entra en consideración la radicación de gente en el campo y en el país; la seguridad de suministro; los salarios y la ocupación, el ahorro en víctimas de la delincuencia, en policías, ni en cárceles, el crecimiento de la economía, el ahorro de divisas…

Eso es lo que hace cualquier empresa mediana. Y Uruguay es también una empresa. Pero grande. Parece que fuéramos un archipiélago de directorios y gerencias independientes; un reino de chacras burocráticas. Un país de anteojeras en el que cada uno acostumbra mirar por el ojo de su propia cerradura.

En el tema de la energía, los ministerios y entes involucrados (transporte, vivienda, industria, economía, trabajo, UTE, Ancap, universidad, etcétera) han padecido (y ojalá no padezcan más) glaucoma agudo.

Con respecto al fuel oil que siempre viene propuesto junto con el carbón porque las máquinas generadoras «a carbón» pueden hacerlo también a fuel oil, tengo a la vista un trabajo realizado a la salida de la dictadura por conspicuos ingenieros de UTE (Gilberto Cian y Pedro Antmann) que demuestra palmariamente, en esa fecha, con aquellos lejanos y añorados precios del petróleo, que la leña, la simple leña de nuestros montes, ya era competitiva y no presentaba, en absoluto, el más mínimo problema técnico. Ese trabajo fue presentado «a estudio» en la UTE hace más de veinte años. Y publicado.

El petróleo hoy ronda los setenta dólares el barril, árboles hay muchos más que antes. El trabajo citado: ¿Estará todavía a estudio? ¿Se habrá traspapelado? ¿Lo habrán olvidado?

Botnia, Ence, y otros inversores privados, como ya dijimos, no se olvidaron. Todo lo contrario. ¿Qué diablos ha pasado en UTE?

Sobre la energía nuclear por ahora solo cabe señalar un éxito y un homenaje: los alimentos que Uruguay exporta deben pasar por un control forzoso de calidad (en especial la leche y los lácteos) referido a su radioactividad. Si el máximo según normas europeas para Uruguay es «10», el nivel de Uruguay es «1» o menos de «1».

Pero en Europa, después de Chernobyl, han debido ser mas flexibles y aceptar medidas de radiación de hasta «1.000». Pero a nosotros nos siguen exigiendo «10». Tal vez ello se deba a que nuestros productos son usados para mezclar con los otros y así bajarles el nivel de «becquerels» (unidad para la medida de la radiación).

En suma: somos un lujo mundial en esa materia. Mejor dicho: nuestros alimentos lo son. Pero ni lo sabemos, ni lo informamos, ni lo aprovechamos. Los demás sí que lo saben.

Debemos agregar ese mérito legítimamente ganado al «marcketing» de nuestro país y al de sus productos
. Mostrárselo a nuestros niños. Porque Uruguay también es una empresa. Pero Grande. *

(*) Senador de la República

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