Por un trato preferencial y diferenciado para los chicos

Mercosur: la oportunidad de Brasil

En julio Brasil asume en Córdoba la presidencia pro témpore del Mercosur. Venezuela se ha incorporado al bloque. El trago amargo de La Haya quizás sea superado, esperemos que sí, en tiempos y por medios no más traumáticos. ¿Habrá cambio de clima y un relanzamiento del proyecto? Brasil tiene la oportunidad para darle el impulso necesario.

En Uruguay buena parte de los actores políticos se han manifestado «de vuelta» con el Mercosur. Algunos nunca lo quisieron. O sólo lo vieron como una coartada contra los monopolios públicos y otros obstáculos al neoliberalismo criollo. Otros, impacientes por su falta de avances, han comenzado a considerarlo como una especie de barrera insoportable que bloquea nuestras posibilidades de inserción internacional. Desde este último punto de vista, el Mercosur nos impediría una política de relacionamiento con el resto del mundo a través de tratados bilaterales, los que se ven como una mejor opción para Uruguay. Así la necesidad de diversificar nuestros vínculos económicos ha puesto en la agenda política los Tratados de Libre Comercio; se concretó uno con México, para lo cual conseguimos la autorización necesaria de nuestros socios regionales, y estaría abierta la negociación sobre un eventual TLC con EEUU.

En otra instancia nos referiremos a esta última cuestión. Por ahora nos basta con advertir que toda negociación internacional de Uruguay debe tener presente al menos tres elementos: las ventajas en las condiciones de acceso a otros mercados, las asimetrías (o debilidad relativa del país pequeño) que una relación económica más profunda conlleva, con los sectores sensibles que es necesario preservar y, en tercer lugar, la compatibilidad con los acuerdos regionales. Insistiremos aquí en particular en las asimetrías, pero advirtiendo que esto vale en todos los casos, en las relaciones regionales y en las extra regionales. Sea con EEUU o China, e incluso con países de mediano porte. El concepto de asimetría siempre debe estar presente, en particular en el Mercosur, pero no solamente para justificar, como se está tramitando en la actualidad, un fondo de convergencia estructural, Focem (Argentina aún no lo ha enviado al Parlamento), que canaliza algunos recursos hacia los más débiles. En forma complementaria otros caminos pueden tener mayor impacto. En especial la profundización y la flexibilización del Mercosur, y el incremento de las inversiones en las economías pequeñas.

 

Profundización, flexibilización e inversiones

La profundización tiene varios caminos. Así, la consolidación de la Unión Aduanera del Mercosur es un objetivo principal de Uruguay y de Paraguay, por sus restringidos mercados internos. Si se logra avanzar en su concreción (que está fijada para fin de 2007), los defensores del Mercosur tendríamos argumentos sólidos en su favor. Una de las vías para ello es adelantar los plazos para la «Eliminación del doble cobro del Arancel Externo Común y distribución de la renta aduanera», que constituye el avance más significativo en la construcción de la Unión Aduanera desde el Protocolo de Ouro Preto (XII/94). Esta decisión abre la posibilidad de otorgar el tratamiento de originarios de nuestro país a los insumos importados de terceros países e incorporados en procesos productivos y productos propios para exportar a la región. Esto es muy importante para los países pequeños, que tienen poca integración vertical  desde la materia prima hasta el producto final- en sus economías. En este año la Comisión de Comercio del Mercosur hizo avances importantes en el Código Aduanero y en la interconexión informática de las aduanas de los cuatro países. Sólo falta resolver el destino de las rentas, en lo que podría haber un acuerdo rápido, si existiera voluntad política.

