Huracán Buceo y Colón: dos clubes que buscan volver al fútbol para recobrar su identidad
San Martín y Fomento lejos está de ser aquella «esquina del movimiento». La cantina que desbordaba de gente en los bailes tropicales hoy está prácticamente vacía. «Es que las costumbres cambiaron», dice uno de los directivos del Club Colón, para luego afirmar que «los clubes sociales de los barrios ya no existen».
Actualmente la atracción indiscutida de los clubes es el deporte. «Si no ofrecés actividades deportivas es difícil mantenerte en pie», coinciden los cinco dirigentes e hinchas de Colón. «Desde que existe la televisión la gente no viene más al club a socializar con los vecinos», se atreve a asegurar el directivo Vicente Errico.
La clave para captar socios es tener piscina climatizada y clases de gimnasia, «si no tienden a desaparecer los inscriptos». Y en Colón así pasó. En las épocas de oro de los bailes, el orgullo de Colón, había cinco mil socios. Actualmente, los inscriptos que pagan una cuota de 50 pesos por mes (o 400 anuales) suman 110 y los vitalicios 120.
En una recorrida que realizó por la sede, propiedad del club, LA REPUBLICA comprobó que mantenimiento no falta. La sala de musculación, que funciona en la planta superior, la cancha de básquet de parqué y el gimnasio de boxeo están en perfectas condiciones. Y esto se debe a que, frente a la falta de socios propios, el club alquila estos sectores a diferentes instituciones.
El arrendamiento les sirve para mantenerse en pie, pero la directiva busca retomar las actividades propias de Colón, que de a poco se fueron suspendiendo por falta de dinero. Sin dudas, las pérdidas más sentidas por el club fueron el fútbol y el básquet profesional.
El nombre completo (Colón Football Club) lo dice todo: este espacio se fundó el 12 de marzo de 1907 con el objetivo de competir en ese deporte. Y así lo hizo hasta 2004, cuando «por problemas económicos y diferencias con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF)» tuvieron que dejar la división B, en la que habitualmente compitieron.
El estadio de fútbol de este club, ubicado sobre Camino de las Instrucciones y con capacidad para 3.500 personas (1.500 sentadas), se alquila a otro club de fútbol para sus divisiones inferiores y allí practican y juegan los equipos de baby fútbol de Colón, integrados por 120 niños.
El club cumple su centenario el año que viene y los directivos pretenden festejarlo con todo. La meta máxima para celebrar es volver al fútbol profesional, pero el bolsillo no es demasiado abultado como para lograrlo en las actuales condiciones. «Entrar en la divisional B y permanecer un año cuesta 100 mil dólares. Y hoy en día no está ese dinero», dicen los que conocen las cuentas de la institución.
Como la mayoría de los clubes que compiten actualmente en los campeonatos de la AUF, Colón apunta al gerenciamiento externo para ingresar a la B.
Hasta 2004 funcionó con gerenciamiento local, pero la crisis obligó a suspenderlo, señalan. De hecho, el club tiene una deuda de 40 mil dólares desde ese entonces con los jugadores, cuerpo técnico y jueces. Si bien los dirigentes aseguran que la institución está saneada, los ingresos no alcanzan para costear los gastos del deporte más importante del país.
Después de afirmar que «hay más hinchas de Colón de lo que la gente cree», el presidente Héctor Chaine se conforma «con ver la camiseta (roja, verde y blanca) que tanto queremos en el campo de juego».
Volver al fútbol es el deseo máximo, pero las esperanzas también estaban depositadas en el regreso a la liga de básquet. Y eso ya es un hecho. Un grupo de jóvenes, ligados desde siempre con el club por lazos familiares, son los responsables de reanudar este deporte. Y los dirigentes confían en el empuje que esto les dará para seguir adelante con el resto de las metas planteadas.
Viene soplando de la playa…
«Hay que aguantarse que la cosa viene brava; el Huracán viene soplando de la playa. Y ya lo anuncia un barrio entero, ese es el Huracan Buceo». Pocos son los uruguayos que desconocen este cántico y sólo los más jóvenes no recuerdan aquel 13 de octubre de 1968, cuando dos clubes de la B (Huracán Buceo y Bella Vista) colmaron el Estadio Centenario a las 10 de la mañana por el ascenso a Primera División.
Los ojos del presidente del Club Social y Deportivo Huracán Buceo, Mario Migues, brillan cuando relata ese día. «Fue un público jamás igualado porque diez mil personas quedaron afuera del estadio por falta de capacidad. En ese momento todos eran hinchas de Huracán».
Este episodio marcó un antes y un después en el club, creado el 15 de marzo de 1937 por un grupo de jóvenes del barrio y que actualmente funciona en Velsen y Colombes.
La institución «no quiere vivir de recuerdos sino de hechos»; por eso su apuesta más fuerte es volver al fútbol, deporte que se practica desde sus comienzos.
En 1952 el club debutó en la divisional «Extra A» de la AUF y desde ese momento pasó por diferentes divisiones, incluyendo la Primera. Debido a falta de financiamiento y deudas con el plantel, en 2005 la directiva decidió abandonar este deporte. «El club estaba en una grave crisis, llegaba a un pasivo de dos millones de dólares», cuenta Migues.
Cuando Migues asumió en junio del año pasado se propuso dos metas: sanear el club y que la camiseta roja, blanca y negra vuelva a las principales canchas de Uruguay. «Nos queda una deuda de 50 mil dólares con el plantel de 2004, que tenemos que pagar cuando regresemos al fútbol», detalla su titular, quien estima que en «setiembre de este año el cuadro estará nuevamente compitiendo».
Claro que conoce los riesgos que asume. «El fútbol en este país es deficitario. En la B, cuando sos locatario, en lugar de cobrar tenés que pagar porque no alcanza para cubrir los gastos del boletero, la policía, los jueces y demás».
Pero, al igual que Colón, el club tiene casi concretado un acuerdo de gerenciamiento con un grupo económico español. «Los hinchas nos piden que vuelva el fútbol. Es un club con mucha convocatoria. En la época del 68 decían que era un fenómeno social», se agranda el dirigente que se define como «futbolero».
La situación de Huracán está lejos de la de Colón: el club tiene dos mil socios (500 son vitalicios) que abonan una cuota mensual de 795 pesos y tienen acceso a todos los deportes que se practican. Y el movimiento es notorio, sobre todo durante la tarde.
El handball es la vedette del complejo, que funciona en la parte trasera del desaparecido castillo que fue sede del club antes de ser demolido. Este club tiene todo lo que los directivos de Colón consideraron como necesario para sobrevivir a las crisis económicas: gimnasia, piscina, vóley, karate, hidrogimnasia y hasta ajedrez.
Migues no duda al asegurar que el club está saneado y está casi convencido de que el cuadro de sus amores volverá a las canchas. «Primero queremos verlo competir, en forma decorosa, y después empezaremos a pensar en los triunfos».
A pesar de las distancias, Huracán Buceo y Colón tienen mucho en común. Una misma circunstancia adversa los llevó a tener que abandonar ese deporte para el cual fueron creados, y una similar garra los empuja a recuperar esa pasión. *
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