En la memoria colectiva

En mi familia siempre contaban que muchas veces habían comido gracias a él. Troitiño los ayudaba. Ese era él, ese Adrián Troitiño que ustedes quieren recordar. Un tipo bueno», dice Domingo Serra, nieto de canillitas.

La nieta de Adrián, Hebe Troitiño, tambièn conserva esa imagen de su abuelo.» Lo conocí como un hombre generoso, solidario, siempre dispuesto a darle una mano a quien precisaba ayuda».

Abierto, consecuente con sus ideas, Adrián vivió como querían que vivieran todos y todas Soñaba con un mundo donde las personas estuvieran hermanadas y aplicó esa idea en cada acto, en todas las situaciones.

La fundación del sindicato de los canillas no fue ajena a esa manera de ser. El investigador social Mario Pizzerno dice:

«Adrían Troitiño fundó una hermandad. Eso fue el sindicato que construyó. Una hermandad de pobres. Troitiño sentó las bases de una organización con la que quería desarrollar un nuevo tipo de relaciones humanas. Su ideal libertario estaba presente en ese propósito, en esa búsqueda. Por supuesto que la defensa de los trabajadores era el cometido puntual del sindicato, pero Troitiño fue mucho más allá»

Pizzerno sostiene que Adrián no sólo fue un líder sindical importante, un luchador indoblegable. «Fue, y a mi modo de ver más que nada, un hombre que con el sindicato de canillitas tuvo la oportunidad de construir un modelo de asocaiòn humana distinta y antagónica al sistema basado en el individualismo, el egoísmo y el interés personal», afirma.

Esas son las razones que explican el enorme arraigo de Adrián en el movimiento obrero uruguayo y el respeto y la admiración que aùn hoy merece su trayectoria, señala Pizzerno.

«Pensemos en un hombre perseguido por sus ideas que llega a Uruguay dispuesto a continuar con su militancia social, sindical y política. Pensemos que ese hombre deja de lado sus intereses personales, como siempre lo había hecho, para retomar aquí la luchan que estuvo a punto de costarle la vida en Argentina. Eso ya le gana el respeto de todos. Pero además ese hombre se revela como un ser humano formidable, un amigo leal, un practicante convencido de la solidaridad, de esa hermandad que quería para el mundo al que aspiraba. La conclusión es obvia: ese hombre recibe más que respeto. Recibe admiración, porque remueve muchas cosas en la mente y en el corazón de las personas. Y hombres de esa madera simpre permanecen en la memoria colectiva. Por eso después de tanto tiempo Troitiño es un referente ineludible para todos los que quieren ese mundo posible por el que tanto luchó y al que entregó su vida», afirma Pizzerno.

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