A los 84 años un murguero de ley volverá de Cuba mirando el paisaje

La "tortura" de vivir en la oscuridad

Teodoro Leguisamo, con sus 84 pirulos a cuestas, abrió a LA REPUBLICA la puerta de su humilde vivienda sobre calle Leandro Gómez, cerca de la cancha de Cerro Oriental en el Barrio San José de Carmelo. «Pase por acá, siga por el pasillo hasta la cocina», dijo luego de presentarse y de pedir disculpas por no ver a este cronista.

Rozando la pared llegó a su silla unos minutos después. «Hasta los ochenta vi bastante bien, pero hace cuatro años que quedé ciego», cuenta. Por su nombre no lo conoce mucha gente, pero sí por su apodo, ya que el popular «Peloduro» Leguisamo viene animando el carnaval de Carmelo desde 1962 cuando salió a la calle con su primer conjunto Los Ultimos Lecheros, una murga que recordaba la vieja pelea de los lecheros contra la leche pasteurizada. Después vendrían Los Candomberos y la Murga Negra hasta que a sus ochenta, las sombras cubrieron en su retina ese espíritu carnavalero que lo hizo famoso.

Leguisamo fue uno de los pacientes que vieron los oftalmólogos cubanos en su visita a Carmelo. «Me atendieron muy bien, me pusieron una linterna en los ojos y vi unos colores. Después le preguntaron a mi hija si estaba enfermo y les dije que no, que no tengo nada, ni pastillas ni remedios tomo. De salud estoy lo más bien les dije. Ahí me dijeron que entonces me iban a llevar a Cuba para volver a ver. Acepté enseguida porque nunca me hubiera podido operar por las mías», remarca.

Leguisamo estaba contentísimo porque tenía una esperanza de volver a ver: «Estoy muy contento y espero volver mirando por la ventanilla del avión», dice en chiste. También está conforme con la atención de los médicos cubanos, pero no se olvidó de lanzar una crítica a la policía. «Resulta que vienen los médicos de Cuba, nos atienden gratis, nos llevan y nos operan gratis pero cuando fue mi hija a buscar el certificado de Buena Conducta para la tramitación, me cobraron 28 pesos. Eso me cayó muy mal», remarcó y enseguida se puso a llorar. «Estoy muy emocionado, no sabe la tortura que es vivir en la oscuridad», dijo.

 

Quintana: volver a trabajar la quinta

Para llegar a lo de Jorge Quintana hay que internarse en la zona suburbana de Carmelo, en un camino vecinal y entrar en una portera a la derecha del camino. Allí bajo el alero de la vivienda, LA REPUBLICA se sentó a charlar la mañana del jueves con otro de los que participarán del viaje a Cuba para recuperar su visión.

Jorge Ronald Quintana trabajó toda su vida en una empresa vitivinícola de la zona, de la que se retiró hace unos años para seguir trabajando en el terrenito que hay detrás de su casa en las afueras de Carmelo, cerca del conocido local bailable «la bailanta de Bartolo».

«Tengo problemas en la vista, cataratas desde el año 2000″, cuenta este hombre de 48 años que dice que no ve «nada con el ojo derecho y se está pasando al ojo izquierdo».

Agrega que por su condición económica le es «imposible» operarse en Uruguay porque no lo puede pagar.

«Les conté la historia a los médicos, me hicieron el estudio y me dijeron que la catarata estaba madura y me preguntaron si quería firmar el papel para viajar. Y unos días me enteré que estaba en la lista de viajes». Quintana hacía quinta pero tuvo que dejar porque «ya no veía nada». Prometió que si recupera la visión va a «volver a trabajar la tierra».

Quintana no olvidó de agradecer «a esta gente que vino a solucionarnos este problema de la vista porque yo soy pobre y no puedo pagarlo particular. Hace años que lucho con la vista». *

 

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