San Cono, hijo de "la vejez y del milagro"
La ciudad de Teggiano -o Diano-, antigua ciudad de Lucania occidental, se yergue sobre una colina de más de 600 metros de altura sobre el nivel del mar, en la Provincia de Salerno, Italia.
Algunos historiadores piensan que fue fundada por los griegos alrededor del siglo VII, antes del nacimiento de Cristo. En esta ciudad, nació a fines del siglo XI San Cono, hijo de la vejez y del milagro. Sus restos descansan, en la Iglesia Catedral de Santa María, siendo ciudadano y protector de Teggiano.
Muy poco se sabe de su familia. Su padre pertenecía a la familia Indelli, de buena situación social y sólida posición económica. Su madre se llamaba Igniva. Ambos de edad avanzada y sin hijos, pedían a Dios la gracia de tener un hijo. Una noche, tuvieron un sueño compartido; les pareció que «brotaba del seno de la madre, una gran llama de extraordinario resplandor». Consultado el cura párroco, sobre el significado de la visión aseguró que Igniva, concebiría y daría a luz un hijo, al que debía poner el nombre de Cono, quien con la santidad de su vida daría gloria a sus padres, y a su pago natal, Teggiano. Meses después de esta visión, un niño llenó la casa de llantos y alegría. Fue bautizado como Cono, a raíz del haz luminoso -con esa forma-, que los padres vieron en el sueño. Sus padres le enseñaron a leer y a escribir. Cuenta la leyenda que a los dieciocho años, la noche del 2 de junio, una gran luz iluminó el refectorio y se oyó una voz que decía «Cono esta noche serás llamado por Dios». Al alba del 3 de junio, al principio del siglo doce, dejó de existir. Fue beatificado por el Papa Sixto V -1585 – 1590-, y canonizado por el Papa Pio IX el 27 de abril de 1872. En la ciudad de Florida existía una numerosa colectividad italiana proveniente de Teggiano; era natural que desearan tener una imagen de San Cono, nativo de la misma región y Patrón de Teggiano. Blás Aloy, Miguel Dalto y otros compañeros decidieron levantar una modesta capilla en el mismo corazón de la barriada donde vivían. Cuando llegó la imagen desde Italia, la capilla estaba aún en construcción y por tal motivo Blás Aloy la guardó en su propia casa. Posteriormente, la imagen del santo fue trasladada al Colegio Nuestra Señora del Huerto -sus hermanas también eran italianas-, donde se le viste según la costumbre de su país. El 3 de junio de 1885, las modestas campanas anuncian jubilosamente, la salida de la primera procesión que se realizó en la ciudad en honor a San Cono. *
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