La herencia de Adrián
Valores, rectitud, principios, ideas y valor para defenderlas, sed de justicia. Esa es el gran tesoro que Adrián dejó a sus descendientes. De esa herencia familiar se enorgullece la abogada Hebe Martínez Burle, bisnieta de Adrían. » Eso es lo que me dado mi familia», dice. Y no es casual que ella esté librando, desde hace muchos años y contra viento y marea, una tenaz batalla para que reciban el castigo que se merecen quienes, con o sin uniforme, violaron los derechos humanos.
Tampoco es casual que esta abogada valiente profese un olímpico desprecio por la fama y los bienes materiales. Esa es la escuela de Adrían, un hombre que jamás buscó la celebridad y despreció al dinero.
«Nunca pidió nada para él. Siempre fue un tipo que peleó por sus compañeros y jamás recurrió al autobombo», dice Ernesto Miguez, un ex canillita.
Sólo es necesario hablar con las dos Hebe para descubrir hasta qué punto ambas han recogido y asumido el fermental ejemplo de vida que Adrían dejó.
Y no olvidemos la firmeza, la voluntad férrea, el espíritu de lucha. De ese arsenal se nutrío Adrián para unir a los canillitas en un sindicato cuando hacerlo era, en opinión de muchos, una misión casi imposible.
Pero Adrían lo hizo. Esquina por esquina, barrio por barrio, reclutó a sus primeros colaboradores, a los que estuvieron dispuestos a compartir la formidable tarea. Ese puñado de pioneros desparramó la noticia y poco a poco otros se sumaron al grupo.
Así Adrián fue convenciendo, nucleando, enseñando, organizando. Y así, de ese esfuerzo sin pausas, nació el sindicato, el arma que los canillitas no habían tenido hasta que Adrián apareció en este Montevideo que le dio refugio.
Muchos otros en su lugar hubieran privilegiado su propia vida. Tras la dura experiencia argentina, Adrián podría haber vivido para él y sólo para él en la tranquilidad de un país que le daba garantías y posibilidades. Pero Adrián no tomó ese camino. Estaba hecho para la lucha. Y tan pronto se radicó aquí la defensa de los derechos de los trabajadores fue, como antes, como siempre, la razón de su vida.
La caja de auxilio del sindicato fue una de las grandes conquistas de Adrian. Miguez relata:
«En aquella época los canillitas no tenían nada. Eran un sector olvidado. Salían a vender los diarios en las peores condiciones, luchando contra el frío, la lluvia, lo que viniera. Sabían que si se enfermaban nadie los iba a ayudar. Y tampoco nadie los iba a respaldar si les surgía un problema de esos que sólo con dinero se pueden resolver. Entonces Troitiño creó la Caja de Auxilio y todo empezó a cambiar. Fue una gran ayuda para los canillas, una seguridad, ¿me entiende? Con el sindicato y la caja, con el reconocimiento de sus derechos, los canillitas empezaron a vivir de otra manera porque tenían lo que nunca habían tenido. Y si se logró eso fue gracias a Troitiño. Los que vinimos después también le debemos eso a Troitiño. Sin lo que él hizo, sin lo que él nos dejó, hoy estaríamos sin defensa, como antes. Cuando hablo con mis hijos sobre estos temas les dijo que el gallego fue un tipo bárbaro, un fuera de serie. Más que un dirigente sindical fue un amigo, un hermano de cada uno de los canillas. Si ahora uno se pone a pensar, lo que saca en limpio es eso. Este gremio nuestro tuvo la enorme suerte de que el gallego viniera a Montevideo cuando lo echaron de Argentina. Creo que Uruguay y los trabajadores necesitan muchos hombres como Troitiño. Muchos que como él quieran a sus hermanos de clase, a la gente que se rompe el alma laburando para tener una vida mejor, para que su familia pase bien, para que sus hijos puedan estudiar.
Esa es la enseñanza que nos dejó el gallego. Y hay que aprovecharla, hay que aprender de él, de lo que hizo, de lo que pensaba, de cómo vivió. Eso es lo que siempre les dije a mis hijos. Yo tengo en el living una foto de él, recortada de un diario, se las muestro a mis hijos y les digo que tienen que aprender de él. Les digo lo mismo que ahora le digo a usted: que ese gallego bueno como el pan nos dejó a todos lo mejor que un hombre puede dejar.¿Sabe qué es? No es guita ni nada de eso. Lo que nos dejó es la fuerza para pelear para que se haga justicia. Y eso es lo más grande que hay».
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