La flexibilización, por su parte, se impone, y no solamente por y para la ampliación del Mercosur. Como se sabe, Argentina y Brasil priorizaron el bilateralismo por encima de la consolidación del bloque de los mercados internos de los cuatro países. Y afirman que ello no cuestiona el proceso. Pero las economías pequeñas no compartimos esta visión. En lo comercial este bilateralismo se ha expresado en un acuerdo sobre un Mecanismo de Adaptación Competitiva (MAC) que procura la complementación productiva bilateral, incluso la asociación de capitales a nivel de los sectores de la producción. Esto puede significar en el mediano plazo el debilitamiento del Mercosur como mercado para los chicos. El sector automotriz constituye un ejemplo de los posibles problemas del MAC. Uruguay tiene una cuota de 20.000 vehículos y no puede concretar ninguna exportación porque las empresas argentinas y brasileñas, integradas entre sí, prefieren hacer comercio intrafirma. Es necesario llevar el tema a la discusión del bloque regional. Este acuerdo, conveniente para los pactantes, es en gran medida violatorio del espíritu original del Mercosur.

Ante esta situación los países de menor dimensión deben adquirir flexibilidad en las negociaciones externas, porque necesitan mercados más estables y complementarios y para ello deben negociar otros acuerdos comerciales. Uruguay requiere del Mercosur comprensión y atención a las asimetrías existentes. Es necesaria una flexibilización de las normas del tratado, autorizando a los más chicos a negociar con el resto del mundo y no necesariamente con el formato de 4 + 1 tal como rige hoy. En suma, recibir en todos los niveles un trato preferencial y diferenciado.

Con esa meta se requieren planes concretos de complementación productiva, comenzar de una buena vez a articular cadenas de producción, conseguir la inclusión de las empresas de los países pequeños en los programas de compras estatales de los grandes, impulsar asociaciones empresariales, inversiones cruzadas y todo aquello que abra oportunidades hacia la región para el trabajo nacional.

 

Hechos y no discursos

Algunos ejemplos pueden servir de ilustración. Desde la crisis de 2002, dos plantas de ensamblado de vehículos radicadas en Uruguay se trasladaron a Brasil. Este hecho, más el comercio intrafirma argentino-brasileño, provocan que el desequilibrio comercial en el sector sea muy elevado. Es necesario que se invite a Uruguay en las negociaciones bilaterales que están haciendo Argentina y Brasil para decidir un nuevo acuerdo automotriz. El gobierno brasileño podría promover que alguna firma instalada en Brasil ensamble en Uruguay algún modelo de línea corta para su exportación a Brasil y a otros países o que negocie la compra de algún modelo en alguna fábrica ya instalada aquí. Otro ejemplo. La empresa Funsa está buscando una inversión del exterior que le permita realizar una reestructura productiva. Brasil ya está comprando algunos neumáticos para tractores de Funsa. El BNDS tiene operativa una línea de crédito que le permite financiar inversiones de brasileños en el exterior. Esto permitiría que un brasileño pueda participar de un proyecto que productiva y socialmente es muy importante para Uruguay, y el gobierno brasileño podría contribuir en la búsqueda de un interesado que se vinculara al proyecto de rediseño de la planta de neumáticos especializándola en productos que actualmente faltan en Brasil.

Finalmente, así como el Mercosur debe profundizarse y flexibilizarse para permitir su ampliación y atender las asimetrías internas, también necesita apurar el paso. La infraestructura energética y de transporte constituyen buenas oportunidades. En todo lo relativo a la energía hay campo fértil para el avance. Tanto en lo que atañe al gas natural, la prospección de la plataforma continental, las energías alternativas (
en particular el biodiesel y el alcohol), así como en todo el ciclo del negocio petrolero y eléctrico, están dadas las condiciones para concretar una integración estratégica. En lo que hace al transporte, la hidrovía y nuestro sistema de puertos tienen un importante papel a jugar en la región; también están los proyectos del eje vial para la conexión interoceánica, en los que nuestro país debe quedar incluido. En suma, tenemos abiertas todas las posibilidades. Hay que ejercer la voluntad política. Ahora mueve Brasil. *

(*) Senador de la República

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